martes, 2 de diciembre de 2008

Acción de guerra

Esta vez, Bombay: el yihadismo realiza el gran atentado que se esperaba

"Consideramos que los ataques terroristas en Bombay son una acción de guerra y afrontamos la situación como si fuera un estado de guerra", declaró el ministro del Interior, Sriprakash Jaiswal, después de que varios atentados coordinados en Bombay causaran al menos 101 muertos y más de 280 heridos. Fuerzas policiales mantienen rodeados dos lujosos hoteles donde hombres armados mantienen en su poder a decenas de rehenes.

Estos ataques terroristas de Bombay por su complejidad y gravedad tiene la dimensión internacional de otras acciones terroristas de gran impacto, como el 11-S o el 11-M., aunque la lejanía reduzca su impacto en la opinión pública europea. Es la más espectacular acción del yihadismo en los últimos tres años. Se temía por una acción en Occidente, se hablaba del transporte público neyorquino. Pero la internacional islamista ha actuado donde no se esperaba, al Este, y ha demostrado una vez más que la última tanda de análisis dándola por vencida o moribunda, era nuevamente errónea. En la cuarta guerra mundial que han declarado no hay frentes claros ni combates prolongados: hay golpes puntuales que pueden tardar años con los que se apuntala el proceso de avance sostenido a lo largo y ancho del Islam.

El grupo que ha llevado a cabo la acción se autodenomina Los Muyahidin del Deccam. Hasta el momento no existía ninguna organización yihadista con este nombre. El empleo de nombres creados ad hoc es una práctica frecuente de las organizaciones yihadistas que orbitan dentro del universo ideológico de Al Qaeda. Lo más probable es que los asaltantes hayan sido organizados desde las bases yihadistas de Pakistán.

Cada vez que los gobiernos indio y paquistaní se aproximan a una solución pacífica del conflicto de Cachemira, el terrorismo golpea. Sus bases regionales son de gran ferocidad y han causado 60.000 muertos desde 1989, el balance más sangriento del islamismo violento después del argelino. Pero sus golpes no tienen nada de irracionales, sino siempre dentro de una táctica y estrategia bien cuidada.

Según Massimo Introvigne, un entendido de fiar en la materia, a finales de los años ochenta Osama Bin Laden decidió personalmente abrir el frrente de Khasmir después de décadas desactivado. Durante los años noventa Al Qaeda infiltró 'millares de brigadistas', mientras construía lazos estables con las mafias indias. En 1993 hubo un atentado en Mumbai con 250 muertos que fue considerado una advertencia a la policía por interesarse demasiado en los asuntos de uno de los grandes padrinos mafiosos del país, Abu Salem, capturado en 1995 en Lisboa con documentos que demostraban la colaboración de un alto dirigente alqaedista, Abu Hufeza, proporcionando agentes y explosivos para ese atentado, aprobado personalmente por el emir Osama.

Volviendo al atentado de ayer, presenta características propias de una operación de guerrilla urbana en la que un grupo armado ataca varios objetivos de forma rápida y directa utilizando la sorpresa y la movilidad como elementos determinantes. Con toda claridad el objetivo inmediato del ataque consistiría en generar caos, terror social y lograr la atención mediática internacional mediante el secuestro de occidentales. Se desconoce el número exacto de participantes pero con toda seguridad han sido varias decenas de individuos dispuestos a morir o a ser detenidos. Lo cual constituye un indicio claro del alto nivel de profesionalidad y recursos con que ha contado la organización. La infiltración exitosa por mar de los individuos y del armamento es otra prueba más del alto nivel de planificación y capacidades del grupo, según unas primeras valoraciones de los expertos Javier Jordán, José Antonio Gutiérrez y Fernando M. Mañas, de la Fundación Athena Intelligence. No está claro aún si ha sido una acción autónoma o ha recibido ayuda de elementos descontrolados del servicio de inteligencia paquistaní (ISI).

La mayoría de las anteriores acciones terroristas ejecutadas en suelo indio han consistido en el emplazamiento y detonación a distancia de un artefacto explosivo improvisado (IED) contra objetivos escasamente protegidos y en zonas concurridas con el objeto de causar el mayor número de muertes. En cambio, la operación ejecutada en el día de ayer supone una esacalada cualitativa y cuantitativa en la capacidad de los terroristas.

Los objetivos de la acción, según unas primeras valoraciones del Athena Intelligence, serían: atención mediática internacional por tratarse de hoteles frecuentados por diplomáticos, políticos y empresarios de alto nivel occidentales; un golpe enormemente dañino al sector turístico en India; agravar las tensiones entre la comunidad musulmana e hindú en la India; mostrar solidaridad y pertenencia al yihadismo internacional, pues Chabad House, es frecuentado por empresarios y turistas judíos; y provocar al gobierno de India para que responda contundentemente contra Pakistán.

El asalto contra el Parlamento en Bombay a principios de 2002 (una operación más sencilla pero con elementos semejantes a la actual) estuvo a punto de provocar un conflicto armado entre ambos países. En consecuencia, desestabilizar a su vez al gobierno de Pakistán. Conviene recordar que los principales líderes de Al Qaeda se esconden en este país. En Pakistán también operan diversos grupos radicales en la frontera con Cachemira y en la frontera con Afganistán. En la práctica una parte considerable de la zona fronteriza con Pakistán se encuentra en manos de la insurgencia yihadista cercana a los talibán. El deterioro de la situación en Pakistán también afectaría negativamente a la estabilidad en Afganistán y a la misión de la OTAN en aquel país. La frontera pakistaní con Afganistán es un refugio de los insurgentes y el sistema logístico de la OTAN depende de manera crucial de las rutas que atraviesan Pakistán.

En los últimos atentados que ha sufrido India, la postura del gobierno con respecto a Pakistán ha sido muy moderada. Esta vez la opinión pública y el principal partido de la oposición (de carácter nacionalista furibundo) van a exigir una respuesta mucho más contundente hacia el país vecino, posiblemente similar a la que generó el clima prebélico de 2002, y conviene tener presente que tanto India como Pakistán son potencias nucleares. En la crisis de 2002 Estados Unidos jugó un papel muy destacado como mediador entre ambas potencias. Sin embargo, la administración norteamericana se encuentra en estos momentos en una situación de interinidad. Esta circunstancia limitará sustancialmente su capacidad de gestión en una crisis que probablemente se agudizará en los próximos días.

La presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que dirigía una misión comercial a la India acompañada por medio centenar de empresarios, representados por la empresa pública Promomadrid y la confederación de empresarios de Madrid con su presidente, Arturo Fernández, a la cabeza, en el momento en que se registraban en el hotel Oberoi en Bombay, fueron sorprendidos por el comienzo de esta compleja y altamente cualificada operación terrorista. No se sabe si se trata de una casualidad o eran el objetivo de los terroristas. Lo primero parece más pausible.

Las dos salidas cercanas a la recepción del hotel, una situada a la izquierda y otra a la derecha sirvieron de huída a la presidenta y a un pequeño grupo que la acompañaba, que logró salir del hotel a través de las cocinas del restaurante y tomar un vehículo oficial hacia el aeropuerto. También se encontraba en Bombay una
delegación del parlamento europeo, encabezada por el europarlamentario catalán Ignasi Guardans, que logró refugiarse en un restaurante cercano al hotel.

Otros dos españoles han resultado heridos por la explosión de una granada. Se trata de un hombre y una mujer que se encuentran ingresados en la UCI aunque no revisten heridas de gravedad. La mujer tiene alojada metralla en la rodilla y el hombre sufre un proceso infeccioso. Existen rumores de que esta mañana permanecían secuestrados dos empresarios españoles en la planta dieciséis del hotel Oberoi.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Genes judíos

Genes Judíos
Por el Rab Iaacov Kleiman - AishLatino
http://noti.hebreos.net/enlinea

Una investigación publicada en el campo de la genética molecular - el estudio de las secuencias del ADN - indica que las poblaciones judías de las distintas comunidades de la diáspora no han perdido su identidad genética a lo largo de todo el exilio. A pesar de las enormes distancias geográficas entre las comunidades y el paso de miles de años, las alejadas comunidades comparten un perfil genético común. Esta investigación confirma la ascendencia y el origen geográfico común del mundo judío.
Los hombres judíos de comunidades que se desarrollaron en el Cercano Oriente - iraníes, iraquíes, kurdos y yemenitas - y los judíos europeos tienen perfiles genéticos muy similares, casi idénticos.

“A pesar de un largo período de residencia en diferentes países y un aislamiento entre las comunidades, la mayoría de las poblaciones judías, no son significativamente diferentes en un nivel genético. Los resultados, apoyan la hipótesis que plantea que el gen paterno de las comunidades de Europa, África del Norte y el Medio Oriente descienden de una antigua población común del Medio Oriente, y sugiere que la mayoría de las comunidades han permanecido relativamente aisladas de comunidades vecinas no judías durante y después del exilio” (M. F. Hammer, Academia Nacional de Ciencias, 9 de mayo del 2000).
La base de este nuevo campo de investigación de poblaciones es el estudio del cromosoma Y, que es transmitido, prácticamente sin cambio alguno, de padre a hijo. Las mutaciones raras - que son cambios en la porción no codificada de su ADN - pueden servir como señalizadores que pueden distinguir a las personas. Al estudiar las señales genéticas de varios grupos se pueden hacer comparaciones para determinar las relaciones genéticas entre estos.
La investigación del cromosoma Y del pueblo judío comenzó como resultado del estudio de los cohanim - la familia sacerdotal judía. Estos estudios mostraron una gran afinidad genética entre los cohanim de hoy en día - indicando que tienen un antepasado paterno común que vivió estimadamente hace 3000 años.
Esta investigación genética consiste en obtener muestras de ADN y hacer un análisis de laboratorio comparando los señalizadores de ADN en el cromosoma Y - que es transmitido de padre a hijo - y en el mtADN (ADN mitocondrial) - que es transmitido de madre a hijo. Esta antropología genética promete ser particularmente informativa para trazar la historia de las poblaciones judías y para ayudar a resolver el debate de los orígenes y emigraciones de las comunidades judías en la diáspora.
Los investigadores propusieron contestar a la siguiente pregunta: ¿Los grupos dispersos de judíos modernos son realmente los descendientes de los antiguos hebreos de la Biblia, o algunos grupos de judíos modernos son conversos (no judíos que se han convertido al judaísmo) o el resultado de los matrimonios mixtos, y como consecuencia de eso les queda muy poco de sus “genes judíos”?
La compleja historia registrada de la dispersión de la Tierra de Israel y subsecuentemente la residencia y movilización entre varios países de Europa, el Norte de África y el Medio Oriente, se espera que produzca un patrón complejo de relaciones genéticas dentro de las poblaciones judías, y entre estas mismas poblaciones y las poblaciones no judías dentro de las cuales vivieron.
La investigación se ha basado en muestras de 29 poblaciones, 7 judías, categorizadas principalmente en cinco divisiones: judíos, no-judíos del Medio Oriente, europeos, africanos del norte y del África subsahariana.
Los resultados de la investigación fueron que la mayoría de las comunidades judías, separadas unas de las otras en Europa, el Norte de África, el Cercano Oriente y la península Arábica, realmente parecen ser genéticamente similares, y parecen estar muy relacionadas unas con las otras, compartiendo un origen geográfico común.
Estas comunidades judías están mucho más relacionadas unas con las otras y con las poblaciones semitas del Medio Oriente - palestinos, sirios y drusos - que con sus comunidades vecinas de la diáspora.
Los resultados también indican un bajo número de mezcla (matrimonios mixtos, conversiones, violaciones etc.), en el contenido genético de estas diversas comunidades judías.
Dentro de las comunidades que fueron tomadas en consideración para este experimento, los norafricanos (Marruecos, etc.), fueron los más relacionados con los judíos babilonios (iraquíes). Estas poblaciones pueden ser las que representan mejor el contenido genético paterno de las antiguas poblaciones judías-hebreas con origen en el período del Primer Templo, antes del exilio babilónico (hace 2500 años aprox.).
Las señales del cromosoma Y de los judíos yemenitas son también similares a aquellos de otras poblaciones semitas y judías. En contraste, el contenido del gen paterno de los judíos etíopes se asemeja más a los de los etíopes de origen no judío.
El Nexo Ashkenazí
Aunque la comunidad ashkenazí (europea) se separó de sus antepasados del mediterráneo hace 1200 años y vivieron dentro de comunidades gentiles del centro y este de Europa, su contenido genético paterno todavía se asemeja a los de otros judíos y grupos semitas con origen en el Medio Oriente.
Una baja taza porcentual de matrimonios mixtos entre judíos de la diáspora y gentiles es la razón principal para esta continuidad. Ya que los judíos se establecieron primeramente en Europa hace más de 50 generaciones, se estimó que los matrimonios mixtos fueron sólo del 0.5% en cada generación.
El contenido genético paterno ashkenazí no parece ser similar al de los pueblos de habla turca de hoy en día. Este hallazgo se opone a la sugerencia que indicaba que los ashkenazies son descendientes de los kuzares, el imperio turco-asiático que se convirtió masivamente al judaísmo en el siglo VIII de la era común.
Los investigadores continúan expandiéndose en sus estudios, particularmente sobre la comunidad ashkenazí. Ellos esperan que al examinar los señalizadores del ADN en las poblaciones judías de diferentes partes de Europa, van a poder obtener patrones demográficos e históricos de las poblaciones ashkenazies.
Además de preguntas de interés médico, existen muchas posibilidades interesantes concernientes al origen de las comunidades ashkenazies y sus migraciones a Europa. Parece ser que los judíos comenzaron a llegar al este de Europa probablemente hace 1000 ó 1200 años, cuando la infraestructura ya estaba lo suficientemente desarrollada como para proveerles oportunidades de vida.
Una teoría plantea que los judíos del este de Europa descienden predominantemente de los inmigrantes de las zonas del Rin o de Italia, siendo así descendientes directos de las antiguas poblaciones judías/hebreas.
Una segunda teoría sugiere que fue una inmigración desde los Balcanes o del centro de Asia, con la posibilidad de conversiones en masa de eslavos y kuzares al judaísmo.
Esta discusión es similar a la controversia que existe con respecto al origen del idish - el idioma de los judíos del este de Europa. Una teoría propone que los judíos inmigrantes de las zonas del Rin y regiones vecinas hablaban un antiguo alemán que llegaría a ser la base del idish.
Otros estudiosos niegan que el alemán sea el origen del idish. Estos expertos en lingüística ven la gramática del idish como fundamentalmente eslava, con el idish moderno desarrollado mediante la incorporación de un gran número de palabras hebreas y alemanas dentro de un contexto básicamente eslavo en gramática y sintaxis.
No ha habido suficiente evidencia histórica para decidir sobre esas teorías. Hoy en día, con los desarrollados métodos genéticos, es posible probar estas ideas, por ejemplo probar si hubo alguna contribución significativa de los eslavos a la comunidad ashkenazí. Indicaciones tempranas de este estudio parecen apoyar el patrón que plantea la corriente “Mediterráneo - Europa - Este de Europa”.
Los investigadores planean continuar su estudio, investigando la variación genética en las poblaciones que pueden trazar sus antepasados judíos a comunidades de Europa, para un mejor entendimiento de la historia y el desarrollo de la comunidad ashkenazí.
Estos estudios genéticos, apoyan la tradición judía - tanto la escrita como la oral.
Después de mil años de historia en la Tierra de Israel, los judíos se esparcieron por muchas y distantes localidades alrededor del mundo.
Algunas comunidades judías exiliadas estuvieron relativamente estables durante dos milenios - como por ejemplo Babilonia (Irak) y Persia (Irán). Otras comunidades se desarrollaron unos siglos después, siguiendo con migraciones al norte de África y Europa.
Todas estas comunidades mantuvieron sus costumbres judías y su observancia religiosa, a pesar de largos períodos de persecuciones. Los judíos permanecieron, en general, culturalmente aislados de sus vecinos no judíos. Estos estudios genéticos son un testimonio de la fe familiar judía.
Sólo el pueblo judío en la historia de la humanidad, ha retenido su identidad genética por más de 100 generaciones estando esparcidos alrededor del mundo. ¡Esto es realmente único e inspirador!

¿Qué es en verdad un judío?

En su libro "Este es mi pueblo" Alberet Einstein publicó el siguiente artículo:

¿Qué es en verdad un judío?

La formación de grupos tiene un efecto fortaleciente en todas las esferas del esfuerzo humano, debido sin duda muy a menudo a la lucha entre las convicciones y los fines que representan los distintos sectores.
Los judíos integran también reales agrupaciones con un carácter definido que les es propio, y el antisemitismo no es más que una actitud antagónica producida entre los no judíos por el grupo judío. Es ésta una reacción social normal. Sin el error político que es su consecuencia nunca habría sido designado con un nombre especial.

¿Cuáles son las características del pueblo judío? En primer lugar, ¿qué es un judío? No existe una respuesta categórica a esta pregunta. La más clara sería la siguiente: un judío es una persona que profesa la religión judía. El carácter superficial de esta respuesta se reconoce en seguida mediante una simple comparación. Planteemos la pregunta: ¿qué es un caracol? Una respuesta semejante a la dada más arriba sería ésta: Un caracol es un animal que habita una pequeña concha. Tal respuesta no es del todo incorrecta ni tampoco exhaustiva, pues la pequeña concha no es más que uno de los productos materiales del caracol. De igual modo la religión judía sólo es una de las creaciones
características de esta comunidad. Se sabe, además, que un caracol puede arrojar su caparazón sin dejar por eso de ser caracol. El judío que abandona su religión (en el sentido formal del término) se halla en una posición análoga. Sigue siendo judío.
Las dificultades de este género aparecen siempre que se trata de explicar el carácter esencial de un grupo.

El vínculo que ha unido a los judíos durante miles de años y que los une hoy es sobre todo el ideal democrático de justicia social, ligado a la concepción de ayuda mutua y de tolerancia entre los hombres.
Hasta los escritos religiosos más antiguos de los judíos están impregnados de estos ideales sociales, que han gravitado fuertemente sobre el cristianismo y el islamismo y han ejercido una influencia provechosa sobre la estructura social de gran parte de la humanidad. La introducción de un día de reposo semanal debe recordarse aquí como un profundo beneficio para todos los hombres. Personalidades tales como Moisés, Spinoza y Carlos Marx, por diferentes que sean, han vivido y se han sacrificado por el ideal de justicia social y la tradición de sus antecesores, es la que los ha condicionado sobre este riesgoso camino. Las realizaciones únicas de los judíos en el terreno de la filantropía nacen de la misma fuente.

El segundo rasgo característico de la tradición judía es la alta estima con que se considera toda forma de aspiración intelectual y el esfuerzo del espíritu. Estoy convencido de que este gran respeto por la tarea del intelecto es la razón decisiva de las contribuciones, por parte de los judíos, al progreso del conocimiento en el sentido más amplio del término. Si se tiene en cuenta su número reducido en cantidad y los enormes obstáculos exteriores colocados siempre en su camino en todos los aspectos, la extensión de esas contribuciones merece la admiración de los hombres sinceros. Me parece que esto no se debe a una riqueza de talento especial, sino al hecho de que el valor de que goza el trabajo intelectual entre los judíos crea una atmósfera favorable en
particular al desarrollo de los talentos que puedan existir. Al mismo tiempo, un fuerte espíritu crítico impide la obediencia ciega a cualquier autoridad moral.

Me he limitado aquí a esos dos rasgos tradicionales que considero los decisivos. Estos modelos e ideales hallan su expresión tanto en las cosas insignificantes como en las grandes. Se transmiten de padres a hijos; animan la conversación y los juicios entre amigos, llenan los escritos religiosos y otorgan a la vida en comunidad del grupo su impronta inconfundible. En esos ideales distintivos advierto la esencia de la naturaleza judía. Que tales ideales resulten imperfectamente realizados en el grupo -en su vida rutinaria concreta- es algo natural. Sin embargo, si se quiere dar una ligera expresión del carácter del grupo, debe siempre formularse por vía del ideal.

sábado, 15 de noviembre de 2008

El mito kazaro y el nuevo antisemitismo

El mito kazaro (jázaro) y el nuevo antisemitismo
Steven Plaut - Jewish Press - Traducción Blog Safed-Tzfat
http://noti.hebreos.net/

• “Los israelíes no tienen ninguna historia en esta tierra porque ellos son kazaros, y por lo tanto no están conectados a esta tierra” - Al Hayat Al Jadida, 16 de junio de 2003

• “Curiosamente, los sionistas eran en su mayoría de origen no judío, cuyos antepasados se habían convertido al judaísmo alrededor del 800 d.C., en un lugar llamado Kazaria, en las montañas del Cáucaso, entre el Mar Caspio y el Mar Negro. Literalmente eran caucásicos” - web Judicial-inc

• “El año 1917 fue un hito importante para los judíos kazaros con la creación de su propio estado en Palestina. Ese mismo año también se produjo la Revolución bolchevique en Rusia, seguido de un holocausto cristiano como el mundo no ha conocido. Los judíos kazaros, una vez más, tomaron el control de Rusia después de más de 900 años, y se dedicaron a la tarea de destruir a los cristianos rusos, más de 100 millones, al mismo tiempo que más de 20 millones de judíos religiosos también murieron a manos de los judío kazaros” – web Al-jazeerah.info

Es una de las grandes ironías del s.XXI que, antisionistas y antisemitas de izquierda y de derecha, hayan retomado los argumentos racistas en contra de los judíos, hecho que la mayoría de nosotros pensaba que había desaparecido después de la Segunda Guerra Mundial.

Uno de los aspectos más extraño de esta “re-racialización” del antisemitismo es el papel desempeñado por el mito kazaro.

La nueva moda de los kazaros sostiene que la mitología moderna ashkenazí, y especialmente el liderazgo europeo del movimiento sionista, no es totalmente judía, en el sentido racial, sino descendiente de los kazaros no judíos, por lo tanto, y según esa aseveración de los “teóricos” del origen kazaro, sionistas e Israelíes no tienen reivindicaciones legítimas sobre la Tierra de Israel.

Sería difícil considerar como una exageración el pensar que actualmente se ha generalizado la utilización indebida del mito kazaro en aquellos que buscan deslegitimar a Israel y a los judíos. Una reciente investigación mostró que casi 30.000 web utilizan la “teoría” de los kazaros para atacar a Israel y al sionismo.

Cerca de doscientas de esas web describen una cábala conocida como el Kazarismo Sionista Bolchevique (KZV). Las web neo-nazis y de los negacionistas del Holocausto están particularmente felices con el mito kazaro. También está creciendo su popularidad entre las correspondientes a los extremistas de la izquierda antisionista.

Propagandistas islamofascistas árabes, desde hace mucho tiempo, abrazan la teoría de los askenazíes kazaros, al igual que los dirigentes de Irán están encantados con ella. Al-Jazeera ha estado utilizando la supuesta historia de los kazaros para instar a los cristianos de todo el mundo a una guerra religiosa contra los imperialistas kazaros pseudo-judíos.

Grupos que promocionan los Protocolos de los Sabios de Sión suelen citar el infame papel de los kazaros como “prueba” de una conspiración judía mundial (cerca de unas 700 web). E inclusive, judíos antisionistas como Alfred M. Lilienthal y el sueco “Israel Shamir”, han utilizado el mito kazaro para atacar el sionismo.

¿Por qué están tan interesados estos diversos grupos en un lugar arcaico y un esotérico grupo de personas del Asia central que casi desaparecieron hace un milenio?

La respuesta es muy simple. Según la teoría de los kazaros de los nuevos antisemitas, la mayoría de los judíos de hoy, en particular los judíos askenazíes, no son racialmente judíos, sino descendientes de la tribu turca de los kazaros, cuya clase dirigente, y partes de su élite y de su población, se convirtió al judaísmo a principios de los siglos VIII o IX d.C. Por lo tanto, argumentan estos entusiastas de los orígenes raciales, los judíos askenazíes no tienen derecho a vivir con los racialmente semitas en el Oriente Medio y, sobre todo, nunca en la Tierra de Israel.

Para los judíos, la historia de la conversión de los kazaros al judaísmo es mejor conocida gracias a los relatos de “El Kuzari: en defensa de la fe despreciada”, un libro medieval compuesto por el gran poeta y filósofo español Judá Ha-Levi.

En realidad, sólo una parte del libro trata en realidad del reino kazaro, sobre el cual poco se sabe, y las evocaciones históricas sobre ellos incluidas en ese libro no se consideran plenamente fiables.

En cualquier caso, el relato “El Kuzari” tiene por objeto los debates que en la corte real kazara supuestamente tuvieron lugar para la conversión de su élite al judaísmo. Otros altos funcionarios judíos de los reinos musulmanes del Al-Andalus tuvieron correspondencia con el reino kazaro, especialmente el rabino de Córdoba, Hasdai ibn Shaprut, cuyas cartas han sobrevivido. Y el gran sabio iraquí, Saadia Gaon, se cree que mantuvo correspondencia con los judíos del reino kazaro.

Comúnmente se piensa que parte de la motivación para la “conversión” de los kazaros fue establecer la neutralidad política del reino kazaro, enfrentado a posibles amenazas tanto de la Cristiandad como del Islam.

Los kazaros en sí mismos no han dejado registros documentales. El historiador árabe Ibn Fadlan escribió sobre ellos, pero lo hizo dos siglos después de que las conversiones al judaísmo se hubieran producido. Algunos judíos, tras haber buscado refugio ante las persecuciones bizantinas, probablemente vivieron en el reino kazaro mucho antes de la conversión de su realeza.

Un irónico giro histórico es que los kazaros han contribuido al alfabeto cirílico, utilizado por el ruso, el eslovaco y otros idiomas. San Cirilo llegó a Kazaría en el 860 d.C., en un intento de convertir a los kazaros al cristianismo. Dado que el hebreo de los kazaros y el griego eran los principales alfabetos conocidos por San Cirilo y los primeros eslavos, hubo prestamos entre ambos.

El interés occidental por los kazaros fue estimulado en gran medida por el libro publicado en 1976 “La decimotercera tribu”, de Arthur Koestler, un escritor más conocido por haber combatido a lo largo de toda su vida contra todas las formas de totalitarismo. El libro de Koestler se basa en gran medida en un libro precedente, “La historia de los judíos kazaros”, del historiador D.M. Dunlop.

Dunlop rechazó la idea de que en un gran número de judíos askenazis se pudieran rastrear sus orígenes kazaros, pero no fue el caso de Koestler. En una equivocada y extraordinariamente exagerada estimación de su papel y del número de descendientes kazaros entre los judíos europeos, Koestler, un destacado sionista por otro lado, inadvertidamente proporcionó todo ese tipo de munición que los racistas y los antisemitas actuales soñarían, y es por ello que muchos de entre ellos suelen citar su libro como base para sus denuncias racistas de Israel.

Una serie de libros más serios sobre los kazaros están ahora en el mercado, incluido “Los judíos de Kazara”, de Kevin Alan Brook. El rabino Bernard Rosensweig fue una de las principales figuras en desacreditar la teoría de los orígenes kazaros de los judíos askenazíes. En “Escribiendo la Tradición” la desestimó como una de esas “tambaleantes suposiciones académicas sin apoyo histórico”.

Asimismo, el arqueólogo sueco Bozena Werbart, un experto en los kazaros, escribió: “En el reino zazaro, Koestler quería ver el origen de los judíos de la Europa oriental. Sin embargo, todas las pruebas y hechos históricos y lingüísticos contradecían sus teorías.”

En “La Enciclopedia del judaísmo” se afirma enfáticamente: “La noción de que los judíos askenazíes eran descendientes de los kazaros no tiene absolutamente ninguna base en la realidad”.

El verdadero reino kazaro fue sometido en parte por los primeros rusos en el siglo X, y todo lo que restaba fue aniquilado como consecuencia de las invasiones mongolas desde el Asia central.

Lo que les paso a los judíos kazaros simplemente se desconoce. Aquellos que conservaron su judaísmo probablemente se integraron en las restantes comunidades judías de todo el mundo. Algunos grupos de kazaros se sumaron a la invasión magiar de lo que luego se convirtió en Hungría, y se fusionaron con los judíos que ya vivían en esas tierras. De hecho, los arqueólogos han encontrado estrellas judías en los restos de aldeas kazaras húngaras.

Pequeños grupos de mercenarios kazaros probablemente encontraron refugio en otros lugares. Lo más probable es que la mayor integración de los judíos kazaros en otras comunidades judías se llevara a cabo en Irán y en Irak, donde existían las comunidades judías más grandes y más cercanas al reino kazaro, y con quien habían mantenido estrechos vínculos (algunos han especulado con que los judíos montañeses del Caucaso Oriental descienden en parte de los kazaros. Varios grupos turcos que viven actualmente en el Norte del Caucaso podrían descender de kazaros que adoptaron el Islam…).

(Una leyenda urbana sostiene que el color rojizo del pelo de los judíos los identifica como descendientes de los kazaros, a pesar de que difícilmente se podría explicar en el caso del Rey David, por no hablar de Esaú. Arthur Koestler aseguraba que muchos eran rubios con ojos azules.)

En cualquier caso, la existencia política de los kazaros terminó hace ya más de mil años.

Entonces, ¿qué hacer con el mito kazaro relativo a los judíos ashkenazíes y, por lo tanto, la supuesta falta de reivindicaciones legítimas por parte de Israel debido a sus orígenes kazaros? La mayor ironía es que inclusive si la teoría de los judíos ashkenazíes como descendientes de los kazaros fuera correcta - y prácticamente no hay ninguna prueba de que lo fuera -, sería totalmente irrelevante. El judaísmo nunca ha definido a los judíos por motivos raciales. Cualquier persona de cualquier raza es bienvenida como converso al judaísmo, siempre y cuando sea sincera.

Los propios israelitas bíblicos ya poseían una mezcolanza racial. Ellos absorbieron a la “multitud mixta” que salió con ellos de Egipto en el momento del Éxodo. Hay referencias bíblicas a judíos con diferentes características raciales, incluyendo la piel negra de Shulamita mencionada en el Cantar de los Cantares.

Los judíos siempre se han definido a ellos mismo por criterios religiosos, étnico-nacionales y a veces en términos lingüísticos, pero nunca siguiendo unas líneas raciales. Si todos los judíos ashkenazíes fueran kazaros convertidos, como asegura la actual reclamación racial antisionista, no serían menos legítimamente judíos y, como tal, tendrían los mismos derechos legítimos a una patria judía, como cualquier otro grupo de judíos (y dada la tradicional deferencia hacia los justos convertidos, tal vez tendrían más).

Los detalles reales del mito de los kazaros con relación a los orígenes de los judíos europeos son simplemente elucubraciones pseudo-históricas y pamplinas mentales.

Los judíos ya vivían en Europa un millar de años antes de que el reino kazaro se formara. No existen marcadores o indicadores genéticos que muestren que todos los judíos ashkenazíes son descendientes de tribus turcas. De hecho, existe una considerable evidencia genética que muestra como los judíos están más cerca del Levante y de los árabes sirios, que de asiáticos originales del Asia Central.

Después de la invasión mongola, los kazaros probablemente fueran asimilados por las comunidades judías de Irán y de Irak, que, por supuesto, eventualmente surgieron como importantes centros sefardíes [N.P.: dentro de esa más amplia identificación sefardí como originario del Mediterráneo y del Oriente], conformados principalmente por judíos con características raciales semitas, descendientes de los emigrantes y de los exiliados judíos de la Tierra de Israel. En cualquier caso, actualmente hay más judíos “semitas” sefardíes en Israel que judíos askenazíes de origen europeo. Y si los kazaros eran turcos, ¿cómo se podrían dar judíos askenazíes de complexión europea?

Hay otros problemas. Si todos los judíos ashkenazíes fueran descendientes de kazaros convertidos, ¿por qué hay Cohen y Levi entre ellos? Uno hereda la condición de Cohen (sacerdote) o de Levita (dedicado al culto y al servicio del Templo) del padre. Los descendientes de los kazaros conversos a través de la línea masculina nunca podrían ser un Cohen o un Levi.

¿Y por qué no hay apellidos kazaros entre los askenazíes, o nombres kazaros de pueblos y ciudades en Europa, allí donde vivieron los judíos? ¿Y por qué la mayoría de las comunidades askenazíes hablaban variantes del idish en lugar del turco?

Como ya se mencionó antes, la popularidad del mito kazaro entre los antisemitas representa un retorno actual a los modelos de intolerancia racista antijudía de los años 1930 y anteriores.

Casi todas las web antisemitas y neonazis denuncian a los sionistas y a los israelíes como “kazaros”. Las listas de chat de esas web donde se cataloga a los defensores de Israel como a “usurpadores kazaros” son demasiado numerosas para contarlas.

El racismo, una vez más en boga, sostiene que los judíos “sólo tendrían unas legítimas reivindicaciones al derecho a su autodeterminación en su patria histórica si fueran verdaderamente semitas desde un punto de vista racial”. Así pues, Palestina se ha convertido para ellos en una Lebensraum racial antisemita y los que no poseen la correcta marca racial no tienen nada que hacer allí. La pureza racial, de repente, es la nueva base de los derechos nacionales.

He descubierto decenas de web neonazis afirmando que los “kazaros sionistas” estaban realmente detrás del ataque del 11-S. He encontrado miles de web afirmando que “los kazaros pretendidamente judíos” formaban parte de una liga conspirativa con la Masonería, el Vaticano, los Illuminati y otros para controlar el mundo.

El “conspiracionismo kazaro” llega hasta estos días; una web del Ku Klux Klan afirma que el evangelista pro-Israel Pat Robertson realmente es un judío kazaro. La red neo-nazi “Américan Patriots Friends” afirma que los kazaros realmente descienden de la raza de Magog y desean secretamente controlar América.

Si llevamos este argumento racista hasta su conclusión lógica, los árabes palestinos tienen todo el derecho a reclamar su soberanía en Israel debido a que racialmente son más verdaderamente judíos (en tanto semitas), mientras que los sionistas son judíos kazaros, es decir, impostores raciales y usurpadores.

Llevando las cosas hasta ese punto, hay que señalar que los mismos árabes son, por supuesto, una mezcla de cepas raciales, en particular con un gran componente caucásico debido a la mezcla con pueblos europeos, como el español y el italiano, con los bereberes caucásicos, con vándalos, con godos, e incluso algunos vikingos [inclusive musulmanes bosnios y circasianos que emigraron en el s. XIX].

La deslegitimación racista del sionismo como un “imperialismo kazaro” incide en la misma loca teoría que sostiene que “Jesús fue palestino” [N.P.: Palestina se crea, como entidad geográfica que designaba los territorios del antiguo principado de Judea, con posterioridad a la rebelión judía de Bar Kojba, en el 135 d.C., cuando el emperador romano Adriano intenta eliminar todo vestigio de la civilización hebrea] y que afirma que todos los verdaderos judíos (desde un punto de vista racial) se convirtieron al Islam después de la conquista árabe de Palestina a finales de s. VII, y pasaron así a ser árabes palestinos.

Uno también puede encontrar un gran número de sitios web alegando tales cosas.


viernes, 8 de agosto de 2008

Andanzas francesas en Costa de Marfil

¿Y el “No a la guerra” en Costa de Marfil?
EDITORIAL

La de Costa de Marfil es una de esas innumerables guerras olvidadas contra las que nadie se manifiesta por la simple razón de no estar implicadas en ellas los Estados Unidos de América" El ataque aéreo de Francia, en respuesta a la muerte de nueve de sus soldados por un bombardeo del Gobierno de Costa de Marfil, ha reavivado con crudeza la tensión en el país y ha puesto sobre el tablero de la actualidad, aunque sea fugazmente, una de esas innumerables guerras olvidadas contra las que nadie se manifiesta por la simple razón de no estar implicadas en ellas los Estados Unidos de América.

Aquí vemos en estado puro la hipocresía de las dos varas de medir del antiamericanismo en general y de la izquierda muy en particular. El Gobierno de Chirac, que exigía en 2003 una nueva resolución de la ONU —resolución que su Gobierno se encargaría de impedir— como conditio sine qua non para que los aliados emprendieran su intervención militar contra el régimen genocida de Sadam Husein, era el mismo gobierno que enviaba tropas francesas a su ex colonia en una decisión mucho más “unilateral” que la que trataba de llevar a cabo en esos momentos el conjunto de países democráticos que secundaron a Bush contra la dictadura de Sadam Husein. Ahora —es verdad— su presencia militar en su ex colonia tiene el apoyo de la ONU, pero como también la tiene, y de manera mucho más nítida y reiterada, la presencia de tropas aliadas en Irak.

Esa doble moral ha resultado igualmente repugnante en el caso de esos pseudo-pacifistas y la mayoría de los medios de comunicación, cuyo silencio en el conflicto marfileño y su apoyo al eje franco-alemán deja en evidencia que lo del “no a la guerra” sólo lo utilizan como una irresponsable pero eficaz arma electoral que ellos administran cuando y donde quieren.

Por nuestra parte, no estamos dispuestos a arropar con los dignos ropajes de la palabra “resistencia” a quienes han decidido romper el acuerdo de paz de Linas-Marcoussis, ni vamos a secundar la demagogia antiimperialista de quienes son capaces de asesinar a civiles indefensos por el mero hecho de ser franceses o de saquear e incendiar colegios por esa misma razón. Lo que, desde luego, sí vamos a denunciar es la inmensa hipocresía mediática de quienes, con tal de desgastar a Aznar y Bush, sólo ondean el “no a la guerra” dependiendo de si están o no en la oposición y dependiendo de quién libre las guerras.

CONFLICTO EN EL PRINCIPAL PRODUCTOR MUNDIAL DE CACAO
INFORME: Costa de Marfil, una ex colonia francesa en guerra
El pasado mes de marzo, los antiguos rebeldes de Costa de Marfil y varios partidos de la oposición política se retiraron del Gobierno de "reconciliación nacional" del presidente Gbagbo. Desde entonces el desarme, previsto para el pasado 15 de octubre, está paralizado por la denuncia contra el presidente de incumplir los acuerdos de paz firmados en París en 2003, tras dos años de guerra civil. Al margen de la fuerza multilateral de la ONU, Francia tiene desplegados en su antigua colonia cuatro mil soldados. Ocho de ellos murieron este sábado en el ataque a una base militar. La reacción de Chirac no se hizo esperar y ordenó el derribo de los medios aéreos marfileños. Desde entonces, la tensión sigue en aumento.

(Libertad Digital) Costa de Marfil disfrutó de una economía boyante hasta que a principios de los 80 los precios del cacao, su principal producto de exportación, cayeron, lo que originó el progresivo empobrecimiento del país. Las tensiones crecieron hasta que en las elecciones de 2000 salió elegido el actual presidente Laurent Gbagbo. El jefe de la Junta Militar, Robert Gueï, no acpetó los resultados y dio un golpe de estado pero a los pocos días se exilió.

Entre 2001 y 2003 el país vivió una guerra civil entre los guerrilleros leales al golpista Cgueï y los partidarios del presidente Gbagbo. A mediados del año pasado se firmó una paz, bajo supervisión de la ONU, que todavía está por fraguar en Costa de Marfil.

Presencia de Francia en la ex colonia

En el siglo XVIII, los franceses se establecieron en diferentes puntos de Costa de Marfil. En 1842 crean el Protectorado francés en la región, pero no será hasta 1893 cuando Francia la convierte en una colonia que pasará a ser declarada Sección del África Occidental Francés.

Tras la II Guerra Mundial, comienza la lucha de Costa de Marfil por su independencia y en 1944 el líder político Felix Houphouët-Boigny funda la Unión Democrática Africana para canalizar los esfuerzos independetistas, que fructificaron 16 años después tras el proceso de descolonización que puso en marcha la ONU a finales de los años cincuenta.

En 1960, Felix Houphouët-Boigny proclama la independencia de Costa de Marfil, que deja de ser colonia francesa, y se convierte en el primer presidente del nuevo estado. Desde su nombramiento, mantuvo estrechas relaciones con Francia y se alineó firmemente con los paises del bloque occidental, convirtiéndose en un adversario democrático contra la gran mayoría de nuevos paises africanos que optaban por posiciones socialistas.

Durante los veinte años siguientes, Costa de Marfil mantiene un crecimiento anual medio cercano al diez por ciento llegando a ser el primer productor mundial de cacao y el principal país exportador de piña y aceite de palma. Pero esta bonanza se trastoca en 1980 por la caida de los precios internacionales de dichas materias. El país entra en una grave crisis económica de la que no vuelve a recuperarse.

Del golpe de Estado a la guerra civil

La situación social comienza a deteriorarse a comienzos de 1990. Ese año se celebran elecciones parlamentarias y legislativas con la participación de los partidos de la oposición. Pero es en 1993 cuando muere el presidente Félix Houphouët-Boigny y es sucedido por Henri Konan Bédié, que hereda una situación interna que ya se ha vuelto explosiva.

En 1994, Bédié apoya la devaluación del Franco CFA, decisión que empobrece al país. Ante la inseguridad sobre la limpieza de las elecciones presidenciales de 1995, en las que sale reelegido Bédié, la oposición opta por el boicot. Cinco años más tarde, el 22 de octubre de 2000, y con participación de todos los partidos se celebran nuevas elecciones. Sale elegido el actual presidente Laurent Gbagbo.

Sin embargo, Robert Gueï, jefe de la Junta Militar gobernante rechaza los resultados y en un golpe de estado se autoproclama presidente del país. La represión de las manifestaciones en favor de Laurent Gbagbo causan 180 muertos en Abidjan. Tres días después, el General Robert Guei abandona el cargo y huye con destino desconocido. Laurent Gbagbo retoma el poder y crea un Comité de Mediación para la Reconciliación Nacional, con la presencia de representantes de partidos políticos y religiosos católicos y musulmanes.

Presencia francesa al margen de la fuerza de la ONU

Las tensiones crecientes entre norte y sur cada vez son más importantes y los enfrentamientos durante el 2001 se transforman en guerra abierta durante 2002. Los incidentes violentos se suceden sin tregua y en septiembre del mismo año el enfrentamiento entre los rebeldes y las fuerzas gubernamentales provoca la huida de un millón de personas y la intervención de Francia "para proteger a sus súbditos".

La guerra civil concluye tras dos años con la firma, en enero de 2003, de un acuerdo de paz. Es entonces cuando se crea un Gobierno de Reconciliación Nacional integrado por funcionarios del anterior ejecutivo y representantes de la oposición y los rebeldes leales al golpista militar Robert Gueï. Este Ejecutivo de transición debería desembocar en la convocatoria de elecciones en el año 2005. Antes, el pasado quince de octubre, se tenía que llevar a cabo el desarme definitivo de los leales a Gueï, que no se materializó.


CIENTOS DE MARFILEÑOS PROTEGEN LA CASA PRESIDENCIAL
Residentes españoles en Costa de Marfil piden ayuda a la embajada para ser evacuados
La embajada de España en Costa de Marfil ha informado que un número indeterminado de residentes españoles en la ciudad de Abiyán han pedido ser evacuados ante el aumento los saqueos y la violencia. En otra zona de la capital económica de ese país africano, cientos de seguidores se mantienen frente a las tropas francesas para tratar de proteger la residencia del presidente Laurent Gbagbo.

LD (Agencias) La embajada de España en Costa de Marfil está buscando los medios necesarios para que algunos de los 210 residentes españoles en Abiyán sean evacuados de ese país africano ante el aumento de los saqueos y la violencia.

La delegación diplomática, encabezada por Francisco Elías de Tejada, indicó previamente que un número no determinado ha pedido ayuda a la embajada para ser evacuados. De los 210 residentes españoles registrados, 150 viven en la capital y los 60 restantes habitan en otras zonas del país. Según fuentes diplomáticas, no hay constancia de incidentes graves sufridos por ninguno de los 210 españoles que viven en este país.

En otra parte de la ciudad, cientos de seguidores del presidente Laurent Gbagbo han respondido a un llamamiento de la radio ivoriana para que formen un "escudo humano" que proteja la vivienda del presidencial. Los manifestantes se han situado frente a los soldados y vehículos franceses que rodean la residencia. Según un reportero de la agencia de noticias Reuters, se han oído tiros, al parecer procedentes de las tropas francesas han disparado al aire para dispersar la concentración.

La capital económica había amanecido bajo una tensa calma, incluso en el denominado barrio administrativo y de negocios, Le Plateau. Tampoco se registraba circulación de taxis y autobuses, salvo algunos vehículos militares. En la zona cuatro, un barrio mitad residencial mitad industrial situado cerca del puerto y muy afectado por la ola de pillajes de los días anteriores, no se registraba ninguna actividad.

Los seguidores de Laurent Gbagbo creen que los soldados franceses están apoyando a los rebeldes que preparan un golpe de Estado. La radio de Estado marfileña, estrechamente controlada por el poder, sigue pidiendo a los habitantes que se dirijan "masivamente" a hotel que se encuentra a un kilómetro de la casa presidencial.


Análisis: Francia pierde influencia en la convulsionada Costa de Marfil

La antigua metrópoli podría quemarse, y mucho, tras haber quedado atrapada entre dos fuegos en su "patio trasero" africano.

El rápido y eficiente ataque militar en Costa de Marfil, un país en crisis, ha calmado la situación y ha impedido, de momento, la guerra civil. Pero en París no se hacen ilusiones: Francia pierde influencia en el Africa negra y Costa de Marfil es un buen ejemplo de ello.

"El divorcio", titula "France Soir" hoy al referirse a los disturbios antifranceses.

Todavía impresionados por las imágenes de violencia, muchos franceses se preguntan qué va a pasar ahora. El líder de partido liberal UDF, Fran‡ois Bayrou, instó al gobierno a "clarificar" su proceder. Hasta el diario "Figaro", próximo al gobierno, exigió un fin a la autoritaria política exterior del presidente y un verdadero debate sobre la política africana.

Casi 11.000 soldados tiene Francia desplegados en Africa, desde Senegal, paraíso turístico, hasta Gabón, tierra rica en petróleo, pasando por la estratégicamente impotante Yibuti, en la entrada del mar Rojo. La mitad de las tropas se encuentran ahora en Costa de Marfil que, de lejos, es una de las naciones más importantes (ligada al euro) del Africa Occidental.

Los franceses fueron siempre bien recibidos, aun después de la independencia en 1960. Dos tercios de las empresas privadas se encuentran en manos galas. Crearon un milagro económico que atrajo a millones de inmigrantes de los países vecinos y en los años 90 a los marfileños les gustaba llamarse "los franceses de Africa".

Pero la situación ha cambiado desde entonces. Como reacción a los millones de inmigrantes de Mali y Burkina Faso, más de un cuarto de habitantes, entre los marfileños fermentó un nacionalismo de tintes racistas que también ha descompuesto los lazos con Francia.

De repente lo "marfileño" se ha convertido en un argumento importante en la disputa por puestos de trabajo o cargos políticos. "París todavía no ha entendido el surgimiento de esta corriente nacionalista, especialmente entre las clases más pobres en el sur", afirma el politólogo Michel Galy.

Además, la relación también se ha visto lastrada por las disputas internas en Francia. Cuando en 1999 tuvo lugar "el golpe de Estado navideño", el presidente Jacques Chirac quiso asistir militarmente al gobierno, pero el primer ministro, Lionel Jospin -su rival socialista en las presidenciales-, se opuso. Para muchos marfileños, aquello fue un golpe: en la necesidad no se puede confiar en la madre patria.

Y mayor fue la decepción en el segundo golpe de Estado, en 2002. Pese a que los rebeldes recibían apoyo del extranjero (Libia y Burkina Faso), Chirac no se decidió a repeler a los agresores, tal como se estipula en el pacto de ayuda firmado con Costa de Marfil.

Con el apoyo de Naciones Unidas, obligó al presidente, Laurent Gbagbo, a adoptar una solución política que dividió al país y cimentó el dominio insurgente en el norte del país. Mientras los rebeldes consideran a los franceses como los enemigos, porque impiden su avance hacia el sur, Gbagbo acusa a París de haber violado el acuerdo. "Los marfileños se siente traicionados", afirma Galy, Francia está atrapada por el fuego sin poder apagarlo.

Olor a chamusquina
Carlos Semprún Maura

El problema es que Francia no da para más, ni militar ni políticamente Los problemas que Francia encuentra en Costa de Marfil no pueden compararse con los de Estados Unidos en Irak, ni con las guerras de Bosnia o Kosovo. El problema es que Francia no da para más, ni militar ni políticamente. El lenguaje y la propaganda, sin embargo, se parecen bastante; los marfileños, ya sean los partidarios del maquiavélico presidente Gbagbo o sus oponentes del norte denuncian el imperialismo francés y su política colonialista, mientras que los franceses, bueno, sus políticos, hablan de paz y del amparo de la ONU. En esto no hay diferencias políticas, todos a una, unidos en torno a la nacionalista arrogancia francesa exigen que los ciudadanos e intereses galos sean protegidos.

¿Cuáles son exactamente esos intereses? Cuando, hace unos dos años, Francia envió tropas para proteger a sus compatriotas lo hizo sin el visto bueno de la ONU. Al poco logró el salvoconducto emitido por Koffi Anan y hoy, las tropas francesas se escudan detrás de la bandera onusina aunque disparen en nombre y a órdenes de París. Este fin de semana se repitieron las protestas –muy violentas– antifrancesas en Costa de Marfil, especialmente en la capital Abdijan. Los soldados del presidente Gbagbo atacaron al ejército francés ocasionándoles 9 muertos y varios heridos. Nadie sabe cuántos soldados marfileños se han dejado la vida en la refriega. Entretanto, otros jóvenes patriotas y civiles se entregaron a la destrucción de escuelas, centros culturales y comerciales franceses. En algunos casos hasta atacaron domicilios particulares de ciudadanos franceses. El gobierno de París ha pedido que nadie se mueva y ha reforzado la presencia militar en el país africano. El pasado lunes el presidente Gbagbo, siempre tan zorro, lanzó un mensaje para apaciguar los ánimos que, por ahora, parece haber surtido efecto. Veremos lo que ocurre en los próximos días.

El presidente Chirac, que fue el único jefe de Estado occidental que asistió al entierro del tirano sirio Hafed El-Assad, fue el único jefe de Estado europeo que se negó a asistir al almuerzo en honor del primer ministro interino iraquí, invitado formalmente por la Unión Europea. En cambio se fue al hospital donde agoniza el jefe terrorista Arafat. En relación con Arafat me llamó la atención una anécdota que pasó totalmente desapercibida. El enviado especial de una cadena de televisión gala en Ramala dijo, en una conexión en directo con los estudios parisinos, que en la ciudad palestina no pasaba nada y que sus habitantes estaban "como siempre". La presentadora, una joven periodista, se puso frenética: "¡Cómo que no pasa nada cuándo el líder palestino, que encarna la resistencia, se debate entre la vida y la muerte!", y le recriminó "¡Eso no puede ser". El corresponsal, supongo que temiendo su más que probable despido, empezó a balbucear que claro, que los palestinos de Ramala estaban inquietos, preocupados, y que si no se notaba en la calle es que "la procesión iba por dentro". Parece claro. Los palestinos de a pie ya han enterrado, sin pena ni gloria, a su "líder histórico". Los que aún se aferran a él y no quieren enterrarlo son los europeos, bueno, ciertos europeos.


El eclipse
César VIDAL
Quizá sea una impresión mía y como tantas otras precisamente por ello equivocada, pero tengo la sensación de que estamos viviendo un eclipse. Me refiero no a que no se vea la luz del Sol –aunque como Maragall logre que se transfiera su gestión a las comunidades autónomas ya podemos dar por fundido al astro rey– sino a que parece que los progres brillan por su ausencia. Entiéndaseme bien. No me refiero a los que han incrustado en los medios de comunicación del Estado para que hagan los mismos programas de hace un cuarto de siglo. Tampoco apunto a los que ocupan ya puestos en direcciones, ministerios y portavocías. No. Yo señalo más bien a aquellas masas que se lanzaron a la calle con la pegatina del «No a la guerra» y se autoconstituyeron en conciencia de la España oprimida por un Gobierno, el del PP, que creó más de cuatro millones de puestos de trabajo y recompuso el desaguisado económico perpetrado por el PSOE durante casi década y media. Recuerdo que en aquellas muchedumbres había catedráticos de dudosa solvencia científica, actrices de escasa vis cómica, cantantes de garganta cascada y periodistas que pensaban –¡pobres!– que eran treinta años más jóvenes. Eran, así, a bulto, unos cuantos y, sin embargo, no los veo. Esperé encontrarme con ellos en multitudinarias protestas contra el abandono del Sahara ante la agresión marroquí que han protagonizado Rodríguez Zapatero y Moratinos. Soñaba yo con ver gritar a determinado actor mientras su madre leía un manifiesto contra el imperialismo moro y algún presunto especialista en Rusia que no sabe ruso disparaba contra la agresión alauita. Cuál no sería mi sorpresa cuando se produjo el eclipse. Esperé también que se lanzaran a plazas y callejones en protesta por el envío de tropas a Haití bajo mando francés, pero, una vez más, eclipse total. Y entonces vino lo de Costa de Marfil. En este país africano, Francia está librando una terrible guerra colonial en la que las bajas se multiplican mucho más que en Iraq. Como es habitual en Francia, ni ha consultado a la ONU, ni le importa un bledo lo que pueda pensar la UE, ni necesita ningún respaldo internacional para desembarcar y repartir cera. De hecho, o mucho me equivoco, o en Costa de Marfil también acabará dirigiendo un verdadero genocidio como en Ruanda. Ahora sí, me dije yo. Ahora sí que se echarán a la calle y dirán lo de la unilateralidad y la resolución de la ONU y... Me equivoqué otra vez. Ni uno –se dice pronto– ni uno de los que se manifestaron en contra de acabar con la dictadura terrible de Sadam Husein ha dicho ni pío sobre Costa de Marfil. Quizá es que están muy ocupados en los nuevos puestos, o en administrar subvenciones. Quizá. O quizá, simplemente, es que los Derechos Humanos les han importado siempre un pito y lo que aborrecen es cualquier intento de defender Occidente de una amenaza histórica desde el comunismo al islam.


Francia-Costa de Marfil

Fin del sueño colonial
Alberto Míguez

Lo que está sucediendo estos días en Costa de Marfil podría interpretarse ni más ni menos como un taimado mensaje de Bush a su "amigo" Jacques Chirac. Donde las dan, las toman El sueño colonial que convirtió a Costa de Marfil en la más próspera, estable y presentable neo-colonia emancipada de Francia en el África subsahariana puede estar viviendo sus últimas semanas. La situación en la capital del país es caótica y algunas regiones se hallan completamente en manos de la guerrilla del Norte.

Las luchas tribales entre betés (la tribu del presidente Laurent Bagbo), diulas y mosis han alcanzado una ferocidad inédita. En la capital, Abidján –una urbe moderna y próspera–, la "caza al francés" o al blanco se ha convertido en un deporte popular que el contingente galo "Licorne" intenta a duras penas controlar. Nadie excluye que estas escaramuzas sean el prolegómeno de una guerra generalizada entre las poblaciones del norte, musulmanas y de origen burkinés (de Burkina Fasso) y las fuerzas armadas "regulares" del presidente Gbagbo, convertido ahora en paradójico partidario de que las tropas francesas se mantengan en el país tras haber lanzado a sus milicias (los "jóvenes patriotas") contra los casi veinte mil colonos allí instalados, que, entre otras cosas, se encargan de gestionar las plantaciones de café y cacao, el mejor del mundo. Costa de Marfil es todavía una suculenta factoría colonial para la metrópoli. Pero tal vez no dure mucho.

El modelo marfileño ha entrado en crisis como sucedió en otros países francófonos del África subsahariana. Sin demasiada razón, el régimen de Gbagbo acusa a Chirac de intentar derrocarlo cuando en realidad lo que hace es sostenerlo. El presidente actual sigue siendo el hombre de París y se mantiene en el poder gracias a la presencia militar gala.

La crisis es más profunda y afecta al modelo de los proconsulados posterior a la independencia que funcionó muy bien en la segunda mitad del siglo pasado bajo el estricto control de Francia. Países como Senegal, Mali, Congo-Brazzaville, Gabon, Burkina Fasso y un largo etc, son ejemplos de este modelo a la deriva

Costa de Marfil funcionó tan bien durante tantos años –los de Houphuet Boigny, el viejo, amigo íntimo del general De Gaulle– que se enseñaba a las visitas. Pero ahora se acabó. Francia deberá sustituir cuanto antes al procónsul, un demagogo con ciertos rasgos de demencia por otro menos incómodo como, por ejemplo, el economista Alessaane Uattara, que fue ya primer ministro, que ganó unas elecciones amañadas por Gbagbo y se encuentra ahora exiliado en Francia. Uattara es inteligente, sumiso y tiene una magnífica vitola internacional (fue vicedirector del FMI) que le convierte en el hombre de la crisis. Pero su madre era burkinesa y por tanto no es "marfileño" de pura cepa, lo que le convierte en un individuo peligroso y, por tanto, no elegible. Para colocarlo en el Palacio presidencial de Abidján, Francia deberá desprenderse de Gbagbo y sus "jóvenes patriotas", armados y furiosos. Lo que supondrá mucha más sangre y la destrucción inevitable del aparato productivo del país, ya bastante afectado.

Hay quienes ven en la lucha entre el presidente actual y su oponente Uattara una batalla de envergadura entre una Francia que se retira y unos Estados Unidos que se colocan porque tienen intereses estratégicos –y económicos– en la región. Lo que está sucediendo estos días en Costa de Marfil podría interpretarse ni más ni menos como un taimado mensaje de Bush a su "amigo" Jacques Chirac. Donde las dan, las toman. Por de pronto los "jóvenes patriotas" marfileños saquean y matan enarbolando una enseña americana. Por algo será.

domingo, 1 de junio de 2008

Odisea de un israelí español: epílogo

A modo de Epílogo
por Moshe Yanai

No soy escritor, a lo sumo un periodista que ha incursionado en otro campo, y espero que el relato haya podido presentar debidamente una situación tan poco agradable como en la que se vio mi familia en aquellos años. Desde luego, no presumo decir que fue una terrible desgracia: salir con vida en esa época nefasta para el judío europeo como fueron los años cuarenta, de por sí ya era tener suerte. Seis millones de correligionarios míos no la tuvieron, y entre ellos familiares de mi mamá en Francia y la pluralidad de los de mi esposa, ella misma superviviente del Holocausto. Espero tener la oportunidad de describir próximamente las peripecias sufridas por esa familia; en comparación con las que yo acabo de publicar, las nuestras fueron meras nimiedades. La diferencia reside en que nosotros vivimos bajo el régimen franquista en España, mientras que ellos tuvieron la desgracia de encontrarse en Grecia bajo la ocupación nazi. Que conste que hubo una gran diferencia.

Moshé Yanai en Barcelona

Quisiera precisar una cosa en forma llana y terminante. Nada de lo que se ha escrito es imaginario, ocurrió tal y cual se describe, con la salvedad de que haya algún pequeño detalle erróneo sin importancia. Además de mis recuerdos personales, he consultado una amplia bibliografía. He leído libros de los historiadores israelíes Haim Avni y y Bauer, he consultado muchas obras de la época en la bibliotecas de la Universidad de Tel Aviv y la de Beit Hatzefutzot, así como en la del Instituto Cervantes en esta ciudad, y he tratado de aclarar algún que otro detalle en mis viajes a España. Mi relato es verídico; yo soy responsable de lo que he escrito. Las declaraciones antijudías que cito de Francisco Franco, Serrano Suñer y de Queipo de Llano, han sido obtenidas de fuentes españolas impecables.

La Barcelona de los años 30 del siglo XX con sus padres
En base a este amplio estudio realizado puedo afirmar que el régimen franquista tuvo una tendencia anti-judía, por no decir antisemita. Lo dijo claramente Franco en varias oportunidades, lo que se puede verificar en la documentación que existe. Tampoco se puede poner en tela de juicio un hecho histórico: el dictador español salvó a judíos españoles. No tantos como hubiera podido, y muy a desgana y seguramente presionado por las circunstancias. Pero los salvó, y eso lo digo con pleno conocimiento de causa. Fue un cínico juego de intereses, pero permitió ahorrar vidas y esto es lo que cuenta. Es cierto que salvó vidas, pero no menos verdad que no que amparó a los judíos salvados. Una vez llegados a España, tenían que salir del país. Hasta que no lo hicieran, no entraría el próximo contingente. La nueva España no quería judíos en su sociedad; tal vez pensaba que podrían contagiar al resto de la población.

Con sus padres en Barcelona

Asimismo, el arresto y encarcelamiento de varias decenas de judíos de Barcelona y Madrid es un hecho histórico: el problema es que no ha sido debidamente documentado. Es por ello principalmente que he tratado de escribir lo que se ha leído; que yo sepa no lo ha hecho nadie más. Los recuerdos de esa época tan aciaga son tan dolorosos, que muchos supervivientes, en España o en el resto de Europa, no quieren hasta ahora acordarse de ellos. Mucho menos, hablar sobre el tema. Mi papá, por ejemplo, eludía referirse a ese tema. Se veía que le dolía mucho, en especial porque tenía tanto afecto por esa tierra. Decía que valía más mirar hacia el futuro.

Los sucesos que he relatado y mi condición de veterano israelí bien arraigado en este país, no han dado lugar a que le guarde rencor a España. Los españoles como tales se portaron muchas veces en forma decente. Incluso el comandante de un campo de concentración como el de Miranda de Ebro se habría tomado la molestia de preguntar a Madrid por qué habría de considerar a mi padre un preso peligroso, y luego le otorgó los mismos derechos que a los demás reclusos. El jefe de la policía de Cádiz hizo caso omiso de las órdenes que seguramente tenía, y mi padre y mi tío pudieron reunirse con su familia esos días de espera hasta el embarque, en lugar de languidecer en alguna prisión gaditana. Serán detalles marginales, pero para nosotros tuvieron una importancia capital, y afianzaron nuestro convencimiento sobre la hidalguía de ese pueblo como tal. Diferenciamos plenamente entre el régimen dictatorial y el proceder del pueblo español. Por eso me encanta cada vez que voz a mi ciudad natal, y por eso escribí hace poco en un periódico que “Barcelona es siempre buena” (“La Vanguardia”, sección “Página Abierta”, 08.09.05) Lo dije entonces y lo repito ahora. Que no se me acuse de anti-españolismo, puedo afirmar que he sido siempre un fiel embajador no acreditado para difundir en Israel todo lo bueno que a mi modesto modo de ver tiene ese incomparable país.

Agradezco a todos los lectores que escribieron para hacer conocer su parecer. Incluso a los que me criticaron. Pero repito una cosa: no creo haber inventado nada. Ya sé, dícese que quien dice las verdades pierde las amistades. Espero que no sea así en mi caso. Un cordial saludo a todos.

Moshé Yanai

(Nota publicada por Es-Israel)
Desde Es-Israel.org felicitamos a Moshé Yanai por su relato y la emotividad que nos ha transmitido en sus palabras y en su intimidad. También queremos hacer constar, a tenor de las discusiones; que incluso en el absurdo caso de que el régimen fascista de Franco no hubiese perseguido a los judíos -cosa que ya hemos visto que no fue verdad- ; el mero hecho de que fuese una dictadura que asesinó impunemente miles de personas, que prohibió lenguas, que apoyó al eje nazi-fascista, refugió nazis y los amparó de la justicia, merece todo nuestro desprecio y condena... y; por supuesto, nos repugna la idea de que alguien pretenda defenderla en nombre de la libertad y el amor a Israel y los judíos. Israel votó en su día contra la entrada de la España fascista a la ONU por todas estas razones...que no lo olvide nadie. En Es-Israel.org mantenemos la memoria

Odisea de un israelí español:capítulo séptimo

Tensión política
Por Moshe Yanai

Mientras tanto, pasaba lo que lamentablemente suele ocurrir con tanta frecuencia en este país: se estaba agravando la tensión política. Ello ante la negativa de Gran Bretaña de renunciar a su Mandato y cumplir con lo dispuesto en la famosa declaración Balfour de 1917, que como se ha dicho, prometía la creación de un “hogar judío en Palestina”.

El problema más urgente era encontrar asilo para los centenares de miles de personas desplazadas en Europa, supervivientes de la atroz tragedia que conocemos como la Shoá, u Holocausto.

Los muchachos de la Brigada Judía eran el principal instrumento para encauzar esa corriente hacia la Tierra Prometida, pero aquí tropezaban con el problema de las exiguas cuotas impuestas por el Libro Blanco, que habían detenido de hecho la inmigración judía. Se trataba de una medida para acallar las protestas de los árabes, evitar que perdieran su mayoría etnográfica en el país y “equilibrar” la política del Foreign Office en el Medio Oriente, aunque ésta de cualquier modo siempre tuvo un cariz netamente pro árabe.

La “inmigración ilegal” fue el principal instrumento de la lucha para restaurar el Estado Hebreo, iniciado con el retorno al terruño ancestral en las postrimerías del siglo XIX. Ello se debió, más que nada, a la agravación de los pogromos en Rusia y Polonia, que llegaron a acusar un alto nivel de víctimas. De hecho, Palestina no atraía a las masas judías por ser un país virtualmente asolado por siglos de abandono que habían convertido la “Tierra de Leche y Miel” bíblica en un verdadero páramo. La mayoría veía en el Nuevo Mundo liberal un refugio seguro, en donde el judío podría conservar sus tradiciones y gozar de la seguridad personal que le habían privado los cosacos y los antisemitas en el viejo continente.

La visión de Teodoro Herzl, el fundador del sionismo, de crear un Estado judío en estas tierras era considerado por muchos como una utopía atractiva pero muy poco práctica. ¿Qué podía hacer el judío en un país tan desolado como era la Palestina de aquella época? No tenía recursos naturales, no ofrecía trabajo alguno ni tampoco podía acoger a los millones de infelices que deseaban renovar su vida en un ambiente más propicio. Los pocos pioneros que llegaron al país llevaban una vida muy rústica y dura, tenían que luchar contra los elementos, las incursiones de los árabes locales, y la falta de medios de subsistencia.

La inmigración fue siempre el leit motiv del Sionismo, y demostró ser la llave para la creación del futuro Estado. El Holocausto había sido un terrible golpe para el judaísmo mundial: el asesinato de seis millones (de un total de dieciséis millones en todo el mundo que señalan los censos de 1937) era una pérdida irreparable, pero el hecho que entre los perecidos figurase un millón de niños parecía haber truncado toda posibilidad de recuperar lo perdido. Por otra parte, en EE.UU., el país que había acogido al mayor número de inmigrantes judíos, se evidenciaba una notable corriente de asimilación, que también contribuía a ese proceso. Lo mismo parecía ocurrir en la América Latina en general y entre la comunidad judía argentina, en particular. Pareciera ser que el judaísmo, aunque habría sobrevivido casi dos mil años de exilio, estaba ahora condenado a desaparecer.

Fue debido a la férrea voluntad de los idealistas que se prosiguió el proceso iniciado para concretar la aspiración milenaria de crear el Estado. Y, lamentablemente, otras circunstancias contribuyeron a plasmar lo que siempre constituyó una utopía. Decenas de miles de judíos que habían sobrevivido los horrores del Holocausto, andaban errantes por el continente europeo después de la guerra: no tenían a dónde volver, y los pogromos sucedidos en la Polonia de la posguerra era un ejemplo trágico de ese antisemitismo tan arraigado, sobre todo en Europa Oriental. Por lo tanto, se vieron en la obligación de encontrar un refugio alternativo. El Nuevo Continente era el más prometedor; los judíos de EE.UU. habían creado una comunidad muy próspera, y las posibilidades que ofrecía el país eran ilimitadas. Algunos preferían ir a la Palestina, a pesar de toda la problemática que involucraba este disputado país. Pensaban que allí podrían renovar sus vidas en un ambiente más acogedor; de hecho, habían perdido la confianza en el mundo cristiano; pensaban que siempre tendrían que hacer frente a ese azote que se conoce como el antisemitismo.

Esos judíos fueron reuniéndose principalmente en Italia, y en número inferior en las costas francesas, yugoslavas y griegas. Las cuotas de inmigración fijadas en 1939 por el Libro Blanco eran tan exiguas que no permitían solucionar el problema.

Entonces, en el verano de 1945, se inició lo que llegó a conocerse como la Haapalá, la inmigración ilegal organizada por la Haganá, la principal entidad subterránea del yishuv judío. Este movimiento contaba con el apoyo de todas las esferas judías, así como de una mayoría de la opinión pública mundial. Su lema era muy sencillo: los supervivientes del Holocausto tienen el derecho de renovar sus vidas en el suelo ancestral de este pueblo.

En el período agosto-diciembre de ese año zarparon ocho embarcaciones pequeñas de Italia y Grecia, que lograron zafarse del bloqueo marítimo impuesto por la potencia mandatoria. Pero a partir de enero del ’46 los ingleses incrementaron sus patrullajes marítimos y aéreos, y desde entonces lograron impedir el arribo de nuevos inmigrantes. Una tras otras, esas frágiles embarcaciones fueron avistadas por esas fuerzas militares, aprehendidas en alta mar y sus pasajeros detenidos.

En 1946 había unos 250.000 judíos en los campos de personas desplazadas en Europa, supervivientes del terrible Holocausto. No sabían a dónde ir; era una masa que llevaba terribles cicatrices, estaba aturdida por la terrible experiencia que había pasado. Decenas de miles de personas eran los únicos seres de familias enteras; no tenían ningún otro familiar en vida; todos habían sido exterminados. En marzo de 1946 una comisión anglo-norteamericana recomendó la admisión de 100.000 refugiados en Palestina, pero el Primer Ministro Attlee se opuso: el Foreign Office temía la reacción de los países árabes a semejante gesto. Se insinuaba con ello que se buscaran otro país a dónde ir, o se quedasen donde estuvieran: es decir, en la Europa en la que había sufrido tanto, y en la que el antisemitismo volvía a levantar la cabeza. Muchos judíos que había logrado conservar la vida regresaron a sus hogares. Pero ya nada tenían, carecían de todo: sus casas estaban ocupadas por otros, sus negocios ya no existían o eran propiedad de cristianos. Su presencia creó una ola de recelo y resentimiento; principalmente en Europa, en donde la minoría judía había sido tan grande. En la ciudad polaca de Kielce, que originalmente había tenido 18.000 judíos (el 40% de la población), quisieron regresar unos 200, pero fueron objeto de un verdadero pogromo en el que perecieron 40 de ellos. Europa nada quería saber de los judíos expulsados por los nazis; las naciones subyugadas por Hitler había logrado vencerlo, pero su antisemitismo seguía latente. Muchos fueron los que comprendieron que para el judío existían un sólo lugar: el futuro Estado de Israel.

Una de las primeras medidas adoptadas ese 14 de mayo del '48 fue abrir las puertas el país, que quedaron abiertas de par en par para todo judío que quisiera instalarse en país. Y llegaron inmigrantes en números sin precedentes. Primero los supervivientes del Holocausto, que en parte habían sido internados en Chipre, y otros que aguardaban en Italia y en otros países europeos. Luego los refugiados de los países árabes, principalmente de Irak y el Yemen, estos últimos en el marco de la llamada "Alfombra Mágica" Unos 50.000 yemenitas –casi toda la comunidad judía se ese remoto y primitivo país árabe- llegaron en alas de esos pájaros enormes, que como por encanto les llevaron de la Edad Media a la civilización moderna.

Más tarde arribaron de otros países, como de Bulgaria y Rumania. Empezaron a llegar los marroquíes y judíos de otros países árabes, como Túnez, Argelia y Libia. E incluso algunos pioneros sudamericanos animados por el reto sionista. Verdaderos idealistas que contribuyeron a labrar el nuevo Estado.

Por lo general esos inmigrantes arribaban hacinados en barcos y aviones, ansiosos de poner término a la pesadilla de un pueblo que había sido despreciado, humillado, pisoteado, y hasta asesinado con impunidad. Llegaron a decenas y centenares de miles. Casi medio millón en los dos primeros años. Vale decir, en ese período aumentó la población judía del país en un 60 por ciento. Esa masa inmigratoria era en su mayor parte indigente, que sólo tenía los miserables bártulos que había traído. A veces ni siquiera esto: sólo poseía la ropa que llevaba puesta. Había entre ellos gente culta, pero eran una minoría. La mayoría eran personas de condición muy humilde que no conocían o tenían una idea un tanto vaga de lo que era la civilización occidental. Y todos hablaban idiomas diferentes. La segunda versión de la torre de Babel. ¿Acaso en estas condiciones era viable crear un Estado normal?

Se planteaba el interrogante de qué hacer con tanta gente, cómo integrarlos, cómo enseñarles las modalidades básicas de vida del siglo XX. Pero ante todo, cómo suplir los elementos básicos para subsistir: casa y trabajo. Y no había dónde alojarlos. Faltaba de todo. Así es que se crearon esos campamentos de tránsito conocidos como maabarot. Surgieron en todo el país como hongos luego de la lluvia. Los inmigrantes vivían en tiendas de campaña con tan sólo los elementos más indispensables para subsistir. Hasta fines de 1951 ya se habían creado 140 maabarot, en los que vegetaban más de 200.000 almas. Y como no había trabajo, se enviaba a los hombres a realizar tareas de emergencia, generalmente en la forestación. Estos hermosos bosques que ahora se pueden admirar en muchos parajes de Israel, fueron plantados y cuidados por esos infelices inmigrantes.

La vida en la Tierra Prometida

Afortunadamente, nosotros no estábamos en condiciones tan precarias. En cierto modo, después de siete años, ya éramos olim vatikim, inmigrantes veteranos. Nos habíamos mudado y vivíamos, mis padres y yo, en una vivienda mejor, en el último de los tres pisos de una casa en el mismo barrio. Es cierto que, como la anterior, también consistía de una sola habitación de tres metros por cuatro, pero contaba además de una cocinita. Un tanto minúscula es cierto, pero tenía... agua corriente. También teníamos un cuchitril que era la ducha y retrete que cumplía de algún modo su función, siempre y cuando no le importara a uno lavarse con agua fría y no fuera demasiado obeso. Debo confesar que la casa era un tanto tosca, pero en nuestra situación no prestábamos demasiada atención a las apariencias. Teníamos donde vivir y un techo bajo el cual se podía dormir. Lo importante es que disponíamos de un lugar para sentarse y tomar el aire durante la época del calor estival. Se trataba de hecho del corredor y único acceso para llegar a los tres departamentos adicionales y similares que había en ese piso, de modo que uno tenía que levantarse cada vez que el vecino quería pasar. Desde luego que no teníamos tantas pretensiones como para contar con electricidad: nuestra parte del barrio todavía no estaba conectada a la red. Así es que para cocinar teníamos el famoso primus, el famoso hornillo a kerosén que en cierto modo era la mejor característica de la existencia israelí de aquellos tiempos. Para el alumbrado, que otra cosa mejor que la lámpara a base a ese carburante. Pero no dejaba de ser una casa de tres pisos. No se puede decir que subíamos los toscos escalones hasta el tercer piso en donde vivíamos, teníamos que treparlos con mucho cuidado porque eran un tanto desiguales y no había barandilla, de modo que a gente mayor no le entusiasmaba la idea de venir a visitarnos, lo que tal vez no dejaba de ser una ventaja... Desde luego había sido edificada teniendo sumo cuidado en no despilfarrar dinero. Así es que cada vez que el vecino agarraba un catarro lo sabíamos en seguida: las paredes eran tan sutiles que se le escuchaba perfectamente, ya tosiera como estornudara. Y cuando alguien movía un mueble o algo pesado, nos preguntábamos si acaso estaba ocurriendo un seísmo. Además, cada invierno se nos ofrecía la oportunidad de cambiar de panorámica: de vista terrenal a paisaje acuático. Sí, efectivamente, cada vez que llovía un tanto se inundaba todo el barrio. Y cuando digo inundar, me refiero a que el agua llegaba a veces a un metro de altura. Desde luego la calle no estaba empedrada, era un polvoroso camino que en la época de las lluvias se convertía en todo un lodazal.

No parece haber sido una vivienda ideal, ni tampoco lo era. Pero teníamos la ventaja de que lo tomábamos todo con un grano de filosofía. Por un lado porque no había otro remedio y también porque teníamos fe. Confiábamos en que el futuro nos depararía algo mejor. Y como éramos una sarta de ingenuos, no organizamos manifestaciones ni enviamos pedidos perentorios a la Agencia Judía o a cualquier otra autoridad. Así es que nos arremangamos los brazos y nos pusimos a trabajar en serio. Y en un momento dado pudimos salir de lo que era, en el pleno sentido de la palabra, un barrio miseria.

Cuando se contempla en retrospectiva lo ocurrido en esa época, hoy se puede afirmar que aunque las maabarot eran la única solución viable, resultaron ser una pésima experiencia. Tuvieron una repercusión traumática al labrar el carácter de los nuevos inmigrantes. La gente de hecho no hacía nada, los subsidios estatales, por muy reducidos que pudieran ser, permitían una mínima subsistencia. Algunos psicólogos discuten apasionadamente las repercusiones que habrían tenido esos campos de inmigrantes en la sociedad israelí. Muchos estiman que sus efectos se hacen sentir hasta hoy, y no en un tenor positivo. Eventualmente fueron reemplazadas por los llamados pajonim, una suerte de barracas de madera y chapas de latón, hasta que se llegó al shikún amamí, la vivienda popular que era el tipo de edificación más simple y barata, pero que en comparación con sus antecedentes constituía una casa de lujo en aquellos tiempos.

Pasaron los años, me había convertido en adolescente y concebía muy seriamente los problemas de integración. Me sentía solo, apenas si tenía amigos. Los jóvenes de nuestro grupo llegado en el "Nyassa" eran todos mayores, y no podría pretender ser bien mirado alguien que era considerado una criatura, además de ser un tanto retraído. No hay que olvidar que a esa edad, la diferencia de unos años adquiere un carácter abismal. Además, había otro problema. Aunque seguían hablando en el español traído del extranjero, éste ya no era tal. Tal vez sin darse cuenta lo estaban convirtiendo en ladino, el tradicional judeocastellano de tinte cervantino, conservado por los sefardíes a través de siglos de exilio de la España de los Reyes Católicos. Confieso que no pretendía tener una educación muy esmerada, porque la guerra y otras circunstancias no me permitieron cursar estudios ordenados. Pero tenía especial orgullo en el modo como hablaba en mi lengua natal, y no toleraba ninguna alteración. Eso me habría causado no pocos disgustos; quienes hubieran podido ser mis amigos, estimaban que era un respingado y presuntuoso que se daba aires: "No uses palabras tan técnicas", me habían dicho irritados más de una vez. Para ellos "la técnica" era el empleo de voces que no figuraban en su limitado vocabulario, que sin darse siquiera cuenta se reducía cada vez más. Hasta tal punto, que preferí alejarme de ellos: bien lo dice el refrán: más vale ir solo que mal acompañado.

Pero ello no era una solución; sino más bien un castigo. Fueron años difíciles en el ámbito social. Hasta que conocí a dos hermanos también llegados en el "Nyassa", que se alojaban no lejos de mí. La familia Goldenhirsh: la abuela, la madre y los dos hermanos. Ella, Yvette, unos años mayor que yo; él, Maxim, casi de la misma edad. Como nosotros, eran refugiados perseguidos por el régimen franquista. El padre, un hombre de izquierda había desaparecido cuando las tropas fascistas conquistaron Cataluña. Procedían de Alemania y hablaban ese idioma, amén del francés. Su castellano también era perfecto. Hubo de entrada una sensación de simpatía; para empezar, compartíamos una afición: la lectura. Y a todos nos gustaba escribir. Claro, cosas de adolescentes, pero era una de las mejores distracciones a las que podíamos aspirar en la estrecha situación económica en que nos encontrábamos. Además, en un ambiente que nos resultaba totalmente ajeno, poco era lo que podíamos pretender. Pasé horas muy agradables conversando con ellos; me aconsejaron empezar a leer en inglés, un idioma que estaba estudiando en la Berlitz. Habíamos agotado todo el reducido material de lectura traído de Barcelona, y no podíamos quedarnos sin nada que leer. El hebreo que conocíamos todavía era demasiado superficial, y los temas encarados por la literatura de entonces nos eran desconocidos. ¿Dónde estaban los libros de Julio Verne que tanto nos habían excitado en nuestra niñez? De modo, que ni corto ni perezoso empecé a tratar de leer en otro idioma: Somerset Maugham y Agatha Cristie fueron los dos autores con los que irrumpí en el ámbito anglosajón. Le siguieron Perl Buck y otros autores populares de aquella época. La tarea fue difícil: para empezar tropezaba con serios problemas: apenas comprendía un tercio de lo leído, de modo que era necesaria mucha imaginación para complementar el resto. Más tarde la situación ya mejoró un tanto; entendía la mitad y me imaginaba la otra, hasta que finalmente me acostumbré a la idea. Por fin, años después, en un momento dado me quedé sorprendido: pensé que leía algo en castellano cuando de hecho el libro que tenía en mis manos era en inglés… Con el tiempo me acostumbré también a leer en hebreo. Por lo tanto, en este aspecto me considero una persona afortunada: puedo leer en tres idiomas diferentes. Claro, no es una cosa del otro mundo, pero en vista de las circunstancias, me siento satisfecho de haber conseguido algo que para mí tiene particular importancia: ser multilingüe.

Bajo el régimen del Mandato Británico

Así transcurrieron varios años desde nuestra llegada a Haifa en febrero de 1944. Sufriendo todas las tribulaciones propias de unos refugiados que tuvieron que desarraigarse del medio en que vivían, para rehacer su vida en un ambiente desconocido y, en cierto modo, hasta reticente a aceptarlos. Además, en el ámbito nacional ese período no fue particularmente tranquilo. Si bien en mayo de 1945 concluyó la guerra en Europa, la alegría por la victoria de los aliados quedó ensombrecida por las noticias que llegaban sobre los horrores del Holocausto. Comenzaba entonces a saberse la envergadura del genocidio nazi que había costado la vida a seis millones de judíos en toda Europa. Así es que cuando terminaron las hostilidades, David Ben Gurión escribió desde Londres el 8 de mayo de 1945: “Es el día de la Victoria; pero es triste, muy triste”. Mientras tanto, la comunidad judía de Palestina, el llamado yishuv, estaba sumida en la incertidumbre: no parecía previsible la solución de los graves problemas que acosaban al país, concretar el anhelo de disponer de un lugar seguro en Eretz Israel, la Tierra de Israel, entonces bajo el mandato británico. No se veía medio alguno de poder cumplir el sueño milenario de regresar al solar ancestral.

Como en la mayor parte del mundo, el país atravesaba por una serie de problemas derivados de la guerra mundial. Pero, en particular, se agravaba cada vez más la lucha por la independencia del Estado judío, el Hogar prometido por la potencia mandataria. Se insistía en el derecho de reconstruir una nación hebrea para reunir en ella al pueblo errante, tan castigado durante dos milenios de dispersión. Además, se planteaba la angustiosa situación de centenares de miles de refugiados judíos deportados que no tenían a dónde regresar. Ningún país deseaba acoger a esos infortunados supervivientes de los horrores nazis y, de cualquier modo, para muchos de ellos la solución era llegar a la única tierra que les prometía un futuro. Pero el fin de la guerra no solucionó el problema: Londres se resistía a cumplir con la promesa hecha por la Declaración Balfour. Estaban en juego intereses que tenían que ver con la magnitud del mundo árabe, ante la insignificancia numérica de un pueblo que había perdido a un tercio de su gente. Por eso se aventaron las esperanzas, y se mantuvieron con todo rigor las disposiciones del Libro Blanco, que restringían en gran medida la inmigración y limitaban la colonización judía. Era una política para minimizar la presencia judía en el país, mientras que el crecimiento vegetativo árabe y la inmigración ilegal de musulmanes de países vecinos, acentuaba el desequilibrio demográfico a favor de los árabes locales.

Las medidas de protesta se ampliaban cada vez más, y como adolescente que era no podía ser ajeno a la efervescencia que cundía en el país. Muchas veces, patrullas británicas detenían a jóvenes en la calle y les pedían documentación. Muy joven, a los catorce años, papá ya me había llevado a las oficinas del Gobierno mandatario para que me emitieran la tarjeta de identidad. En mi caso era peligroso moverse sin ese documento, ya que incluso a esa edad aparentaba ser mayor. ¡Cuántas veces me detuvieron los militares británicos, y me pidieron ver mi credencial! ¡En cuántas ocasiones me examinaron sospechosamente los agentes de la policía secreta, pensando que tal vez integraba algún movimiento militante! Los atentados se multiplicaban, aunque la fuerza clandestina principal, La Haganá, se oponía recurrir a medidas que causaran víctimas; dañar las instalaciones militares, los medios de comunicación, esos sí eran objetivos legítimos, siempre y cuando se realizaran sin derramamiento de sangre. La rivalidad entre esta organización y los núcleos extremistas Etzel y Leji era muy grande. Es mucho lo que se ha dicho y hablado sobre el particular, de modo que no me extenderé sobre un capítulo que causó tan dolorosas divisiones en el seno de la comunidad judía.

Nosotros estábamos en una situación un poco extraña. Vivíamos sucesos históricos, pero en realidad no nos dábamos cuenta del proceso vital que se estaba desarrollando. Careciendo de radio y todavía desconociendo el idioma, nos encontrábamos apartados de la actualidad; teníamos una vaga idea de lo que ocurría, pero no sabíamos los detalles. De cualquier modo, en aquella época cuanto menos se supiera, mejor; la mayor parte de lo que se hacía era de carácter clandestino y no para ser revelado. Claro que la población veterana sabía mucho más porque las noticias se divulgaban de boca en boca; pero nosotros, como nuevos inmigrantes, estábamos un tanto al margen de lo que sucedía. De repente, una mañana nos vimos rodeados por tropas inglesas. Nadie podía salir de casa e incluso asomarse al balcón era peligroso. Se había impuesto el “Otzer Hagadol” el gran toque de queda que duró tres días: del 30 de julio al 2 de agosto. Recuerdo todavía vivamente los anuncios que se escuchaban de los altavoces de los vehículos militares que recorrían las calles: “nadie puede salir de casa, y quien lo haga arriesga su vida”. No sabíamos siquiera la razón de esa medida extrema. Hasta que unas horas más tarde llegaron los soldados ingleses: nos sacaron a todos en forma bien brusca y registraron nuestra modesta habitación que era todo lo que teníamos por vivienda. Recuerdo que cuando me volví para ver si mis padres me seguían, una de esas “boinas rojas” me propinó un severo golpe en el hombro con la porra. Las cosas iban en serio, y cualquier movimiento sospechoso era motivo de represalia. Los militares no trataban con guantes de seda a la población civil: éramos los enemigos y constituíamos una amenaza para ellos. Fuimos separados de las mujeres y nosotros, los hombres, llegamos a un solar en donde ya había centenares de personas: habían sido ordenados en filas para ser interrogados. Lo primero era necesario mostrar la documentación: quienes no la tuvieran, eran inmediatamente arrestados y enviados a lugares de reclusión. Luego, agentes de la policía secreta en civil nos examinaban de pies a cabeza y comparaban nuestros rostros con los que aparecían en unos volantes: eran de los sospechosos que pretendían capturar.

En el lugar había una preocupación general por saber cuál sería el desenlace de esa redada, y los rumores se multiplicaban cada vez más. Estábamos en pleno verano y hacía un calor infernal. Físicamente, lo que más no afectaba era la falta de agua y de servicios sanitarios. Nos encontrábamos en un lugar abierto sin sombra alguna, expuestos al tórrido sol del mediodía. Quienes, como nosotros, no habían tenido la prudencia de llevar algún sombrero, tuvieron que cubrirse la cabeza con el pañuelo o hasta con la camisa. Unas horas más tarde, los considerados inocentes volvimos a casa. Allí encontramos a mamá: las mujeres mayores habían sido sometidas a un trato menos riguroso; luego de ser identificadas, en general fueron llevadas de regreso a sus hogares. La “casa” estaba revuelta como si hubiera llegado un tifón, y hasta la pequeña nevera en el rincón tenía la puerta abierta. Desde luego, no había quedado ni pizca de hielo, y la comida preparada se había echado a perder. Además, quienes habían registrado la casa buscando seguramente armas, se había entretenido comiendo las pocas naranjas que nos había quedado. Todavía deberíamos permanecer encerrados otros dos días; mucha gente se quedó sin tener lo qué comer; nosotros, prevenidos de las tribulaciones de la Guerra Civil en España, racionamos nuestras provisiones y fuimos de los pocos que pudimos resistir de uno u otro modo los rigores de esa severa medida militar. Por lo menos, al margen de los sustos y otros inconvenientes, no pasamos hambre propiamente dicho.

En realidad, no era la primera vez que se nos sometía al toque de queda, una medida aplicaba frecuentemente por las autoridades inglesas. En otra ocasión sucedió que guardaba cama con anginas. Pero esa mañana me había sentido mejor y hasta me había bajado la fiebre. Mientras tanto escuchábamos los vozarrones de la soldadesca que con particular brutalidad sacaba a todos los hombres de las casas, y no sabíamos cuándo y cómo regresarían. No tardaron de llegar a la nuestra, con un talante para asustar a cualquiera. De algún modo recurrí a mi incipiente inglés para decirles que estaba “ill” y tenía “fever”, y junto con mis padres formamos un coro muy sonoro que asombró a los soldados que irrumpieron en la habitación. Con gritos y gestos mis padres les hicieron comprender que no les permitirían sacarme del lecho, y hasta tal punto armamos barullo que no tuvieron otro remedio que llamar al médico. Así estábamos los tres frente a dos enormes soldadotes armados hasta los dientes, y ello no obstante un tanto cohibidos por la “resistencia” de un adolescente y dos personas mayores. Una hora más tarde llegó un oficial que me examinó. Le mostré la garganta y eso fue suficiente prueba para que confirmara mi enfermedad y, como no había posibilidad de otra atención médica, incluso me dio algún medicamento. De modo que en última instancia se llevaron solamente a papá, el pobre, que sin embargo regresó pronto diciendo que la identificación había sido más rápida y menos rigurosa. Y todos tan contentos: habíamos pasado indemnes otra nueva prueba. Claro que no sabíamos lo que estaba todavía por llegar.

Uno de los sucesos más trágicos de esa época fue el ataque contra el Hotel King David de Jerusalem, que servía como cuartel general de las fuerzas británicas en Palestina. El operativo que era obra de Leji, la organización menor de la resistencia judía y la más extremista, causó 91 víctimas, entre ingleses, judíos y árabes. Posteriormente se argumentó que el propósito no había sido causar pérdida de vidas humanas, pero la militante que debía advertir por teléfono sobre el inminente atentado no pudo llegar a hablar con alguien responsable, y la advertencia cayó en oídos sordos.

La actitud del poder mandatario adquiría entonces ribetes de un serio antisemitismo. El 30 de julio de 1946 el comandante de las fuerzas británicas en Palestina, General Barker, publicó una orden del día a sus soldados en la que les exhortaba a no fraternizar con la comunidad judía, y agregaba: “El bolsillo es el aspecto mayormente sensible de la raza judía”. El 13 de junio los británicos agravaron sus medidas, y decidieron internar en campos de concentración de Chipre a los inmigrantes ilegales, que hasta entonces esperaban en el país a que les llegara el turno de la exigua cuota de inmigración para poder entrar oficialmente al país. Supimos que el primer barco, el Henrietta Szold, había sido interceptado: los “ilegales” hicieron frente a los soldados que abordaron la “nave (era un pequeña embarcación de madera de unas 250 toneladas habilitado para esa finalidad) con 543 judíos procedentes de Grecia, inclusive 200 niños. Las tropas tuvieron que recurrir a la fuerza para capturar el barco: los inmigrantes en su mayor parte supervivientes de los campos de exterminio, hicieron uso de todo lo que tenían a mano para agredir a los atacantes, y resistieron valientemente hasta que fueron reducidos por los gases lacrimógenos.

Las noticias sobre el particular encendieron los ánimos del yishuv. Se organizaron mítines de protesta en todo el país, y grandes masas de residentes veteranos desfilaron por las principales calles de Tel Aviv, luego de escuchar los militantes discursos de los dirigentes en la plaza Habima. Yo no podía faltar en esa demostración y formaba parte de la concentración humana que desfilaba por las calles de la ciudad exclamando una y otra vez “Aliyá jofshit, mediná ivrit” (Libre inmigración y Estado judío). Hubo algún acto de violencia cuando llegamos a la plaza Múgrabi, en el centro mismo de Tel Aviv en donde había una tienda de comestibles inglesa llamada Spinneys, cuyo escaparate quedó hecho añicos por nuestras pedradas. Pero todo terminó sin mayores incidentes: los efectivos ingleses alertados no intervinieron. Bien recuerdo que regresé a casa tan afónico que ni siquiera pude responder a las preguntas de mis padres. Lo que no sabía entonces es que al margen de mis inquietudes patrióticas, tenía un interés personal en ese suceso: en el barco en cuestión había llegado quien debería ser más tarde mi esposa…