jueves, 7 de junio de 2007

La Guerra cuarenta años después

Netanyahu: "Hasta el '67 nos podían haber tirado al mar"
El líder de la opisición y del partido Likud, Biniamín Netanyahu, dijo que "el principio automático de retirada a las líneas de 1967 no es justa, no es moral y es muy peligroso para el Estado de Israel". En una convención por los 40 años de la resolución 242 y la Guerra de los Seis Días agregó: "Debemos exigir fronteras defendibles, que casi no incluyan nueva población árabe".
En un encendido discurso dijo hoy Biniamín Netaniahu, candidato a primer ministro por el Likud en próximas elecciones, que "desde los Seis Días el mundo árabe intenta bajarnos de las montañas de Judea y Samaria (Margen Occidental), pero mientras estemos sobre esos montes, no se nos puede vencer".
En una convención del Centro Jerosolimitano de Asuntos públicos y de Estado en Jerusalem, dijo Netanyahu que "la Guerra de los Seis días fue un punto de viraje en el que pasamos de ser un estado embrionario y frágil, cuya existencia está puesta en tela de juicio, a un estado al que no se lo puede vencer".
La convención se dedicó al tema de la resolución 242 de la ONU, que trazaba líneas para la solución del conflicto en el Medio Oriente. "Hasta 1967 podían empujarnos al mar" dijo Netanyahu en su discurso. "Esa posibilidad existía. Nuestra invencibilidad nos hizo pasar de la guerra a la paz. Esa fue una condición necearia para generar que parte del mundo árabe reconociera la existencia del Estado de Israel y su derecho a existir. Hoy el proceso de paz se encuentra en retirada debido a las retiradas unilaterales del Líbano, de Gaza y la Segunda Guerra del Líbano".
Durante su mandato como primer ministro Biniamín Netanyahu detuvo la dinámica del proceso de Oslo por entender que los palestinos no estaban cumpliendo su parte. Al aplicar el principio de la reciprocidad, acuñó una frase que se hizo famosa: "Si dan, recibirán, si no dan, no recibirán".
El titular de la oposición indicó que "el principio automático de retirada a las líneas de 1967 no es justa, no es moral y es muy peligroso para el Estado de Israel. Debemos exigir fronteras defendibles, que casi no incluyan nueva población árabe, y si soy elegido, impulsaré un acuerdo tal que sea apoyado por Egipto y Jordania".
http://www.povesham.com

Las consecuencias de la victoria israelí
La sorprendente victoria israelí en la Guerra de los Seis Dias, según los árabes, es la culpable de muchisimos de los males que sufren, ya lo anticipó un editor de Al-Jazeera y ahora lo reafirma Wael Abdel Fattah, un columnista en el semanario independiente egipcio, El Fagr:
El columnista egipcio Wael Abdel Fattah escribió en el semanario independiente Al-Fagr que los árabes culpan a la derrota por “todo” - desde “el aumento de precios, dictaduras, extremismo religioso, violencia sectaria y hasta impotencia sexual”
No es la primera vez que acusan a los judíos de tener la culpa de todo.

Acercándonos a 40 años de
LA GUERRA DE LOS SEIS DIAS
Moshé Korin
A principios de Junio de 2007 se cumplirán 40 años de la Guerra de los Seis Días. Como en cualquier país democrático, se abren archivos, se develan secretos de Estado, protagonistas directos e indirectos exteriorizan pensamientos, reminiscencias, dudas, que hasta hace algunos años atrás no comentaban ni escribían.
Creo que vale la pena informar acerca de estas reflexiones, a veces contrastadas con la historia oficial.
¿Por qué y de qué manera estalló la Guerra de los Seis Días? La explicación oficial, ésa registrada en la mayoría de los libros de historia y que aprendemos en la escuela, sostiene que la guerra comenzó como una reacción ante el acantonamiento de fuerzas del ejército egipcio en la Península del Sinai, la clausura del estrecho de Tirán a las embarcaciones israelíes, un pacto militar árabe en contra de Israel, y el retiro de las fuerzas de la ONU de la Franja de Gaza. Estas agresiones comprometían la seguridad de Israel, explican los libros de historia, y por lo tanto Israel lanzó una guerra para terminar con la amenaza a su existencia. Obviamente, la brillante victoria en la guerra también se menciona, así como el hecho de que la misma cambió el mapa del país: Jerusalem fue reunificada, la meseta del Golán, el valle del Jordán, Judea y Samaria, la Franja de Gaza y el Sinaí pasaron a manos del Estado de Israel.
Un libro de reciente publicación llamado “1967, y el país cambió su rostro”, escrito por el historiador Dr. Tom Segev (Editorial Keter), creo que resume y representa el pensamiento de algunos historiadores, periodistas e intelectuales israelíes y echa nueva opinión sobre muchos aspectos de aquella guerra que gravitara de tal manera sobre la configuración de Israel, tanto a nivel físico como espiritual y social.
Cinco años le insumió al Dr. Segev la escritura del libro. Hurgó en 25 archivos diferentes; leyó miles de cartas privadas escritas por israelíes a sus familiares en el exterior; revisó diarios personales; y echó un vistazo a actas de sesiones gubernamentales aún no dadas a conocer. El resultado es un grueso volumen, que no versa sobre una guerra, sino sobre un pueblo y una nación en un Estado pequeño y con determinación, pero al mismo tiempo atemorizado y desesperanzado. El libro revela cómo vivieron los israelíes aquel año decisivo de la guerra: dónde vivían, qué compraban, cómo se divertían, qué comían, qué vestían y, en especial, qué sentían respecto de su vida y su futuro en Israel.
En el dorso del libro se transcriben dos chistes, que de hecho lo dicen casi todo acerca del proceso por el que atravesó la sociedad israelí en la época de la guerra. El primero, nacido antes de los Seis Días, cuenta de un cartel colgado junto a la puerta de salida en el aeropuerto de Lod, hoy “Ben Gurión”, en el cual se solicita al último en abandonar el país que apague la luz. La segunda humorada tuvo su origen después de la guerra, y gira en torno a dos oficiales de “Tzahal” (Ejército Israelí) que piensan en cómo pasar el día. “Tal vez podríamos ocupar El Cairo”, propone uno de ellos; -¿y qué haremos por la tarde?”, le responde su camarada.

De la buena vida a la recesión
Al primer capítulo del libro, Segev lo titula “Los días del Susita” En él refiere la sensación de optimismo imperante en el país aproximadamente durante los dos años que precedieron a la guerra. “Desde la Campaña del Sinaí (en los años 1956/57), los israelíes vivían inmersos en una sensación de seguridad, creían que la vida se tornaba cada vez mejor, y que así sería también en lo sucesivo. A mediados de los sesenta realmente parecía que Israel marchaba de logro en logro, prácticamente en todas las áreas de la vida”.
Y el país conoció en aquellos tiempos la bonanza y el crecimiento. La ciudades se expandían a un ritmo acelerado; se levantaban edificios; se abrían museos; se creaban universidades; la vida cultural era rica; incluso se inauguró entonces el nuevo edificio de la “Kneset” (Parlamento).
Pero, a comienzos de 1966, cambió la sensación positiva. “Un nuevo término se enseñoreó sobre la vida: mitún ( recesión)”. La situación económica comenzó a decaer. Las causas de ello eran muchas y diversas: la reducción de la inmigración (aliá) al país; disminución de la demanda de viviendas; descenso en las inversiones; la finalización de grandes proyectos que empleaban a mucha mano de obra (tales como la construcción del acueducto nacional, los trabajos de desarrollo en las plantas del Mar Muerto), etc. “Las fisuras en el optimismo israelí creadas por la recesión se profundizaron rápidamente”.

Popular automóvil producido en Israel a comienzos de la década del ´60

A la sombra del terror
Segev ofrece una fascinante descripción de los grupos poblacionales que vivían entonces en el país, con todos sus cismas y divisiones, tan conocidos para nosotros también en la actualidad: asquenazíes frente a sefardíes, pobladores de “kibutz” frente a los de ciudades en desarrollo, árabes frente a judíos, religiosos frente a laicos. A continuación pasa a describir otra situación conocida hasta el dolor: la vida cotidiana en el país a la sombra del terror.
Durante los 18 meses que precedieron a las Guerra de los Seis Días, se ejecutaron en Israel cerca de 120 actos y tentativas terroristas, escribe Segev. En dichas acciones murieron 11 israelíes y más de 60 resultaron heridos. “Como fenómeno permanente en la rutina cotidiana de los israelíes, el terror profundizó la depresión generalizada. Su efecto psicológico, así como el de la recesión, superaba con creces la verdadera incidencia, pero del mismo modo que les era difícil vivir con la recesión, sentían los israelíes que no se podía coexistir con el terror”.
En enero de 1965, entra en escena un nuevo actor: la organización Al-Fatah. Al principio los israelíes subestimaron el poder de los palestinos. Estos no eran considerados un auténtico enemigo, comparados con Siria o Egipto. A fines de Septiembre de 1967 los medios israelíes daban cuenta por primera vez de “un oficial de operaciones de las bandas armadas del Fatah”, un palestino sirio llamado Yasser Arafat. El gobierno comenzó a prestar atención al terrorismo palestino, un terror puesto en práctica por jóvenes, que habían sido niños cuando sus padres huyeran o fueran expulsados de sus casas en 1948, y que habían vivido desde entonces como refugiados.
Los ataques terroristas sobre Israel se intensificaron. El interrogante acerca de la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos surgía una y otra vez. Paralelamente, “Tzahal” era percibido a ojos del público como un ejército fuerte y moral; los periódicos cultivaban la admiración por el ejército y los jóvenes daban como sobreentendido el hecho de que debían servir en las fuerzas armadas. “En el ambiente de depresión y escepticismo que atormentaba a Israel, “Tzahal” era prácticamente el único ente que gozaba todavía de la confianza popular”, afirma Segev.
Otro tema que mantenía ocupado al público en Israel eran los límites del país. La Jerusalem dividida, que las naciones del mundo se negaban a reconocer como capital de Israel; los límites fijados durante la Guerra de la Independencia y que estaban tan lejos del sueño sionista original; las luchas partidistas y políticas en torno a estos temas, etc.
A comienzos de 1966, los sirios lanzaron obuses sobre “kibutzim” en la frontera norte. Los habitantes descendieron a los refugios; algunos “kibutznikim” (habitantes del Kibutz) continuaron trabajando en los campos a pesar del peligro; la fuerza aérea israelí derribó un avión sirio, y analistas militares dictaminaron: Siria arrastra a Israel hacia una guerra. El conflicto con los sirios tenía lugar en tres planos: la lucha por el agua y los intentos de los sirios por desviar las aguas del río Jordán, un conflicto por el cultivo de tierras en los terrenos linderos con la frontera común, y las acciones de Al-Fatah, realizadas con el patrocinio de Siria. El enemigo sirio era percibido como la gran amenaza, mucho mayor que la jordana o la egipcia.
A todo esto, los actos terroristas proseguían. Los perpetradores palestinos llegaban no sólo de Siria, sino también de Jordania. Colocaron cargas explosivas sobre las vías del ferrocarril que conducía a Beer-Sheva, dañaron la torre de agua de Arad, etc. El ejército sirio, por su parte, intentaba impedir a los “kibutzim” del norte trabajar sus campos.
En Abril de 1967 fue puesta en acción la Fuerza Aérea israelí a fin de permitir a los agricultores cultivar sus tierras en la frontera norte, y aquélla derribó seis Migs sirios. Los diarios israelíes festejaron el logro. “No fue ésta la mayor acción contra Siria que exigiera el ejército, pero ella ocasionó una escalada dramática en la tensión. El Primer Ministro Levi Eshkol sabía que el ejército procuraba precisamente eso. Tenía fundamentos para creer que el empleo de la Fuerza Aérea ocasionaría esto. [...] Pero Eshkol no era lo suficientemente fuerte ni audaz como para frenar al ejército, y seguramente tampoco estaba completamente convencido de que esto era lo adecuado. Como telón de fondo, siempre estaba la necesidad de demostrar que no era él el hombre débil que describían sus enemigos. Y así fue como Eshkol permitió al ejército acelerar una dinámica que era contraria al interés nacional más básico de Israel: evitar una guerra”.

Hacia la guerra
De aquí en más los acontecimientos siguieron desarrollándose con rapidez. Segev describe los festejos por el 19no. Día de la Independencia, llevados a cabo en Mayo; fue entonces cuando se difundió por vez primera la canción “Ierushalaim shel-Zahav” (Jerusalem de oro) de Naomi Shemer, la cual causó una enorme emoción. En aquel mismo momento, los egipcios comenzaron a movilizar grandes contingentes en el Sinaí, e incluso exigieron a la ONU que retirara sus fuerzas de esa zona. En Israel estas medidas fueron interpretadas fundamentalmente como un intento egipcio por impedir una ofensiva israelí sobre Siria, e Israel comenzó a alistar a sus reservistas.
A mediados de marzo aproximadamente, la Sección de Inteligencia modificó su evaluación, e informó que el ejército egipcio estaba dispuesto no sólo para la defensa, sino también para una ofensiva. Para la inteligencia, el objetivo principal de los egipcios era el reactor nuclear de Dimona. El Jefe del Estado Mayor Conjunto, Itzjak Rabin describió ante Eshkol los planes militares: atacar a la Fuerza Aérea Egipcia, luego a los blindados, y finalmente apoderarse de Sharm Al-Sheij. Ambos acordaron aguardar hasta haber probado todas las vías diplomáticas.
A todo esto, fue en aumento la preocupación en Israel porque los egipcios bloqueasen el Estrecho de Tirán. Esta preocupación se materializó el Martes 23 de Mayo. El ejército exigió actuar de inmediato y salir a una guerra en varios frentes. Pero Eshkol no había perdido todavía las esperanzas en las tratativas diplomáticas. Durante la sesión de gabinete, Rabin dijo a los ministros que si Israel no respondía ante el cierre del estrecho, perdería su capacidad disuasiva. Los ministros estaban divididos en sus opiniones entre la necesidad de una acción militar en frentes múltiples por un lado, y la contención y espera de lo que habría de venir por el otro.
Los días transcurrían con lentitud, y la tensión iba en aumento. Los militares intentaban una y otra vez persuadir al gobierno de que era necesario atacar, y que era preferible hacerlo cuanto antes. A todo esto, el alistamiento masivo proseguía, y perjudicaba la rutina de la vida en el país. “El tránsito de autobuses se redujo, así como las clases en las escuelas. Los escasos automóviles viajaban con sus faroles pintados de azul, a fin de poder desplazarse también en las horas de oscuridad. Los hombres en edad de ser reclutados que no eran convocados se avergonzaban de mostrarse en las calles. Masas de israelíes, entre ellos escolares, se presentaban como voluntarios para cavar trincheras, llenar bolsas de arena, clasificar correo, distribuir leche, conducir ambulancias, trabajar en hospitales, hacer vigilancia en kibutzim”.
Por otro lado, muchos abandonaban el país. “Los aviones llegan vacíos y despegan llenos”, informaba el periódico “Haaretz”. Algunos residentes se abalanzaban sobre los comercios y acopiaban alimentos, cavaban trincheras junto a las casas y la sensación de pánico fue en aumento.
Segev incluye en el libro citas que enseñan que Ben-Gurion así como el Brigadier General Iehoshafat Arkavi del Ministerio de Defensa no pensaban que “Tzahal” pudiera salir victorioso en una guerra en varios frentes simultáneos. Harkavi estimaba que una victoria israelí ocasionaría 10.000 bajas, y una derrota acarrearía la destrucción absoluta y final del Estado, con sus dos millones de habitantes. También Rabin, quien creía en la capacidad de “Tzahal” para vencer, estimaba, según una de las fuentes en el libro, que la guerra se cobraría cerca de 10.000 víctimas. Segev describe los preparativos para transformar parques en cementerios masivos, y escuelas en hospitales.
Estas difíciles sensaciones se tradujeron en una presión pública que procuraba el desplazamiento del Primer Ministro Eshkol. Muchos veían en Ben-Gurión al reemplazante adecuado. El sistema político estaba en plena ebullición. También en los EE. UU. la actividad era intensa. El Ministro de Relaciones Exteriores Abba Eban viajó hacia allí, en un intento por convencer al régimen para que brindara su apoyo a Israel, y también el “lobby” judío fue reclutado con ese propósito. Pero los americanos pidieron a Israel esperar, argumentando que no podrían permanecer junto a él en caso de que iniciara una guerra injustificada. También el Secretario de la ONU se sumó al esfuerzo y partió hacia El Cairo.
Mientras tanto, se iba incrementando la tensión en Israel, “y así, de golpe, quedó en evidencia lo vulnerables que eran los israelíes, el estropicio que eran”, escribe Segev. “No eran las amenazas de Nasser las responsables de esto- o al menos no sólo ellas- sino las arenas movedizas de la depresión que venían atrapando a tantos israelíes desde hacia muchos meses. El desencanto y la sensación de que el sueño israelí se había agotado; la pérdida de liderazgo de David Ben-Gurión, padre de la nación; la falta de confianza en la capacidad de Eshkol, y el desprecio por la política en general; la recesión y desocupación; el cese de la inmigración y la emigración creciente; el estado de postergación en que se hallaban sumidos los “mizrajim” (orientales); el temor de que ellos atentasen contra el carácter europeo de la sociedad israelí y su cultura, pusiesen en peligro el status de la elite asquenazí; la dificultad de comunicarse con la generación más joven; el malestar ante el aburrimiento, el terrorismo, la sensación de que no podría haber paz. Todo esto desbordó dentro de la semana que precedió a la guerra, de algún modo colocó al país dentro de una burbuja de irracionalidad. Desde el Holocausto no se sentían tan aislados”.
En opinión de Segev, este estado de cosas fue el responsable de que no tuvieran chance alguna los acuerdos que se tejían mientras tanto en Washington y Nueva York, tendientes a solucionar la crisis y a evitar una guerra.

El discurso del tartamudeo
Segev sigue describiendo la última semana antes de la guerra: las presiones por parte de los EE. UU. hacia Israel para que no iniciara una guerra; las vacilaciones en el gobierno, los intentos del ejército para convencer a la dirigencia de lanzar una ofensiva.
Uno de los hechos más destacados de esa semana fue el discurso pronunciado por Eshkol en la radio, en una transmisión en vivo. El discurso era en realidad una lectura de la decisión gubernamental de aplazar la ofensiva y esperar las iniciativas americanas, que prometían resolver la crisis.
“El comunicado que trajo Eshkol a los estudios de ´Kol Israel´ no ofrecía aliento, no había en él calidez, ni siquiera un tono de ´sangre, sudor y lágrimas´, escribe Segev. Además, Eshkol tuvo dificultades para comprender una de las palabras borradas del comunicado, y tartamudeó y balbuceó en vivo. La impresión causada por la alocución, tanto en la población como en el ejército, fue terrible. El secretario militar de Eshkol, Israel Lior, escribió sobre esto en sus memorias: “muchos días más tarde todavía me contaban que soldados y oficiales en las dunas del desierto del Negev prorrumpieron en sollozos al escuchar la voz balbuceante de Eshkol a través de los aparatos de radio: la moral de por sí baja, decreció aún más”.
Toda esta tensión no fue óbice para el activismo político-partidario. Segev describe los intentos por desplazar a Eshkol de su función, designar a Moshé Dayán o a Igal Alón como Ministro de Defensa, formar un gobierno de unidad nacional, etc. Finalmente Eshkol se rindió antes las presiones y, disgustado, traspasó a Moshé Dayan el cargo de Ministro de Defensa. Esta medida condujo también a la creación de un gobierno de unidad, que incluía una asociación histórica con el movimiento “Jerut” y con Menajem Beguin que era su titular. Esta unidad calmó en algo los ánimos populares y proporcionó una sensación de seguridad.

El comienzo de la guerra
Un día después de la formación del gobierno de unidad, llegó Eshkol con diez ministros, entre ellos Dayan y Beguin, a una reunión en el Estado Mayor Conjunto. Nuevamente escucharon los ministros del gobierno la opinión de los militares en el sentido de que era necesario salir a una guerra de inmediato. Y una vez más, opuso a ellos Eshkol la opinión de que era necesario esperar el consentimiento y apoyo de los EE.UU. Pero todos ya tenían en claro que la guerra era cuestión de horas o días. Dayan habló explícitamente sobre su apoyo a la postura del ejército acerca de la necesidad de ir a la guerra de inmediato, y poco a poco parecía que también Eshkol se estaba convenciendo. Aportaron a esto las palabras del jefe del “Mossad” (Servicio Secreto) Meir Amit, quien había regresado de reuniones en Washington, de las cuales había comprendido que los EE. UU. ya no se oponían a una ofensiva israelí. El 4 de Junio decidió el gobierno “actuar contra el cerco ofensivo que se estrecha en torno de Israel”.
Dayan y Eshkol fueron facultados para decidir cuándo actuar.
Segev cita a Igal Alón, quien diría más tarde: “No era la situación en el frente la causa principal de la guerra, sino la pérdida de confianza en el gobierno. ´Estoy seguro hasta el día de hoy que, de no haber sido por aquel discurso que salió tartamudeado por la radio, tal vez las cosas se hubiesen desarrollado de otra manera´”. “He aquí”, continúa Segev, “un país que estaba demasiado debilitado como para abstenerse de una guerra”.
La contienda comenzó en la mañana del lunes 5 de junio, con una ofensiva de la Fuerza Aérea israelí contra la Fuerza Aérea Egipcia. Más tarde, ese mismo día, los jordanos se sumaron a la conflagración y comenzaron a disparar sobre Jerusalem. A las diez de la mañana ya sabía la dirigencia que habían vencido en la guerra, pero la mayoría de los habitantes de Israel lo ignoraban.
Segev describe la vida civil durante aquellas horas: los descensos a los refugios, los heridos, la tensión, el miedo, la incertidumbre, la preocupación por los familiares en el frente. La falta de información acerca de lo acaecido en el frente era intencional. Dayan ordenó a la censura no divulgar información durante el primer día de la guerra. “´Las primeras 24 horas debemos ser dignos de lástima´, sentenció Dayán. Mientras creyeran en el mundo que Israel se defendía y luchaba por su existencia, no tendría que esperar ninguna presión externa para detener su ataque. La falta de información incrementó enormemente la angustia de la población... La radio informaba sólo de los ataques del enemigo. ´La voz del trueno de El Cairo´ sostenía- en hebreo- que Tel Aviv estaba en llamas y que combatientes palestinos rondaban por sus calles”...
A las 11 de la mañana Dayan habló por la radio; una hora después lo hizo Eshkol. Ninguno de los dos mencionó el hecho de que la Fuerza Aérea Egipcia ya había sido destruida. A las tres de la tarde Dayan convocó a los redactores de los diarios y les reveló, todavía de manera confidencial, que el número de aviones árabes destruidos por Israel ascendía a 400. A las dos de la madrugada llegó finalmente la emisión de radio que todo el país estaba esperando: el Jefe del Estado Mayor Conjunto Rabin anunció la destrucción de las fuerzas aéreas de Egipto, Siria y Jordania.
Segev continúa describiendo la guerra desde el punto de vista de los civiles, los soldados, el gobierno y el Estado Mayor Conjunto. Cuenta sobre las decisiones gubernamentales acerca de la toma de Jerusalem, Gaza, la Margen Occidental, etc. Describe cómo, a medida que las victorias se sumaban, crecía también en el gobierno el deseo de ocupar otros territorios, a partir de la creencia de que habrían de servir en el futuro como cartas de negociación en el camino hacia la paz. Sólo con respecto a la ciudad vieja de Jerusalem sabían todos que, de ser conquistada, no habría gobierno capaz de renunciar a ella y devolverla a los árabes. Pero el móvil aquí no era político, sino emocional. La ciudad vieja fue conquistada el tercer día de la guerra, y esto causó una profunda emoción. El locutor de ´Kol Israel´ lloró en vivo al anunciar “¡estoy tocando el Kotel!”.
Pero Segev describe no sólo las victorias y la alegría, sino también la “política” detrás de ellas: cómo fue que Dayan impidió a Eshkol llegar a la ciudad vieja; cómo se ocupó de que el vocero de “Tzahal” lo filmara precisamente a él entrando en la ciudad vieja, y de qué manera dispuso con cuidado la “mise-en-scène” de esa filmación que habría de convertirse, él lo sabía, en histórica. Aquel mismo día también fue ocupado el estrecho de Tirán, que había sido de hecho la causa de la guerra. En los días siguientes fue tomada la meseta del “Golán” y los soldados de “Tzahal” llegaron también hasta las márgenes del Canal de Suez.

Tras la guerra
La cuarta parte del libro de Tom Segev lleva por título: “Ellos pensaban que habían ganado”. En ella se describe la vida en Israel tras la guerra: el hacer frente al duelo junto a la alegría de la victoria; las visitas masivas a los territorios que habían sido ocupados, no sólo en la antigua Jerusalem, sino también en Sinai, la Meseta del Golán y, naturalmente, en la Margen Occidental, que representaba para muchos la verdadera Tierra de Israel, la bíblica.
Paralelamente, comenzaron los debates en torno al futuro: ¿había que crear poblaciones judías en Cisjordania y la Franja de Gaza, o tal vez fuese mejor esperar y ver si Israel no prefería restituir esos territorios a cambio de acuerdos de paz? ¿Y qué hacer con Jerusalem?
Segev describe asimismo el enorme respeto y la gran admiración ganada por “Tzahal” y sus altos mandos después de la victoria. Los oficiales eran descriptos en los periódicos como leyendas caminantes; se convirtieron en celebridades, eran invitados a eventos sociales; sus imágenes eran impresas en vasos, platos, llaveros, juegos infantiles y tarjetas de salutación con motivo de “Rosh ha-Shaná” (año nuevo hebreo). Los militares eran figuras estelares no sólo en Israel, sino también en el extranjero. El enorme entusiasmo se expresaba además en el aluvión de álbumes de la victoria que anegaba el país.

“Siaj Lojamim”
Toda esta serie de polémicos artículos acerca de la guerra de los seis días que comienzan a aparecer, previo al 40 aniversario de la misma y especialmente este controvertido libro de Tom Segev, trajeron a mi memoria un libro de otro tipo, publicado poco después de la guerra, fue “Siaj Lojamim” (Coloquio de combatientes). Sus autores eran Amos Oz, por entonces miembro del “Kibutz Julda”, y Avraham Shapira del “Kibutz Izre´el”. Ambos habían recorrido los “kibutzim” de Israel y entrevistado a miembros de ellos acerca de sus experiencias en la guerra. Muchos definieron y definen al volumen, fruto de estas charlas, como “uno de los libros más importantes publicados en Israel”.
Éste ofrecía un marcado contraste con los álbumes de la victoria, al mostrar el otro lado de la guerra y el alto precio psíquico y moral que ella se había cobrado. El libro se había convertido y todavía sigue siendo un “bestseller”. Para muchos simbolizó la figura del combatiente “sabra”: atormentado, de alma sensible, humanista.
“Siaj Lojamim” respondía a una necesidad profunda sentida por numerosos israelíes: ser no sólo fuertes y victoriosos, sino también justos.
El concepto de “kibush naor” (ocupación ilustrada), que floreció por entonces, evidencia también, según muchos intelectuales como por ejemplo Ieshaiau Leibovich, escritores, y algunos ex militares de carrera, esta voluntad: “La aspiración de demostrarles a los árabes del lugar que los israelíes eran personas honestas y amantes de la paz formaba parte de la ideología sionista: desde el día en que comenzaron a establecerse en la zona, los sionistas habían sostenido que traían la bendición y la prosperidad a los habitantes de todo el país. A partir de la Guerra de los Seis Días, los israelíes reconocieron en la ocupación otra oportunidad de demostrar sus buenas intenciones a los árabes, al mundo entero, y por sobre todas las cosas, a sí mismos”.
En el marco de las tentativas por crear una “ocupación ilustrada”, se decidió establecer una administración militar en los territorios conquistados, y se formularon leyes severas relativas al trato correcto y humano de los habitantes árabes. Pero a pesar de todas las buenas intenciones, la aplicación en el terreno fue, obviamente, mucho mas difícil y compleja.

Después de la contienda
Inmediatamente después de la guerra comenzaron los contactos secretos con Egipto y Siria, en un intento por llegar a un acuerdo de paz a cambio de territorios (los Altos del Golán y Sinai), pero las tentativas no prosperaron. Con respecto a la paz con Jordania, el tema era aun más complicado, puesto que mientras que casi todos los ministros del gobierno estaban de acuerdo en resignar la Meseta del Golán y el Sinai a cambio de acuerdos de paz, a la Margen Occidental y por supuesto a Jerusalem Oriental muchos se negaban a renunciar. Aquellos que propiciaban la devolución de Cisjordania hablaban del temor ante el hecho de ejercer el control sobre una enorme población palestina, y de que Israel se convirtiese al cabo de algunos años en un país con una minoría judía y una mayoría árabe. Quienes se oponían, hablaban de “Eretz Israel ha-Shlemá” (La gran- o íntegra- Tierra de Israel), de historia y de fronteras seguras.
Paralelamente, se reunieron los israelíes- entre ellos Levy Eshkol, Moshé Dayan y Abba Eban- con dirigentes palestinos de los territorios, e intentaron aclarar y comprender si era posible crear en Cisjordania y Gaza un Estado palestino independiente, que pusiera fin al conflicto por la Tierra de Israel. Pronto se fijó un plan para la creación de un Estado semejante, desprovisto de ejército, basado a grandes rasgos en los límites de la partición de 1947 y que incluiría además una salida al mar, así como un paso libre entre la Margen Occidental y Gaza. El plan incluía un acuerdo especial en torno a Jerusalem y una solución, en ese entonces, aparentemente bastante aceptable para ambas partes, sobre el problema de los refugiados.
La propuesta se terminó de delinear ya el 14 de Junio, pocos días después de la guerra. Eshkol designó una comisión especial que habría de seguir analizando el tema, pero a medida que pasaba el tiempo resultaba claro que el asunto era más complicado de lo que se había supuesto en un principio. “¿Desaprovechó acaso Israel una oportunidad de liquidar el conflicto sobre la tierra de Israel?”, se interrogaban muchos. Pero también, es posible que Dayan estuviera en lo correcto cuando dijo: “Aun si hubiésemos ofrecido entregarles montañas de oro, ellos se habrían mostrado cautelosos”.
Uno de los planes de paz más conocidos fue el “Plan Alón”, pero no prosperó. Recuerdo que a más de una década de la Guerra de los Seis Días, en oportunidad de hallarse en Buenos Aires el ex vice Primer Ministro de Israel en 1967, Igal Alón, visitó la escuela Schólem Aléijem y cuando, en una reunión con alumnos de la Escuela Secundaria junto a jóvenes del Movimiento “Habonim – Dror” le preguntaron: “¿Por qué no prosperó su Plan?” Él contestó: “Eshkol me confesó que estaba de acuerdo, pero en el gobierno y en la “Kneset” (Parlamento), se encontraban en una marcada minoría”

El balance
En los capítulos siguientes Segev continúa con la descripción de los efectos de la guerra: la división política en “palomos” (a favor de la devolución de los territorios) y “halcones” (en contra de la devolución de los territorios), la moral nacional que se había ido por las nubes, las loas a la juventud y a la generación más tierna, el florecimiento económico, y la fe en el futuro de Israel, que había retornado a los corazones.
Poco después de la guerra comenzaron las transmisiones de la televisión israelí; el número de inmigrantes fue en ascenso, el sentimiento de solidaridad entre los judíos de Israel y los de la diáspora también aumentó, y el número de donativos llegados a Israel se multiplicó por diez respecto del año precedente.
Desde una perspectiva política, había ahora oportunidades para el diálogo con los países árabes. Segev describe los contactos secretos que comenzaron inmediatamente después de la guerra entre Israel y sus vecinos, contactos que no produjeron resultado alguno. Paralelamente, describe los comienzos de la colonización en los territorios ocupados, el aumento del terrorismo, y lo que muchos israelíes comenzaron a comprender de a poco: el control sobre los habitantes de Gaza y por lo menos de gran parte de los de Cisjordania no resultó útil al Estado de Israel, sino que posiblemente lo perjudicó (Gaza fue devuelta); la ocupación, que había salvado a Israel de la destrucción podría amenazar ahora lo característico y “sui generis” de un Estado judío democrático.

http://www.lavozylaopinion.com.ar (vía http://www.herutx.blogspot.com)

Imágenes de la Guerra de los Seis Días

Imágenes de la Guerra que transformó Oriente Medio en http://www.elmundo.es
Estupendo documento audiovisual (en hebreo) en dos partes para conocer mejor la Guerra de los Seis Días:



Otro buen documental (este en español)dividido en cuatro archivos de vídeo:




Y este otro en memoria de todos aquellos que lucharon en ella:

miércoles, 6 de junio de 2007

Y el mundo no hizo nada


40º ANIVERSARIO DE LA GUERRA DE LOS SEIS DÍAS
... Y el mundo no hizo nada
Por Charles Krauthammer (The Washington Post Writers Group)

Es difícil encontrar un plan árabe de paz (incluida la actual propuesta saudí) que no exija el retorno al statu quo vigente el 4 de junio de 1967. ¿Por qué se ha sacralizado esa fecha? Porque un día después estalló la Guerra de los Seis Días, en la que Israel logró una de las más sensacionales victorias del siglo XX. Los árabes llevan cuatro décadas tratando de deshacer las consecuencias de tal conflicto.
El verdadero aniversario de la guerra debería ser otro; debería fecharse tres semanas antes. El 16 de mayo de 1967 el por entonces presidente de Egipto, Gamal Abdel Naser, exigía la evacuación de las fuerzas de interposición de la ONU estacionadas en el Sinaí, que habían mantenido la paz entre Israel y Egipto por espacio de 10 años. La ONU se plegó a sus deseos y Naser impuso un bloqueo naval al puerto de Eilat, la única salida al mar con que contaba Israel en el sur. Se trataba de un claro acto de guerra.
Cómo llegó Egipto a esta temeraria provocación es un relato complejo (lean la magistral crónica de Michael Oren), en el que tienen cabida los fallos de comunicación y, lo que es peor, la desinformación. La Unión Soviética informó urgente y falsariamente a sus Estados-satélite de la zona, Siria y Egipto, de que Israel estaba movilizando una gran cantidad de tropas hacia la frontera siria con el objeto de lanzar un ataque. Israel trató desesperadamente de desmentir tales acusaciones y por tres veces invitó al embajador soviético a visitar la zona. El embajador se negó a hacer tal cosa. Las advertencias soviéticas provocaron una cascada de maniobras en el mundo árabe que, a su vez, llevaron a Naser, campeón del panarabismo, a enfrentarse con Israel. El Sinaí estaba remilitarizado y el sur de Israel, sometido a un bloqueo naval.
¿Por qué sigue siendo tan importante todo esto? Porque las tres semanas comprendidas entre el 16 de mayo y el 5 de junio de 1967 explican la reluctancia de Israel durante estos últimos 40 años a entregar lo que obtuvo en la Guerra de los Seis Días: los Altos del Golán, Gaza y la Margen Occidental, a cambio de una paz garantizada sobre el papel. Israel disponía de garantías similares desde la conclusión de la Guerra de Suez (1956), tras la cual evacuó el Sinaí a cambio del asentamiento de la referida fuerza de interposición de la ONU y de que las potencias occidentales garantizaran el libre tránsito por los Estrechos de Tirán.

Naser acabó con todo eso de un manotazo. Durante esas tres semanas interminables el presidente norteamericano, Lyndon B. Johnson, trató de reunir una armada multinacional para romper el citado bloqueo naval, pero fracasó estrepitosamente.
Es difícil exagerar cómo fueron esas tres semanas para Israel. Egipto, ya aliado con Siria, hizo un pacto militar de emergencia con Jordania. Irak, Argelia, Arabia Saudí, Sudán, Túnez, Libia y Marruecos empezaron a enviar tropas a la zona, ante el desencadenamiento inminente de las hostilidades. Mientras las tropas y blindados árabes se agolpaban en todas y cada una de las fronteras israelíes, en las capitales árabes los informativos anunciaban, extasiados, el inminente estallido de la guerra definitiva para el exterminio de Israel. "Destruiremos Israel y a sus habitantes –clamaba el cabecilla de la OLP Ahmed Shuqayri–. En cuanto a los supervivientes, si es que queda alguno, ya están preparados los barcos en que serán deportados".

Para Israel, la espera fue insoportable y debilitadora. El Ejército, conformado por civiles, hubo de ser movilizado. Mientras sus efectivos esperaban en los diversos frentes a que el mundo rescatara a Israel del peligro inminente, la sociedad quedó paralizada y la economía del país comenzó a desangrarse. El jefe del Estado Mayor del Ejército, Isaac Rabin, que más tarde habría de ser ensalzado como héroe de guerra y, después, como mártir de la paz, sufrió una crisis nerviosa: quedó incapacitado hasta el punto de la incoherencia a causa de la insostenible tensión de la espera.

El resto es bien sabido. Rabin se recuperó a tiempo para conducir a Israel hasta la victoria. Sin embargo, solemos olvidar lo peligrosa que era la circunstancia de aquel Israel. La guerra se decidió la mañana del 5 de junio, luego de un exitoso ataque israelí contra las fuerzas aéreas egipcias. Fue una apuesta de incalculable magnitud. Israel envió al grueso de sus fuerzas aéreas, compuesta por 200 aparatos, a tal misión. Los atacantes quedarían completamente expuestos al fuego antiaéreo y a los misiles del enemigo. Si hubieran sido detectados y destruidos, el número de aviones que quedaban atrás para defender el país de los 900 aviones de las fuerzas árabes combinadas ascendía a... 12.

También olvidamos que Israel no pretendía, para nada, ocupar la Margen Occidental. Israel suplicó al rey Husein de Jordania que se mantuviese al margen del conflicto. Enfrentado a cara de perro con un Egipto que le aventajaba en efectivos, Israel no tenía ningún deseo de abrir un nuevo frente a apenas unos metros del Jerusalén judío y a unos pocos kilómetros de Tel Aviv. Pero Naser transmitió personalmente a Husein que Egipto había destruido los aeródromos y las fuerzas aéreas de Israel, y que la victoria total estaba al alcance de la mano. Husein no pudo resistirse a la tentación de unirse a la lucha y se embarcó en ella. Y perdió.

Pronto lloverán las retrospectivas a propósito del 40º aniversario de la guerra, y de cómo la paz se encuentra a la vuelta de la esquina: bastaría con que Israel volviese a las fronteras anteriores al 4 de junio de 1967. Pero los israelíes se muestran cautelosos. Recuerdan con terror aquel 4 de junio. Recuerdan ese mes de mayo insoportable en el que, sin que su país se encontrara ocupando territorio alguno, el mundo árabe en pleno se preparó para exterminarlo. Y, claro, recuerdan que el mundo no hizo nada al respecto.


Eli Cohen


Gracias a Eli Cohen de "La Bella Aurora" podemos recordar a su legendario Tocayo que tan importante fue para el brillante desarrollo de la posterior Guerra de los Seis Días. Sin su sacrificio quizástodo habría sido diferente:

Aun recuerdo, hace unos cinco años, inmerso en una de esas madrugadas veraniegas de cine, aire acondicionado, lecturas y nostalgias, leí, maravillado, el legado de este judío nacido en Egipto que decidió dar su propia vida por salvaguardar la de su nuevo hogar, Israel. El legado, de uno de los espías más grandes de la era contemporanea: Eli Cohen. El legado,en definitiva, de alguien que tiene el privilegio de situarse en la cima del heroismo judío junto a Mordejai Anielewicz o Simon Wiesenthal.Nació en Alejandría, hijo de padres sirios. Tuvo que huir de Egipto tras la crisis del Canal de Suez en 1956. Sus padres fueron a Israel en 1949, pero el se quedó en Egipto para continuar con su trabajo activista en pos del judaísmo y del sionismo. Valores fuertemente inculcados por sus progenitores.Es llamativo que fuera rechazada su solicitud de ingreso en el Mossad. Fue el legendario director de la organización, Meir Amit, quien decidió readmitirle, entrenarle y encomendarle la más dificil de las misiones para un espía: infiltrarse en las líneas del más acérrimo enemigo y conseguir información militar ultrasecreta.Eli Cohen, que se convirtió en el exportador sirio Kamel Amin Taabes, viajó primero a Buenos Aires para su coartda. Posteriormente, se estabelció en Siria, en donde empezó a ascender en la oligarquía que dominaba el país. Envió fotografías a sus mandos en Israel de los búnkeres en donde Siria guardaba la artillería de largo alcance de origen ruso, hizo amistad con el sobrino del entonces dictador sirio Hafed al Assad, y consiguió los planes del ejército sirio para conquistar el norte de Israel. La información no tenía precio.Incluso, el mismo Assad, quiso nombrarle Viceministro de Defensa.Una noche de enero de 1965, con un una unidad móvil de intercepción rusa, de las más sofisticadas de entocnes, los sirios capturaron al espía israelí mientras transmitía por radio desde su habitación. Le obligaron a enviar mensajes falsos a Israel, pero lo que hizo fue advertir de su captura. Tres dias después Siria declaró que le había apresado. Pese a los esfuerzos de Meir Amit, de las presiones diplomáticas -hasta el Papa pidió que no se le asesinase- un 18 de mayo de 1965, después de recibir y soportar solo Dios sabe que tipo de torturas e interrogatorios indescriptibles sin soltar palabra alguna sobre su misión o secretos israelíes, después de ser procesado por espionaje y condenado a muerte, fue llevado al centro de Damasco para ser ahorcado públicamente. Lo retransmitieron las televisiones del mundo entero. Su mujer, Nadia, intentó suicidarse al verlo. Le salvaron la vida en el hospital.Su cuerpo quedó colgado en el cadalso durante un día. Se le puso una pancarta al cadaver con soflamas antijudías y antisionistas. Desde entonces sus restos siguen en Siria, sin que los esfuerzos de Israel hayan surtido efecto alguno. Incluso, un alto funcionario sirio ha afirmado que es imposible localizar el cuerpo puesto que se construyenron urbanizaciones encima de su fosa.



Ninguna nación, ningún pueblo, ni siquiera ningún ejército es consciente del trauma moral y existencial que supone para Israel, y en especial para el Tzahal, cuya primera regla es que nunca, NUNCA, se deja a un compañero atrás, vivo o muerto, que sus restos mortales estén en el exilio y sin recibir un sepelio adecuado. La repatriación de los restos de Eli Cohen será una lucha que jamás dejará de lado Israel ni el pueblo judío. Como otras más urgentes que libra en la actualidad.Su legado, su obra, amén de ser la ayuda estatégica vital que Israel necesitó para propinar a los países árabes vecinos que ansiaban su destrucción, una victoria aplastante -landslide- en la Guerra de los Seis Días, supuso la exteriorización de los valores judíos más supremos, como el sacrificio por los demás poniendo en juego su propia vida, dejando un estandarte heroico, épico y por supuesto dramático para la posteridad del pueblo judío.Descanse en paz, donde quiera que esté, y que, con ayuda de los cielos, reciba pronto la sepultura que se merece en su Tierra, en su país, por el que luchó y por el que murió.Zijronó lebrajá.


La "previa" de la Guera de los Seis Días

En http://elrejunteil.wordpress.com se ha venido publicando la "previa" de la guerra de los Seis Días para entender mejor la situación que se produjo hace ahora 40 años y como se gestó todo. Se trata de un trabajo muy completo con abundante documentación que ha ido apareciendo día a día y que aquí coloco todo junto para facilitar su lectura:
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (18-19 de mayo de 1967)
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (20 de mayo de 1967)
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (21 de mayo de 1967)
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (22 de mayo de 1967)
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (23 de mayo de 1967)
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (24 de mayo de 1967)
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (25 de mayo de 1967)
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (26 de mayo de 1967)
A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (27 de mayo de 1967)



A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (29 de mayo de 1967)


A 40 años de la Guerra de los Seis Dias (30 de mayo al 2 de junio de 1967)

Los soviéticos y la Guerra de los Seis Días

La Guerra de los Seis Días de los soviéticos
por Daniel Pipes

Uno de los grandes enigmas del Oriente Medio moderno es porqué tuvo lugar la Guerra de los Seis Días, de la que se cumplen 40 años

Uno de los grandes enigmas del Oriente Medio moderno es porqué tuvo lugar la Guerra de los Seis Días, de la que se cumplen 40 años la próxima semana. Ni Israel ni sus vecinos árabes querían o esperaban una lucha en junio de 1967; la opinión de consenso entre los historiadores sostiene que el indeseado combate fue producto de una secuencia de accidentes.

Aparecen Isabella Ginor y Gideon Remez, un equipo de marido y esposa, para desafiar la teoría del accidente y ofrecer una explicación plausible de las causas de la guerra. Como es sugerido por el título de su libro, Foxbats sobre Dimona: la jugada nuclear de los soviéticos en la Guerra de los Seis Días (Yale University Press), ellos argumentan que se originó fruto de una conspiración de la Politburó soviética para eliminar la instalación nuclear de Israel en Dimona, y con ella las aspiraciones del país por desarrollar armas nucleares.

El texto reza igual que la solución a un misterio, manejando información de fuentes de peso, guiando a los lectores paso a paso por la trama, estableciendo una versión intuitivamente lógica que debe tomarse en serio. En suma, dice así:

Moshe Sneh, un líder comunista israelí (y padre de Ephraim Sneh, el actual ministro de defensa en funciones del país), dijo al embajador soviético en diciembre de 1965 que un consejero del primer ministro le había informado de "las intenciones de Israel de fabricar su propia bomba atómica". Leonid Brezhnev y sus colegas recibieron esta información con seriedad supina y decidieron - al igual que hicieron los israelíes con Irak en 1981 y podrían estar haciendo con Irán en el 2007 - abortar este proceso a través de ataques aéreos.

En lugar de hacerlo directamente, sin embargo, Moscú concibió una compleja trama para convencer a los israelíes de comenzar una guerra que terminaría con un ataque soviético contra Dimona. Militarmente, el Kremlin se preparó rodeando a Israel con un ejército de fuerzas con armamento nuclear tanto en el mar Mediterráneo como en el Mar Rojo, apostando efectivos sobre el terreno, y entrenando efectivos cerca con la expectativa de utilizarlos. La información más sorprendente quizá en Foxbats sobre Dimona alude a los planes detallados de las tropas soviéticas para atacar territorio israelí, y específicamente bombardear las refinerías y reservas de petróleo, y movilizar a los árabes israelíes. No menos iluminador es saber que aviones de reconocimiento fotográfico soviéticos MiG-25 (los "Foxbats" del título) sobrevolaron directamente el reactor de Dimona en mayo de 1967.

Políticamente, el plan consistía en inventar informes de Inteligencia acerca de amenazas israelíes a Siria, instando así a las fuerzas egipcias, sirias y jordanas a ponerse en pie de guerra. Según instruyeron sus amos soviéticos entonces, el Gamal Abdel Nasser de Egipto desplazó sus tropas hacia Israel, eliminó la zona de contención de las Naciones Unidas, y bloqueó una ruta naval clave para Israel -- tres medidas que juntas obligaron a los israelíes a pasar a una defensa abierta a todas las posibilidades. Incapaces de mantener esta situación mucho tiempo, golpearon primero, cayendo así al parecer en la trampa soviética.

Pero entonces las Fuerzas de Defensa de Israel hicieron algo sorprendente. En lugar de luchar hasta el agotamiento, como esperaban los soviéticos, lograron rápidamente lo que yo he llamado "la victoria más aplastante de los anales del conflicto bélico". Utilizando medios puramente convencionales, derrotaron a tres estados enemigos árabes en seis días, evitando así la invasión soviética proyectada, que tuvo que ser descartada.

Este fiasco hacía parecer de aficionado el elaborado plan soviético, y comprensiblemente Moscú decidió censurar su propio papel incendiando la guerra (su segunda debacle estratégica importante de la década - siendo la primera la tentativa de desplegar misiles en Cuba). La tapadera tuvo tanto éxito que la responsabilidad de Moscú en la Guerra de los Seis Días se ha esfumado de las crónicas del conflicto. Así, un especialista en la guerra como Michael Oren, ha recibido con frialdad la tesis Ginor-Remez, diciendo que no ha encontrado "ninguna evidencia documental" que la apoye.

Si Foxbats sobre Dimona no es la última palabra, ofrece una interpretación viable y excitante a sopesar por otros, con muchas implicaciones. El conflicto árabe israelí hoy, con su atención en los territorios ganados en 1967, acompañado del antisemitismo virulento, se origina en gran medida de las decisiones que tomó el Kremlin hace cuatro décadas. Todo el ejercicio resultó baldío, puesto que la posesión israelí de armas nucleares tuvo impacto limitado sobre la Unión Soviética antes de que feneciese en 1991. Y, como observan los autores, "la nostalgia del siglo XXI por la presunta estabilidad de la Guerra Fría es en gran medida ilusoria".

Para acabar,40 años más tarde, ¿dónde estarían las cosas si la Guerra de los Seis Días de los soviéticos no hubiera tenido lugar? Por malas que sean las circunstancias en el presente, presumiblemente serían aún peores sin esa sorprendente victoria israelí.


Después de la Guerra de los Seis Días, el Estado Mayor del ejército soviético analizó cuidadosamente las causas de la derrota de los Ejércitos sirio y egipcio, y apuntaron:

-Los inadecuados cuadros del Ejército constituidos por oficiales de casta, que no tenían ningún contacto con sus hombres.

-La ineptitud casi total de un fellah del Alto Egipto o de un campesino sirio (que formaban el grueso del ejército) para utilizar un armamento moderno.

-El deplorable efecto sobre la moral de las tropas de una propaganda grosera, que transformaba sistemáticamente todas las derrotas en victorias, hasta la catástrofe. Y que, al asegurar a los israelíes que serían todos degollados como corderos, los convertiría en tigres.

-La infiltración e intoxicación por los servicios secretos israelíes de los servicios secretos árabes, así como de ciertas organizaciones palestinas.

-La supremacía aérea indiscutible de Israel.

El como y el porque de la victoria

Gracias a Daniel de http://herutx.blogspot.com tenemos acceso a los siguientes informes sobre el como y el porque de la aplastante victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días:

Análisis de la Guerra de los Seis Días por el Observatori Solidaritat de la Universidad de Barcelona:

La Guerra de los Seis Días (1967)
Dos hechos importantes determinaron los hechos de junio de 1967, la llamada Guerra de los Seis Días. El 18 de mayo de 1967, el presidente egipcio Nasser pidió a las Naciones Unidas que retirara los cascos azules de de Gaza, el Sinaí, y de las islas de Tiran y Sanafir (Golfo de Aqaba). Sorprendentemente, el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, el Sr. Uthant accedió a la demanda. Egipto movilizó 80.000 hombres en el Sinaí y ocupó las islas de Tiran y Sanafir (golfo de Aqaba) el 22 de mayo. Esto volvió a poner en peligro la salida de los barcos israelís en el mar Rojo, y fue considerado una provocación para Tel-Aviv. Al mismo tiempo, la retirada de los cascos azules de la franja de Gaza permitió a los activistas palestinos recibir el apoyo egipcio y facilitó sus acciones en Israel. El activismo armado palestino comenzó a ser cada vez más profesional (entrenamiento, armas, etc.) y autónomo.
Otra circunstancia ayudó a enturbiar más el ambiente en la región. En el mismo mes de mayo de 1967, Egipto, Siria e Irak firmaron un pacto de defensa, que ante los ojos israelís constituía un nuevo frente árabe que ponía en peligro la seguridad de Israel. Este pacto suponía una fuerza militar muy superior a la suya. A pesar de los intentos de mediación internacional, Egipto se negó a desbloquear el golfo de Aqaba. El día 5 de junio de 1967, y sin previo aviso, Israel desencadenó la Guerra de los Seis Días.
El 5 de junio de 1967, la aviación israelí bombardeó los aeródromos militares de Egipto, en una acción que dejó Egipto prácticamente sin potencial militar aéreo. Al mismo tiempo, la misma operación se repitió sobre los aeródromos de Siria, Jordania e Irak, que también perideron su capacidad ofensiva aérea. El día 6 de junio, Israel abrió una nuevo frente en Cisjordania y en Jerusalén este. La ofensiva continuó en la península del Sinaí, donde la aviación israelí bombardeó a las tropas egipcias, que quedaron rodeadas y aisladas de Egipto por el ataque terrestre de los blindados israelís. El día 8 de junio, el Ejército israelí llegaba al canal de Suez. El día 8 de junio finaliza la ofensiva de Cisjordania y de Jerusalén este. El día 9 de junio, Israel inició la campaña del Golán (Siria), y en dos días (9 y 10 de junio) conseguía penetrar 15 kilómetros en territorio sirio y ocupar los altos del Golán. El día 10 de junio se puso fin al conflicto cuando todos los países árabes implicados se adhirieron al acuerdo de alto el fuego establecido por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Antoni Segura, El món àrab actual, Eumo Editorial/Universitat de Girona, 1997).
El resultado fue una nueva victoria israelí en todos los frentes y una modificación de la estructura de poder en la región. En cinco días, Israel consiguió ocupar Gaza, Cisjordania, la península del Sinaí, el este de Jerusalén y los altos del Golán en Siria, un total de 45.000 Km2, que en gran parte continuan hoy ocupados por Israel. Estos territorios ocupados han supuesto una fuente de conflicto permanente. La incorporación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén este dentro de las fronteras de Israel dejó dentro una población palestina muy activa y combativa que había llegado allí fruto de los anteriores conflictos. Los árabes perdieron sus flamantes ejércitos. Además, el conflicto provocó 15.000 muertos, 50.000 heridos y más de 11.000 prisioneros. Este nuevo conflicto árabe-israelí provocó una crisis internacional muy grave. La Unión Soviética amenazó con intervenir directamente y, como respuesta, Estados Unidos enviaron la VI Flota a la costa de Siria. Las afirmaciones de Nasser acusando a los Estados Unidos de haber ayudado a Israel (Nasser afirmó que la tecnología que permitió a los israelís evitar los radares egipcios fue facilitada por Estados Unidos) provocaron que algunos países árabes rompieran relaciones con Washington y se acercaran a Moscú.
La ONU debate durante seis meses la nueva situación creada fruto del conflicto. Finalmente, el 22 de noviembre de 1967, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 242 (S/RES/242 (1967)) que fue muy polémica. En esta Resolución, el Consejo de Seguridad reconocía el derechos a la soberanía y a la integridad del Estado de Israel, pero al mismo tiempo, denunciaba la adquisición de territorio por la fuerza de las armas, solicitaba su retirada e instaba a Israel a solucionar el problema de los refugiados palestinos. Estas denuncias y exigencias del Consejo de Seguridad hacia Israel no se encuentran en el texto History: The State of Israel (Historia: El Estado de Israel) que publica en su web el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel. Esta Resolución, en cambio, no hacia ninguna referencia al Estado palestino. Los países árabes y la URSS la consideraron insuficiente y se negaron a firmar la paz.
Las consecuencias de la derrota para el mundo árabe fueron muy importantes. Esta derrota significó el principio del final de Nasser y su “panarabismo” (concepción no religiosa de la política, y la voluntad de la unificación del mundo árabe), es decir, un fracaso en el intento de modernización del islam y del socialismo árabe. El declive del “panarabismo” fortaleció las tesis del “panislamismo” (concepción religiosa de la política) moderado y “prooccidentales” sostenidas por regímenes como el de Arabia Saudita. A la vez, y fruto de esta derrota, empezó a surgir un discurso islamista mucho más radical y violento, que hacía una lectura religiosa de la derrota: los judíos habián ganado la guerra porque habían sido fieles a su religión, a diferencia de la comunidad árabo-musulmana que había abandonado la suya y se había vendido a los modelos extranjeros (en clara referencia al “panarabismo” de Nasser). A la vez, esta derrota contribuyó definitivamente a la autonomía de la Organización para la Liberación de Palestina respecto a los países árabes, sobre todo con Egipto, a medida que la facción de Al-Fatah conseguía la mayoría en el si de la OLP. Esta situación llevó a Yasser Arafat a la dirección de la OLP (2 de febrero de 1969), que impuso las bases de un futuro Estado palestino y optó por enfrentarse militarmente a Israel (Antoni Segura, El món àrab actual, Eumo Editorial/Universitat de Girona, 1997). La derrota había demostrado a los palestinos que los estados árabes no les podían ayudar.
Es a partir de estos momentos cuando el movimiento nacionalista palestino crece y empieza a convertirse en un actor importante en la región (nuevas organizaciones políticas y armadas, más preparación y más armas). Este crecimiento en importancia no fue sólo políticamente (con la llegada de Arafat, que como moderado era bien visto por los gobiernos árabes), sino que también aumentó los ataques a Israel tanto desde sus bases en Jordania y en el Líbano, como desde los territorios ocupados. Entre 1967 y 1970, la actividad terrorista palestina fue muy intensa. En aquel período las acciones palestinas causaron un millar de muertos israelís y muchos más palestinos, fruto de las represalias judías. Sus acciones (atentados, secuestros de aviones, etc.) hicieron que su causa fuera conocida en todo el mundo. Esta dinámica contribuyó a aumentar la tensión y la represión de los israelís en los territorios ocupados fue brutal. Los seis meses siguientes a la Guerra de los Seis Días, las fuerzas de seguridad judías dinamitaron cerca de un millar de casas (de guerrilleros y de personas relacionadas con ellos), y detuvieron a cualquier sospechoso de ser terrorista, familiar o amigo de un terrorista (Las Guerras Palestinas, David Solar. Cuadernos del Mundo Actual. Historia 16).
Por otra parte, la situación de las guerrillas palestinas en Jordania empezó a ser incómoda para el rey Hussein, que vio como en el interior de Jordania, el Frente Popular de Liberación de Palestina, FPLP (Fracción Comunista de la OLP), fundado por Georges Habash el mismo 1967, comenzaba a crear una especie de estado dentro del Estado. Cuando en 1970, el rey Hussein de Jordania se mostró partidario del Plan de paz elaborado por el Secretario de Estado nortamericano, tuvo que enfrentarse a un golpe de estado protagonizado por el Frente Popular de Liberación de Palestina. El FPLP llegó a establecer un aeropuerto pirata (Camp Dawson), donde iban a parar muchos de los aviones que secuestraban. El día 9 de septiembre de 1970, los palestinos llegaron a retener a la vez a 1.062 rehenes, fruto del secuestro de tres aviones. Esto acabó de decidir a Hussein de Jordania, que el 10 septiembre de 1970 manifestó lo siguiente: “mi ejército se está impacientando. No podrá soportar durante mucho tiempo que no se respete la autoridad del Estado. El Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) se ha pasado de la raya: no contentos con el establecimiento de un aeropuerto pirata en mi territorio, confeccionan sellos oficiales, proporcionan visados, regulan la circulación sobre las grandes carreteras, retienen rehenes y establecen negociaciones con potencias extranjeras...” (Las Guerras Palestinas, David Solar. Cuadernos del Mundo Actual. Historia 16).


Un prestigioso Instituto de Estudios Estratégicos con sede en Londres, publicó un detallado estudio de la Guerra de los Seis Días, en el que se resalta:
La tercera guerra árabe-israelí probablemente será tema de estudio en las Escuelas de Estado Mayor y tal estudio posiblemente se haga durante años.Al igual que las campañas del joven Napoleón, la capacidad y logística del Tzahal (Fuerzas de defensa Israelíes) han proporcionado un libro de texto que ilustra los principios clásicos de la guerra: velocidad, sorpresa, concentración, seguridad, información, ofensiva y, sobre todo, cuanto concierne a la instrucción de las tropas.Los pilotos comprobarán cómo la Fuerza Aérea Israelí se empleó primero para obtener un dominio en el aire mediante la destrucción de la Aviación enemiga; después, para intervenir en las batallas de tierra destruyendo las comunicaciones enemigas, apoyando a toda operación de blindados e infantería y, por último, participando en misiones de persecución.

La sociedad israelí se fue configurando a fuerza de creación, integración, visión de futuro; también a fuerza de mitos y traumas del pasado. La Guerra de los Seis Días y la ocupación de los territorios implican una divisora de aguas en el diseño de nuestra conciencia colectiva.
Por Marcelo Kisilevski – Povesham.com

A la hora de la Guerra de los Seis Días, en 1967, Israel era un país joven, asustadizo, huyendo todavía de los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, temiendo a todo el mundo en derredor, y luchando por alcanzar una identidad consistente como país y como sociedad.
Cuarenta años después de aquel triunfo, Israel, que lo festejó como el clímax de su renacimiento como nación poderosa luego de 2000 años de exilio, ha dejado de "festejar" para, con perplejidad y desorientación manifiesta, "conmemorar", y recordar, dejando los matices a cada ciudadano, a cada ideología.
La Guerra de los Seis Días dio a Israel y al movimiento sionista que lo había creado la confirmación de lo que aquel movimiento de liberación nacional pretendía crear. En efecto, el sionismo era una revolución: contra la concepción del judaísmo como una mera religión y su concientización como grupo nacional, un pueblo que merece su autodeterminación. En una Europa decimonónica que había accedido por default a ver a los judíos como ciudadanos, quedaron nuevamente excluidos cuando los nuevos estados laicos enfatizaron su carácter de nación.
Como los franceses o los alemanes, los judíos pasaron a verse a sí mismos como nación también, con una historia, mitos y héroes tomados de la Biblia, convertido de libro religioso a texto fundacional secular, con historia, guerras, política. Pero esos héroes habían actuado en una tierra determinada: la Tierra de Israel. Ante la continuación del antisemitismo europeo, la distancia entre la nueva conciencia nacional copiada de los estados-nación de Europa, y el sionismo como sueño del estado propio, fue muy corta.
Pero el sionismo también era una revolución generacional: si sus padres eran religiosos, los sionistas serían laicos, incluso ateos; si sus padres eran artesanos, tenderos o banqueros, es decir burgueses y pequeño-burgueses, en un mundo capitalista o proto-capitalista, ellos serían marxistas socialistas, volverían a la tierra y serían proletarios en las fábricas. Sobre todo, si sus padres eran débiles, oprimidos, fáciles de matar en pogroms (el Holocausto les daría una trágica razón sólo más tarde), ellos serían fuertes, con una asada en una mano para trabajar la tierra y un rifle en la otra para defenderla. Lo que había pasado hasta ahora por siglos, no volvería a ocurrir.
De ahí que en el ethos judeo-israelí la guerra no puede sino ser defensiva. Pero al ser ganada, como ya lo había sido la Guerra de la Independencia en 1948 y la Campaña del Sinaí en 1956, no era sólo un triunfo de Israel en el sentido más mundano, sino una confirmación en el terreno simbólico de los postulados sionistas, una revancha contra 2000 años de impotencia judía, una toma del destino en manos propias.
El sionismo era también un el deseo de vivir en paz con los vecinos árabes, de ser aceptados en la región. A su modo, cada teórico del sionismo lo postuló claramente. Un deseo frustrado, a veces real y a veces imaginariamente. Casi un complejo de inferioridad. Por eso, los territorios conquistados en 1956 fueron devueltos sin protestar ante las presiones de Estados Unidos y la URSS. En 1967, los argumentos para retenerlos no fueron religiosos, ni siquiera "imperialistas", sino seculares, estratégicos: esta vez los retendremos como naipes de negociación, dijo el entonces comandante en jefe del ejército Itzjak Rabin. Hasta que los acepten, o se resignen. Las potencias aceptaron los argumentos.
Además, la conquista en seis días de Jerusalén oriental, con la Ciudad Vieja y el Muro de los Lamentos incluidos, y la Margen Occidental, de manos de Jordania, los Altos del Golán de manos de Siria, y la Franja de Gaza y el Sinaí de manos de Egipto, fue una victoria tan resonante que no sólo confirmó postulados, sino que creó mitos futuros. No sólo el judío que para variar se defiende, sino el israelí super-hombre que no puede ser vencido.
Los historiadores, en efecto, discuten hoy en día acerca de las verdaderas intenciones que tuvieron los líderes árabes al amenazar a Israel con la guerra. La propia dinámica del mundo árabe abría una guerra de desgaste con Israel, pero no quedaba claro si había intenciones de una conflagración global. El hostigamiento de Siria de Hafez El Assad a los kibutzim del norte israelí con misiles katiusha es interpretado hoy como parte de su competencia contra el Egipto de Gamal Abed El Nasser por la hegemonía pan-árabe.
Israel de todos modos, no podía quedarse con los brazos cruzados, pero dio un paso más acercando provocativamente sus tractores a la frontera, de modo de atraer más fuego y justificar una eventual invasión –vista, recalcado sea, como defensiva.
Ante estas provocaciones israelíes, Assad pidió ayuda a Nasser, con quien tenía un pacto de mutua defensa. El líder egipcio tomó resonantes medidas, la más fuerte de ellas, el cierre del estrecho de Tirán, en el Mar Rojo, por donde salían los barcos comerciales israelíes a Oriente desde el puerto de Eilat.
Algunos historiadores han sostenido que ello tuvo por objeto, solamente, calmar la histeria siria, sin intenciones bélicas ulteriores, y reafirmar el liderazgo de Nasser en el terreno pan-árabe. Otros historiadores lo discuten: la medida era una amenaza de muerte por asfixia contra Israel y no es razonable pensar que a Nasser se le escapara el detalle, sostienen.
Como quiera que fuere, cuando los israelíes ven los estrechos cerrados y escuchan la retórica bélica de Nasser, según la cual era la hora final de Israel, los traumas del pasado se pusieron en marcha en la sociedad israelí, que pedía acción inmediata.
De todos modos, al entonces primer ministro y ministro de Defensa, Levy Eshkol, le llevó dos semanas más decidir. Reunió a los generales, les hizo preguntas difíciles, del tipo que los actuales detentores de esos cargos no hicieron, antes de la última guerra en el Líbano.
La opinión pública presionó asustada, reclamando en la calle el nombramiento del héroe Moshé Dayán al frente del ministerio de Defensa. Varios partidos amenazaron con retirarse de la coalición si Israel no pasaba a la ofensiva.
Levy Eshkol decidió entonces dar un discurso a la nación, para calmar la ansiedad popular y llamar a la paciencia. El discurso fue escrito a mano, de modo apurado y con tachaduras. Tampoco era la letra del orador, que se vio en dificultades para leer en vivo el mensaje. Los titulares al día siguiente lo destruyeron: Levy Eshkol había tartamudeado, presa del pánico. Su suerte quedó sellada, Moshé Dayán fue nombrado ministro de Defensa y, a la victoria de los Seis Días siguió la euforia.
De muertos andantes, los israelíes pasaron a sentirse invencibles, bendecidos, iluminados, purificados. Nadie puede culparlos de marchar así, en masa y vestidos de blanco, hacia el Muro de los Lamentos liberado, después de siglos de no poder verlo.