miércoles 22 de agosto de 2007

Musho Betis 2007-2008





jueves 9 de agosto de 2007

¡Larga vida a Barón Rojo!








sábado 4 de agosto de 2007

El testigo traicionado

La investigación del atentado AMIA: las penurias del testigo que denunció el encubrimiento
Amenazado de muerte, Lifschitz dice que lo abandonaron
Siete años después de empezar a declarar el negro trasfondo de la causa AMIA, Claudio Lifschitz, ex prosecretario del entonces juez federal Juan José Galeano, afirma que está amenazado de muerte, lo custodia la policía, casi no tiene trabajo como abogado y lo han abandonado los políticos que antes le pedían información.

"Si hoy tuviera que tomar la decisión de hablar, lo pensaría dos veces. AMIA prácticamente me destruyó", dice Lifschitz, ex oficial de la División Inteligencia Narcotráfico de la Policía Federal. Trabajó en el juzgado de Galeano en la causa AMIA de 1995 a 1997 y conoció y presenció el armado de la historia oficial del atentado por parte del menemismo y de la Justicia.

Sus declaraciones fueron decisivas no sólo para tirar abajo esa historia, que acusaba con pruebas falsas al armador de autos Carlos Telleldín y a ex policías bonaerenses, sino para dar origen a la investigación del encubrimiento y de las irregularidades de la causa, sumario a cargo del juez federal Ariel Lijo.

En este último expediente, la Cámara del Crimen dispuso que Lijo también investigara al ex presidente Carlos Menem y a su ministro del Interior, Carlos Corach.

Hace casi un año, Lijo resolvió que debía carear a Corach y Lifschitz para investigar si Corach había intervenido en el encubrimiento, pero aún no concretó la medida.

"En julio del año pasado, sobre el aniversario de la AMIA, paró un auto en la esquina de casa cuando yo estaba por entrar. «Tomá, esto es para vos», me dijo uno de los hombres del auto. Con mi experiencia en la policía -cuenta Lifschitz-, lo primero que hice fue agacharme. Efectuaron un disparo, no para pegarme, porque de haberlo querido me habrían matado. Y me tiraron mi libro con un agujero de un itakazo . Fue por AMIA."

Infiltrados

El libro de Lifschitz, AMIA. Por qué se hizo fallar la investigación , se publicó en 2000 y no sólo denunció el encubrimiento judicial del atentado del 18 de julio de 1994, sino que reveló que, tres meses antes de la voladura, la SIDE había infiltrado en Buenos Aires una célula de iraníes, que se les había escapado de las manos y que pocos días después había cometido el atentado.

"Por eso se armó el encubrimiento judicial y político", señala Lifschitz, que declaró en el juicio oral de la AMIA y en la causa de Lijo. Y añade: "Por eso desaparecieron las grabaciones telefónicas de la SIDE a los iraníes. Eran 40.000 horas de escuchas".

Luego de denunciar el atentado del año pasado, el juez Lijo lo propuso, cuenta, para el programa de testigos protegidos. "Pero yo no puedo cambiar mi identidad porque soy abogado. No me permiten la portación de arma y me pusieron custodia policial las 24 horas, pero como hago penal, la presencia de un policía me puede perjudicar, así que a veces debo prescindir de él. Y también se sabe que mi celular está chupado . El único que me ayudó fue Pablo Jacoby [abogado de la querella de Memoria Activa]."

-Luego del juicio oral ¿lo llamaron a declarar en la causa?

-No. Ni el juez [Rodolfo] Canicoba Corral ni la Unidad Fiscal AMIA del fiscal [Alberto] Nisman. En seis meses podría esclarecer el atentado. Todos los que denuncié están investigados. También yo, por violación de secreto militar, porque publiqué el facsímil de dos documentos en mi libro. Hace poco me indagaron y decidí contar qué agentes de la SIDE me dijeron que el organismo había infiltrado la célula iraní antes del atentado.

-¿Volvería a denunciar?

-Lo que me pasa puede interpretarse como un mensaje: si tenés que denunciar, no denuncies. Si hubiera aceptado un ofrecimiento de Galeano cuando me estaba por ir (y él sabía que yo iba a contar todo), hoy tal vez sería juez.

-¿Qué le ofreció?

-Seguir como prosecretario y hacerme nombrar en la SIDE. Su secretario Javier de Gamas hoy es juez en Tierra del Fuego.

-No me respondió si volvería a denunciar.

-Desde el punto de vista racional, debería decir que no, o que lo pensaría dos veces. Pero conociendo mi temperamento, sé que volvería a hacerlo.

Por Jorge Urien Berri
De la Redacción de LA NACION

viernes 3 de agosto de 2007

Ser digna de ser

Yarden Fanta, es la primera inmigrante etíope que recibe un doctorado en Israel. En esta nota se puede observar la increíble historia de esta mujer.

Yarden Fanta, inmigró a Israel desde Etiopia a los 12 años, acaba de convertirse en la primera inmigrante de su origen que recibe un doctorado. Una más, entre miles de etíopes, que llegaron a la Tierra Prometida.

Esta maravillosa crónica, como cuando celebramos Pesaj, en recuerdo de la epopeya y de la lucha de nuestro pueblo por la libertad, nos recuerda también con profunda emoción, las enormes vicisitudes del retorno a Sión de nuestros hermanos etíopes.

¿Quién hubiera creído que una niña pastora, de una aldea remota en Etiopía, analfabeta hasta los 14 años de edad, se convertiría en la primera mujer etíope doctorada en Israel, a los 34 años de edad ?

Yarden Fanta-Wagenstein finalizó el mes pasado su Doctorado "Magna Cum Laude" (con máximos honores) en Educación y ya está empacando las maletas para continuar sus estudios en la prestigiosa Universidad de Harvard, mientras le siguen ofreciendo trabajos de limpieza cuando hace la cola en el supermercado.

Entonces, Yarden le pidió a su marido, Ilan Wagenstein – de origen ashquenazí - que le comprara un regalo: una máquina de coser, para recordar el día en que llegó a Israel y fue considerada como "una costurera en potencia". Para él fue un shock, recibir esa respuesta, pero para ella, era lo más natural del mundo. En 1985, después de haber inmigrado a Israel con su familia, Yarden, que entonces era conocida por su nombre etíope Argya, fue enviada al internado Mikve Israel, donde le cambiaron el nombre y le hicieron un diagnóstico educacional. Ahí determinaron que la niña, analfabeta de 14 años de edad, era apta para ser costurera.

"Me trataban como si recién hubiera bajado de un árbol, y tenían que encontrarme alguna ocupación", recuerda tratando de ahogar los remanentes del amargo recuerdo que aún la ofende. "Me negué. Sabía que no quería hacer algo simple. Quería estudiar".

" Yarden tuvo la suerte de ganarse el apoyo de la esposa del director, quien reconoció su potencial y le dio un mes de prueba en una clase regular. "Demuestra que eres capaz," le dijo entonces. Y ella lo demostró.

Hoy, con el título de Doctora en la mano y embargada de una sensación de victoria, Fanta-Wagenstein, a los 34 años, espera cerrar el círculo con su máquina de coser. No va a ser una gran costurera, pero definitivamente, es la primera mujer etíope en Israel con un doctorado. Y ahora planea continuar a un pos-grado en la prestigiosa Universidad de Harvard en EE.UU., donde investigará la yuxtaposición entre cultura y tecnología y elaborará un programa educacional para asistir a analfabetos.

"Sabía que no pararía en el doctorado, y que si quiero influir en la educación, tengo que continuar. Por eso quise llegar a la mejor y más reconocida de las universidades. Sé que me será difícil adaptarme a los profesores de Harvard, pero siempre me digo que ellos no pasaron lo que yo pasé en mi vida, de modo que lo lograré."

UNA BODA BLANCA

En su casa en Guivataim, Yarden relata la historia de su vida con voz muy tranquila y modesta. Está rodeada de pilas de lavado y los juguetes de su hija de un año y medio de edad – Umma - dispersos por cada rincón, junto a artículos sobre educación. Le es importante no ser vista como una historia de éxito fenomenal.

Su marido, Ilan Wagenstein (36) un economista que acaba de graduarse en Derecho y es dueño de una oficina de Relaciones Públicas, no puede ocultar su orgullo, y cada tanto la avergüenza con un cumplido. Su esposa no olvida por un instante de dónde viene y cómo comenzó todo. Más de una vez ella siente que su fuerza proviene principalmente de los 12 años que pasó de niña en una aldea remota en Etiopía y en especial del viaje a Israel, después del cual ya nada la puede asustar.

Todo empezó cuando insistió en cursar estudios universitarios y una carrera académica brillante, y continuó con su forma de afrontar las actitudes hacia ella, hacia su matrimonio, y ahora hacia su pequeña hija. "Cuando Ilan y yo íbamos al teatro o al cine y nos encontrábamos con gente que no sabía que me había casado, siempre me preguntaban si estaba sola, aunque él estaba a mi lado. Jamás hacían la relación entre nosotros dos, como si fuera una unión imposible. Desde entonces siempre vamos de la mano, de modo que la gente no se equivoque".

"No te imaginas cuántos trabajos me ofrecen cuando salgo de compras. Siempre me encuentro con alguna mujer que me pregunta para quién trabajo, o me dice que está buscando empleada doméstica y quiere saber si tengo tiempo. Al principio me estremecía, pero ahora le digo que yo también estoy buscando empleada y quizás ella quiere trabajar para mí. Descubrí que ésta es la mejor forma de dejar callada a la gente. Me alteraban mucho esos incidentes, pero ahora simplemente los dejo atrás. Prefiero creer en hechos y no en palabras."

¿Cómo reaccionó tu familia a tu matrimonio?

"Los matrimonios mixtos, ya no son un fenómeno tan extraordinario. Uno se acostumbra. A Ilan no le gusta mucho la comida etíope y mi madre siempre se preocupa para ver qué va a comer cuando venga. Se esfuerza mucho por él. Con mis cuñados no tiene problemas, porque son todos etíopes y les encanta su comida. Cuando vamos todos donde mis padres dormimos en colchones en el suelo y nos encanta. Ilan, que es un niño mimado del norte de Tel Aviv, no duerme en el piso como yo. Él necesita su cama. Por lo general, él vuelve a casa a dormir y yo me quedo con mis padres; ellos lo entienden. Lo quieren mucho más que a mí y cada conversación termina con la frase: "no le hagas problemas... Es un buen chico "

"Respecto a la familia de él, todavía no es tan obvio que una familia israelí acepte a una nuera etíope. Pensé que sería difícil, y , como siempre, me dije que superaríamos también esta valla. Pero su familia me aceptó con los brazos abiertos, aunque al principio me preguntaba si se esforzaban por tratarme especialmente bien, o si realmente eran sinceros. No creo que su actitud sea extraordinaria, ni que todos los israelíes veteranos piensen que los etíopes son primitivos, pero definitivamente hay una minoría que da mala reputación a toda la comunidad. De todas formas, la gente trata a la persona que hay detrás del color, ¿no?"

¿El color claro de la piel de tu hija llama la atención?

"Cuando me casé con Ilan, era obvio que nuestro hijo sería una mezcla, o blanco. La verdad es que mis padres se sorprendieron más por que me casara, de que mi hija fuera blanca. Creían que yo estaba demasiado ocupada con los estudios. Mi madre llama a Umma 'Addis', que significa nuevo, porque una niña de piel blanca es algo nuevo en mi familia. Escucho todo tipo de comentarios absurdos en la calle.

El mejor fue una vez que entré a una tienda y alguien dijo "se ve que realmente quieres a la niña. ¿Cuántas horas por día la cuidas?" Le respondí "24 horas al día", y la mujer continuó "¿ Qué... no tiene padres?" Le contesté que nosotros éramos sus padres, y se enojó porque creyó que le estaba tomando el pelo."

Tu madre dio a luz su primer hijo a los 15 años. Tú esperaste hasta los 32. ¿Hubo presiones?

"Al principio le era muy difícil que yo me centrara en mi carrera y no me preocupara por casarme. Le era difícil seguirme el ritmo, porque o estaba estudiando, viajando y corriendo todo el tiempo. Una vez traté de calmarla y le mostré un artículo sobre una mujer que dio a luz a los 67 años. Se alteró mucho y dijo que no podía vérselas conmigo. En todas nuestras conversaciones le recordaba que tiene 21 nietos, de modo que no necesita otro mío. Cuando finalmente me casé, a los 30 años, ella no podía entender cómo podría estudiar, ser una buena esposa y tener un hijo. Pero le he demostrado que es posible y le he pedido no presionar a mis hermanas menores. Mis padres han aprendido a través mío que todo es posible en Israel : trabajar en diversos trabajos, casarse a una edad mayor, tener éxito profesional y también ser madre."

¿Eres feminista?

"Yo apoyo la absoluta igualdad de derechos para la mujer. Una mujer no puede hacer todo lo que hace un hombre debido a las diferencias físicas entre ambos, pero fuera de eso no debería haber diferencias. Creo que detrás de toda mujer exitosa hay un hombre que apoya y estimula. No podría vivir con alguien que no me dejara desarrollarme. Para la sociedad etíope, igual que para la israelí, es claro que una mujer es antes que nada madre, pero yo creo que es posible combinar la maternidad con una carrera. Hoy, que tengo a Umma, hago mucho menos que cuando era soltera. Tuve que renunciar a muchas actividades que hacía en bien de la comunidad etíope, porque tengo menos tiempo. Mis prioridades han cambiado, pero jamás pensé en renunciar a mi carrera porque soy madre".

"En 1998 fui enviada por la Agencia Judía a una convención de mujeres prominentes realizada en Washington , en la que Hilary Clinton fue la invitada de honor. Ella es mi modelo respecto al mensaje que transmite sobre el poder femenino y la capacidad de las mujeres de efectuar un cambio social. Ella sostiene que nosotras no necesitamos a los hombres, que tenemos el poder cambiar el mundo solas. Yo creo que es cierto. Después de la conferencia me acerqué a ella y le dije que concordaba con cada una de sus palabras, y que me había fortalecido. Es una de las mujeres más inteligentes y brillantes que he conocido."

EL COLOR NO SE LAVA

Yarden nació en la aldea de Macha en el norte de Etiopía, siendo la sexta de diez hijos. Cuando cumplió siete años de edad se integró a las labores familiares y salió a pastar ovejas. "Tenía sólo tres hermanos varones, y era claro que las niñas también tenían que hacer su parte. No lo consideré un castigo, sino una rutina normal. No era muy agradable salir a pastar en el invierno, pero nadie se permitía esos mimos. Tenía que levantarme muy temprano para salir con las ovejas. Realmente quería ir a la escuela como mis hermanos mayores, pero a nuestra aldea no llegaba el autobús y ellos hacían parte del camino en burro. La escuela estaba a tres horas de casa y mi padre decidió que yo era demasiado débil para hacer el camino, de modo que me quedé en casa a pastar las ovejas."

"Yo era una niña muy curiosa y cuando mis hermanos hacían sus deberes me pegaba a ellos y los molestaba para que me enseñaran, tragaba con los ojos lo que había en sus cuadernos, aunque no entendía. Tenía ansias de aprender y recuerdo haberme prometido que cuando fuera grande estudiaría. Entonces me era claro que yo era parte de la familia y debía cumplir mi parte con las ovejas, ayudar a mi madre a hornear, cocinar y cuidar de las mellizas que nacieron después que yo. A pesar de eso, no estaba frustrada. Realmente quería ayudar a mis padres, y no sentía que me obligaban a hacerlo. Me sentía importante porque confiaban en que regresaría con todas las ovejas. Esa sensación de haber sido tratada como un adulto capaz de asumir responsabilidad y tener éxito, me acompaña hasta el día de hoy".

"Mientras escribía mi doctorado estaba embarazada y tuve que mantener reposo absoluto. A veces sentía que no podía más, y quería tirar todos los papeles por la ventana. Entonces recordaba mis tiempos de pastora y las dificultades que superé entonces. Era alentador, y me ayudó a seguir adelante."

Cuando Yarden tenía doce años de edad, sus padres le dijeron, en gran secreto, que se irían a Israel . Recuerda aquellos días con lágrimas en los ojos. "Mi padre compró dos caballos, preparamos alimentos secos para el camino, y teníamos prohibido hablar sobre eso. Recuerdo lo emocionados que estábamos. Partimos en la mitad de la noche; yo llevaba en la espalda a una de mis hermanas mellizas, que tenía dos años de edad. Llevaba además un bidón de agua en una mano y una canasta llena de comida en la otra. Durante un mes entero caminamos sólo de noche, para no ser atrapados, hasta que llegamos a Sudán. Allí esperamos once meses hasta que partimos a Israel . El viaje fue una experiencia terrible. Dejamos la casa en la que habíamos crecido, hicimos todo el camino a pie, y vivimos en un campamento de tránsito en Sudán en condiciones inhumanas. Todo el tiempo moría gente a nuestro alrededor; una de mis hermanas mellizas también murió allá, y yo tenía miedo que me abandonaran, que mis padres se murieran".

"Hoy, como madre, admiro a mis padres por haber tenido el coraje de embarcarse en esa travesía. Cuando llegué aquí envidiaba a los niños israelíes que no habían pasado esa asustante experiencia. Sentía que había llevado una carga muy pesada y que era demasiado joven para haber pasado esas vivencias. Con el tiempo las cosas se equilibran y hoy, en retrospectiva, creo que fue un privilegio pasar una cosa así y salir con vida. Recuerdo el viaje como si hubiera sucedido esta mañana; está en mis venas. El viaje me enseñó a sacar lo bueno de toda cosa mala, y me enseñó que cuando uno tiene fe y está preparado a ir hasta el final, las cosas suceden. Mi pasado me ha convertido en una persona mucho más fuerte, y las dificultades no me intimidan".

"Por ejemplo, la gente me decía 'Ya demostraste que eres capaz. ¿Para qué necesitas un doctorado? Es esclavizarse.' Yo no veía las dificultades. Para mí, el doctorado era otro viaje, no fácil, pero indudablemente no tan difícil como mi viaje de Etiopía a Israel . No creo que haya nada que se acerque a esa experiencia."

Como muchos otros inmigrantes, también Yarden sufrió humillaciones por parte de israelíes veteranos, pero decidió que no tenía tiempo para ofenderse. "La única vez que verdaderamente me afectó fue cuando no recibieron donaciones de sangre de etíopes, arguyendo que teníamos SIDA. No supe cómo afrontar este tipo de racismo y esta degradación de toda la comunidad. Sentí que nos habían teñido con una pintura que no sale. Fue una cuchillada en la sensación de pertenencia, especialmente para aquellos que creíamos habernos integrado en la sociedad israelí. Desde entonces ni se me ocurre donar sangre."

ENTRE DOS MUNDOS

Su absorción en Israel no fue fácil. La niña que no sabía leer ni escribir y fue enviada al internado de Mikve Israel tuvo que condensar ocho años de escuela en uno. Cuando sus amigas salían a divertirse ella se sentaba con los libros y se ponía al día con los estudios. Hoy admite que nunca tuvo infancia: recién en los últimos años llenó el vacío leyendo libros infantiles. En 10º grado empezaron a notar su capacidad y fue señalada como buena alumna. Pero su ambición recibió su primer impulso después de una visita de la clase al Instituto Científico Weizmann en Rejovot.

Aún recuerda el pánico que sintió antes del viaje. "No podía creer que realmente me estaba sucediendo a mí: encontrarme con profesores y estudiantes era para mí algo de otro mundo. No podía imaginarme a mí misma, una pastora de Etiopía, yendo al templo de la ciencia. Después de llegar y de reunirnos con los estudiantes y profesores, me calmé. Vi que eran seres humanos igual que yo, y me juré que algún día también yo llegaría a la universidad. La idea no era inalcanzable, era posible. Fue una experiencia constructiva que afectó toda mi vida."

Se abstuvo de hacer el servicio militar por la objeción religiosa de sus padres, y sus energías se volcaron a la academia. Primero estudió Criminología en la Universidad Bar Ilán, y fue la primera estudiante etíope en dicha institución. Quería salvar a los jóvenes etíopes que se involucran en el crimen, lo que la llevó a trabajar con delincuentes juveniles. Durante esa época advirtió que la solución radica en la etapa de formación de la personalidad, antes de descender al crimen. Eso la llevó a tratar de impedir que esos niños cayeran en la trampa.

Yarden obtuvo su maestría en Orientación Educacional en la Universidad de Tel Aviv y escribió su tesis sobre los logros de jóvenes etíopes en ciencia y tecnología, recibiendo una calificación sobresaliente. "Me dolía escuchar a israelíes veteranos decir que no importa cuánto se invierte en los niños etíopes, hay pocas probabilidades de que alcancen grandes logros. Empecé mi investigación con este insulto grabado profundamente en el corazón, y revisé qué sucedía en el terreno. Descubrí que los estudiantes etíopes ni siquiera aparecían en los gráficos de logros en ciencia y tecnología porque su número era insignificante, pero cuando recibían clases de apoyo o estudiaban en clases de nivel más alto, tenían éxito".

"Elaboré un programa práctico en cuyo marco los niños etíopes llegan a la universidad, toman contacto con las ciencias y hacen experimentos de laboratorio. Su autoconfianza mejoró de modo que ahora comprenden que todo lo que quieren es posible. El programa funciona hace ya cuatro años: empezamos con 40 alumnos y hoy participan en él 400. Cuando los veo en la universidad recuerdo mi visita al Instituto Weizmann y me emociono mucho. Yo creo que si una persona tiene una capacidad básica de pensamiento, puede alcanzar todo lo que quiera, sin importar de dónde proviene."

¿Extrañas a veces la tranquila infancia que tuviste en Etiopía?

"Mucho. Quiero llegar a algún tipo de equilibrio entre la vida en Etiopía y la vida occidental, saber disfrutar de lo que tengo y relajarme, pero no me resulta, y me enloquece. Me pregunto: terminé mi doctorado, ¿por qué tengo que correr al postdoctorado y estar siempre buscando acción? Por otra parte, me gusta poner a prueba el límite de mi capacidad."

En resumen, abandonaste a la Argya etíope y te convertiste en Yarden.

"Sí y no. Me alegra tener los dos mundos. Siento que mi lugar está en algún lugar en el medio, entre la cultura etíope de fraternidad, paciencia, entrega y calores familiares y la cultura occidental que implica correr, alcanzar, llegar y adquirir. Trato de combinar los dos mundos, pero a veces es imposible. Siempre voy a visitar a mis padres en Netania los fines de semana, porque me es importante conectarme con mis raíces. No puedo desconectarme de mi pasado y de mi cultura, de allí extraigo fuerza. Voy a la universidad en mi ropa etíope y me siento excelente. Incluso en Harvard, en ocasiones especiales, usaré mis trajes etíopes. Es parte de mí, y no importa dónde viva."

Yarden cría a su hija como una etíope orgullosa: le da de comer platos etíopes, le habla en amhárico y le hace escuchar su música etíope tradicional, no Idán Raichel, que no le parece suficientemente auténtico. Entre los ositos y conejos de peluche se preocupó que hubiera lugar para una muñeca negra, que se llama Aneish, que significa 'a verte' en amhárico. "Busqué una muñeca negra todavía antes que Umma naciera, porque quería que desde el primer momento tuviera una muñeca que se pareciera a su madre cuando era niña. La muñeca negra es parte natural de su selección de muñecas blancas, como tiene cualquier otra niña israelí."

¿Has vuelto a visitar Etiopía desde que llegaste a Israel?

"Hace tres años fui a una conferencia de países en desarrollo. Cuando dejé Etiopía no sabía lo que era una universidad, y ahora regresé como representante de una universidad y como investigadora judía que tenía algo que decir. Me dio una increíble sensación de orgullo. Un día viajé al norte y llegué cerca de mi aldea. No fui a la aldea porque implica una caminata de varias horas, todavía no hay autobús que llegue al lugar. Lo lamenté, pero sentí que había llegado lo más cerca posible. Vi niños pastores como fui yo, y pensé que cada uno de ellos puede llegar hasta donde yo he llegado, si recibe la oportunidad. No sentí lástima por ellos ni me pareció que su vida fuera tan difícil: ellos son felices con lo que tienen y probablemente tienen una paz interior mayor que la mía".

"Recordé que de niña nunca pensé que mi vida fuera mala. Por otra parte, me gustaría que esos niños pudieran conocer las oportunidades que existen en el mundo, y que pudieran hacer sus propias elecciones."

Ahora, Yarden piensa en el futuro. Harvard, está segura, no será la última parada. Quiere ser la primera mujer etíope que encabece la Escuela de Educación en la Universidad de Tel Aviv. También quiere ser la primera docente universitaria etíope. La política está fuera de su mundo. Le interesa mucho más viajar a la luna y ver la tierra desde arriba, y ser madre de tres o cuatro niños más.

Anat Medan

Fuente: Diario Yediot Ajaronot (Tel Aviv)

jueves 2 de agosto de 2007

Dejar de apaciguar a Abú Mazén
Nuestros líderes repiten como loros elogios sobre Mahmoud Abbás como hombre de paz y moderación

por Isi Leibler

Al desarrollarse los acontecimientos tras la toma del poder de Hamas en Gaza, existe una cierta sensación de déjà vu. A pesar de las sangrientas consecuencias de nuestras políticas autoinfligidas en gran medida, parecemos no haber aprendido ninguna lección del amargo pasado.

Nuestros líderes repiten como loros elogios sobre Mahmoud Abbás como hombre de paz y moderación. Pero Abbás, que juega a varias bandas, encabeza una organización terrorista corrupta que se encuentra al borde del desmembramiento. ¿Cree nuestro gobierno que las Brigadas de los Mártires de Al Aksa se han vuelto pacíficas? ¿Que las escuelas administradas por la Autoridad Palestina han dejado de lavar el cerebro a los niños para convertirse en mártires? ¿Cree que Abbás ya no elogia a los terroristas suicidas y que ha dejado de pagar las pensiones a sus familias?

Puede que el Presidente George W. Bush se vea obligado a aludir a Abbás como "socio de paz", pero ¿tiene que formar parte de tal charada el primer ministro de Israel? Lo que es más importante, sin recibir siquiera un atisbo de garantías para el futuro, hemos vuelto a pagar los impuestos y fondos de la Autoridad Palestina negados desde la toma de control de Hamas. Estamos siendo instados a eliminar los controles con el fin de proporcionar mayor libertad de movimientos a los palestinos dentro del West Bank, a pesar de las protestas del ejército de que esto pone en peligro a los israelíes. Y, por si eso no fuera poco, ahora estamos contemplando la posibilidad de proporcionar a Abbás armamento adicional, incluyendo vehículos blindados, a pesar de saber que las armas previamente proporcionadas a los palestinos fueron finalmente empleadas para asesinar israelíes. En la práctica, hace sólo unos cuantos meses, Abbás apelaba a Hamas para que dejara de dirigir sus armas contra colegas palestinos y se uniera a Fatah contra los israelíes.

PARA CORONAR ESTA LOCURA la Autoridad Palestina anunciaba que las Brigadas de Al Aksa de Abbás - que asesinaron a más israelíes que Hamas y siguen numantinamente comprometidas a promover el terrorismo - serán absorbidas en la fuerza policial de los palestinos, que ya es, per capita, la mayor del mundo.

Con la popularidad de Abbás en un mínimo histórico, también se nos implora no hacer siquiera ni las exigencias mínimas con el fin de "no debilitarlo más" haciéndole parecer "un colaborador". Y como señal de buena fe, liberaremos, gratis, a 250 presos que podrían ser incluidos en un futuro acuerdo a cambio de nuestros soldados secuestrados. Sí, deberíamos informar a Abbás de nuestra disposición a asistirle. Pero no al precio del apaciguamiento. No puede haber mayores concesiones sin total reciprocidad y progreso genuino. O Abbás se compromete a controlar el terror, o deberíamos dejarlo a sus propias elecciones.

Es vox populi que miles de millones de dólares, constituyendo más ayuda per capita que cualquier otro país, han sido donados a los palestinos por parte de la comunidad internacional. Pero grandes proporciones de estas ayudas o bien se esfumaron en cuentas bancarias secretas o bien fueron desviadas a financiar el terror. Tenemos por tanto que insistir en que se introduzcan controles para asegurarse de que tales fondos son empleados exclusivamente en el bienestar humanitario de los palestinos.

AHORA TAMBIÉN ES una oportunidad para tratar con el Hamastán y sobreponernos a la sensación de impotencia que actualmente invade a nuestro gobierno. Continuamente escuchamos el mantra "No existe solución a los ataques con Kassam". A los ciudadanos sufridos desde hace tiempo de Sderot, que se han convertido en refugiados en su propio país, ahora se les dice por parte de nuestro gobierno que ajusten estoicamente su estilo de vida a unos ataques de misiles diarios estilo ruleta rusa, o que se vayan.

Este deprimente estado de las cosas tiene su origen en el abandono del axioma principal de la estrategia israelí de defensa. Incluye la obligación del ejército de proteger a sus ciudadanos, incluso al precio de dolorosas bajas; confrontar al enemigo en su propio territorio; y nunca poner en peligro vidas de ciudadanos israelíes o comprometer nuestra seguridad con el fin de aplacar a la opinión pública internacional. Al contrario, además de vivir en el País de las Maravillas, nuestros gobernantes se han obsesionado con el deseo de demostrar al mundo que somos personas "agradables". Pero contra más "agradables" somos, peor van las cosas. Considere los amargos frutos obtenidos desde nuestra desconexión unilateral de Gaza. Compare nuestra postura hoy con los días en que Israel era calificada de nación dura reticente al compromiso con terroristas, y era respetada y admirada.

PARADÓJICAMENTE, el apaciguamiento y las concesiones unilaterales simplemente han abierto el camino a oleadas sin precedentes de odio antiisraelí y al rejuvenecimiento del antisemitismo. Hoy hay posibilidades de demostrar nuestra postura. Gaza ya no está "ocupada" más, y en la práctica es un mini estado.

Por tanto deberíamos despreciar la demencial idea de enviar suministros a Gaza. ¿Podríamos visualizar a los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial enviando suministros a los civiles alemanes por "motivos humanitarios"? Por tanto, deberíamos proclamar que somos sensibles a la situación humanitaria de los palestinos en el Hamastán, pero que mientras Hamas siga orquestando ataques suicidas y lanzando misiles contra civiles israelíes, no vamos a mover un dedo para ayudarles.

Por el contrario, a menos que el terror sea metido en cintura, comenzaremos a apretar las tuercas. Deberíamos informar al mundo de que tenemos intención de responder al igual que cualquier otra nación cuyos ciudadanos sean objeto de ataques de misiles. Mientras buscamos minimizar las bajas civiles inocentes, si los terroristas nos obligan a elegir entre las vidas de nuestros ciudadanos y las de los palestinos, tenemos la obligación moral de defender a los propios.

El efecto disuasor de Israel debe ser restaurado. Es inmoral, obsceno incluso, que nuestro gobierno retrase conscientemente las respuestas duras a los ataques de misiles. ¿Tenemos que esperar a un ataque contra un jardín de infancia, un hospital o alguna infraestructura clave antes de actuar? Solamente un milagro ha evitado la calamidad hasta la fecha. Después de cada ataque individual de misiles, deberíamos, de manera calibrada, empezar a cortar el suministro eléctrico, los combustibles y el agua a Gaza y sellar los pasos fronterizos. Ciertamente es barroco seguir suministrando servicios a vecinos cuyos líderes se jactan abiertamente de que el objetivo irrenunciable sigue siendo "matar a los descendientes de los cerdos y los monos".

TAMBIÉN NECESITAMOS conservar el control del corredor de Filadelfia con el fin de contener el flujo de armamento letal iraní que atraviesa la frontera.

Los asesinatos selectivos deberían intensificarse contra aquellos que orquestan los ataques, líderes políticos incluidos. Esto probablemente incurra en bajas civiles y sin duda seremos acusados de responder "desproporcionadamente". Sin embargo, la proporcionalidad no puede ser una consideración primordial cuando se pretende crear disuasión para prevenir ataques en curso contra civiles que no fueron provocados, lo cual constituyen actos de guerra.

En cuanto a la moralidad, incluso dejando a un lado las comparaciones con los comportamientos de las demás naciones, llega un momento en una confrontación en el que uno tiene que decir: ya basta. Ese momento pasó hace tiempo. En una guerra, el gobierno tiene que ser motivado por un objetivo: proteger a sus civiles y minimizar sus bajas militares. Eso es consistente con el derecho internacional, el sentido común y la moralidad, y tiene que pasar por encima de las relaciones el mensaje a Gaza no es ni brutal ni sin escrúpulos. Es simple y constructivo: dejar de lanzar misiles o afrontar las consecuencias inevitables. En la práctica,una dura respuesta israelí puede instar a los palestinos a ejercer presión sobre sus líderes y, a largo plazo, salvar vidas palestinas.

También tenemos que dispersar la ilusión de que apaciguar a jihadistas puede rendir frutos alguna vez. En la práctica, las retiradas y desconexiones unilaterales bajo fuego han reforzado sin excepción a los jihadistas a la hora de intensificar la violencia, y han servido como receta de mayores conflagraciones posteriores.
“¿Qué debemos hacer con la guerra civil palestina?"
Una potencia de estilo Talibán ha cobrado forma en Gaza con un control absoluto de Hamas, y a lo largo de los 40 kilómetros de territorio israelí

por Walid Phares

En lo que la mayoría de los analistas están de acuerdo desde finales de junio de 2007 es que una nueva realidad ha transformado la geopolítica de los territorios palestinos en detrimento de todas las partes que afirmaban representar "la causa palestina". Y entre los críticos más extremos de los acontecimientos recientes en Gaza se encuentran ciertamente los ciudadanos palestinos desengañados que fueron testigos de los horrores que tuvieron lugar en esas áreas. Desde 1947, generaciones de civiles han perdido la esperanza y pagado el precio del error de juicio de la dirección, siguen repitiendo hoy las víctimas de la última guerra civil sangrienta entre palestinos.

Hoy, existe una nueva realidad en los dos enclaves palestinos: Una potencia de estilo Talibán ha cobrado forma en Gaza con un control absoluto de Hamas, y a lo largo de los 40 kilómetros de territorio israelí, una autoridad palestina asediada lucha por conservar los enclaves de Cisjordania bajo sus alas. Una lectura cuidadosa geopolítica no nos deja ninguna duda: un régimen jihadista ha emergido entre el mar Mediterráneo y el desierto del Néguev. Hamas es de hecho un movimiento fundamentalista islámico que cree en el jihadismo como ideología y que emplea el terror como medio. No sólo utiliza la violencia extrema contra los civiles de su enemigo declarado, Israel, sino que recientemente ha cometido lo que los civiles palestinos en Gaza han acuñado como crímenes de guerra. Las preguntas afluyen hoy de las cuatro esquinas de la región y del mundo: ¿la victoria militar de Hamas en Gaza fue predicha? ¿Cuáles son papeles de Irán y de Siria? ¿Los palestinos aceptarán la nueva realidad? ¿Los árabes, los israelíes, los americanos, los europeos y los otros tratarán la situación? Y por último, ¿cuáles son las consecuencias directas del golpe de estado de Hamas?

Previsibilidad

¿Era predecible la toma militar de poder de Hamas de las agencias y las instituciones de la autoridad palestina a través de Gaza? Muchos en los medios y algunos en el estamento académico expresaban su sorpresa ante los rápidos sucesos que tenían lugar en ese enclave. Se encontraban entre los que abogaban por las opciones pacíficas y “democráticas” de Hamas dentro de la política palestina. Las filas de intelectuales y comentaristas en Occidente cantaban las alabanzas de “la transformación” de Hamas en una entidad política democrática, que obtenía “la mayoría legislativa”, como argumentaban. Muchos legisladores y comisarios europeos intentaban convencer a sus electorados de que Hamas, como Hezbolá, no es terrorista ni fascista. Esta defensa terminaba lógicamente la semana anterior con el golpe sangriento organizado por la organización que se pensaba civil. ¿Pero aparte del conocimiento técnico errado y de las declaraciones políticas miopes en Occidente, ¿era previsible la conversión de Hamas en potencia militar en toda regla en Gaza? Categóricamente sí, si se había percibido el grupo que era y seguía siendo: jihadista. Porque, en política comparativa, una proyección acertada proviene de una descripción precisa. Dado que muchos en Occidente, particularmente Europa, definieron a Hamas como movimiento “político” de inclinaciones democráticas, todas las predicciones analíticas posteriores se vienen abajo. En el caso de Hamas, como lo entendíamos en función de su propia literatura e historia, es una organización jihadista salafista, financiada antes por los wahabíes y financiada ahora por el régimen iraní. Por lo tanto, la balística de su planificación no pudo estar más clara: primero infiltrarse, segundo penetrar, tercero tomar el control y constituir un régimen jihadista.

Las largas manos de Irán y Siria

Hamas, acrónimo de Harakat al Muqawama al Islamiya (Movimiento Islámico de Liberación) es jihadista ideológicamente, pero ha desarrollado alianzas más allá de sectas e ideologías. Otro ejemplo del fracaso intelectual occidental a la hora de ver más allá del cristal etnocéntrico es cómo académicos y comentaristas agotaron sus energías convenciendo a sus audiencias de que los fundamentalistas chi'íes y sunníes no pueden llegar a acuerdos, y de que nacionalistas e islamistas no pueden trabajar juntos, cuando sea necesario. Tras no “verlo” en Irak, después en el Líbano, el análisis de la élite tampoco notaba los lazos externos de Hamas. Impávido ante la división sectaria, “el sunní personificado” de Hamas recibía ayuda significativa del Irán “muy chi'í”. Y contra todo presunto pronóstico corriente en Europa y Norteamérica, Hamas muy “islamista” alcanzaba una alianza con la "muy árabe nacionalista y secular" Siria. En un abrir y cerrar de ojos, Teherán y Damasco echaban larga mano a la región alimentando a Hezbolá y a otros grupos del Líbano igual que a Hamas y la Jihad Islámica en los territorios palestinos. Por tanto, esos saltos estratégicos a través de “largas manos” eran y son de hecho movimientos ejecutados dentro del alcance más alejado del eje sirio-iraní. Solamente tal análisis puede explicar porqué Hassán Nasralah, de Hezbolá, lanza una guerra el pasado mes de julio e Ismael Hanieh, de Hamas, lanza un ataque relámpago en Gaza este primavera.

Post Arafat: Mahmoud Abbás y Hamas

Mientras Yasser Arafat estuviera vivo, Hamas no intentaría asumir el control definitivo entre los palestinos, aunque pudiera tener la fuerza. No hay señor palestino de la guerra, incluso si muchos han sido respaldados por los regímenes árabes en las últimas décadas, que pudiera haber logrado esa tarea. Una vez que “abú Ammar” (nombre de guerra de Arafat) falleció, el reloj de la dirección planificadora de Hamas comenzó a andar. Primero, ejercieron presión sobre Abbás (que sustituye a Arafat) de cara a las elecciones legislativas mientras todavía eran armados y bien financiados. Los resultados fueron obvios: hacerse con escaños de todos los distritos bajo control de la milicia, la mayor parte de Gaza. constituyeron un gabinete, “jugando a las democracias”. Y mientras controlaban la central del Poder Ejecutivo, se infiltraban lentamente en el principal ejército y agencias de seguridad de la AP, desbancando a Fatah, también armado. Desde ambas elecciones, presidenciales y legislativas, la guerra civil era inevitable. Los dos bandos sabían que era inevitable y ambos mintieron a sus electores. Hamas dijo que nunca volvería sus armas contra otros palestinos, pero lo hizo. Abbás dijo que no permitiría que tuviera lugar un golpe, pero lo hizo. La dinámica que condujo al conflicto fue extremadamente obvia durante los últimos meses, por no decir años. El "gabinete" Hanieh hizo horas extra por crear una milicia estatal (la “fuerza ejecutiva ") y ponerla bajo el Ministerio del Interior. En vez de una fuerza policial, las “unidades ejecutivas” parecían más un Talibanato de Haneih modernizado.

Esto último se convirtió en el pilar del golpe la semana anterior. Los milicianos de Fatah y la guardia presidencial eran plenamente conscientes de la amenaza creciente, pero Mahmoud Abbás nunca dio órden de atacar primero. La razón está clara: Abú Mazén tomó la decisión de designar a Hanieh como Primer Ministro y no podía enviar por tanto a sus fuerzas a eliminar a su propio gobierno: necesitaba una coartada. Mientras que muchos críticos en Occidente - acertadamente - culpan a Abbás por no actuar antes, la realidad en Palestina es un poco más compleja. Abbás quizá tuviera el poder constitucional de disolver el gabinete, y disponía de suficientes fuerzas para resistir la “talibanización” de Gaza, pero carecía de la legitimidad para hacerlo en el contexto de la cultura política dominante en la comunidad nacional palestina. He aquí el motivo:

Cultura política

Durante décadas, la OLP, entonces secundada por Hamas y la Jihad Islámica palestina en los años 80, dio lugar a una trayectoria ideológica unidireccional como solución a las crisis: la destrucción del estado de Israel. En consecuencia, cuando en 1993 tuvo lugar un logro vía el proceso de Oslo, la pesada maquinaria de la Autoridad Palestina no pudo ni invertir siquiera la tendencia ideológica por completo. Arafat en persona no fue capaz (algunos dicen reticente dado que él era uno de sus fundadores) de poner orden dentro del radicalismo. Esta “cultura ideológica dominante” asomaba en el discurso público en los territorios y por supuesto en la diáspora palestina regional. Hamas y la Jihad Islámica palestina se aprovecharon del discurso radicalizado para blindarse frente a cualquier crítica mientras desarrollaban sus tácticas del terrorismo suicida. Es decir, aunque la AP se resentía por Hamas y estaba prácticamente en estado de guerra civil sin declarar con esta última, no podía sin embargo pronunciar la palabra “terrorista” referente a un grupo que ponía en marcha ataques contra Israel. Abbás quedó atrapado en una ecuación que le obligó a esperar a que los jihadistas golpearan primero y con fuerza. Estaba limitado por una cultura ideológica creada por sus precursores.

El golpe final de Hamas

De modo que, ¿por qué Hamas decidía proceder al golpe final? La respuesta corta es: porque está pasando a la siguiente etapa de sus metas. Hamas como movimiento fue paciente durante 21 años hasta alcanzar dos metas importantes: Una es su consolidación dentro de Gaza, y otra es el hecho de que formó un “gobierno”. La cultura política occidental raramente puede entender los “planes a largo plazo” de los jihadistas. La segunda meta no estaba en manos de Hamas, sino en las del eje. El ataque relámpago emprendido por los hombres de Haniah contra Fatah y las posiciones de Abbás dentro del enclave “fue solicitado estratégicamente” por el régimen de las ayatolás en el tablero global, con el fin de tambalear los procesos de paz y los movimientos democráticos. Los jugadores de Teherán y Damasco están compitiendo por desmenuzar las situaciones en Irak, el Líbano, Afganistán, y dentro de los territorios palestinos. Regionalmente, Hamas es un títere movido por sus fuentes de financiación, por lo que responde a las órdenes estratégicas de estas últimas. Mientras que las tensiones nacionales con Fatah son la variable cambiante, las órdenes de Teherán son la matriz central. Igual que Hezbolá en el Líbano, Hamas en Gaza se mueve al son de Jamenei. Los cálculos hechos por ambos socios, en Palestina e Irán (así como en Siria) fueron muy cuidadosos y siguieron un estudio extremadamente detallado de la situación del enemigo, Abbás y los Estados Unidos. Los preparativos de Hamas para atacar (así como de Hezbolá en el Líbano) fueron paralelos al debilitamiento de la resolución de América contra Ahmedinijad y Assad. Las elecciones al Congreso del año pasado en Estados Unidos fueron leídas positivamente por el “eje” no en términos de resultados de partidos, sino en términos de divisiones que afectarían a la política exterior de Estados Unidos. Las ofensivas ecabezadas por Hezbolá en el Líbano y por Hamas en Gaza pocos meses después de la difusión del informe Baker-Hamilton están vinculadas al segundo. Cuando el consejo de los dos partidos políticos recomendó al presidente “hablar” con el régimen iraní y sirio sobre “futuro de la región,” seguido de la visita de alto nivel a Assad encabezada por la portavoz de la Cámara Nancy Pelosi, la cúpula del “eje” dio la luz verde a las ofensivas de respuesta. En su mente, los estrategas anti-democracia de la región proyectaron una ausencia de respuesta por parte de Washington. La ofensiva de Hamas contra Fatah hunde sus raíces en la anulación general percibida de los Estados Unidos y en la creencia de que Israel se viene absteniendo perceptiblemente en asuntos libaneses y palestinos.

Los logros de Hamas

Al lanzar una ofensiva multidireccional similar a un golpe de estado contra todos los enclaves Fatah, la AP y los servicios presidenciales en el lugar, Hamas reduce la capacidad de contraatacar de sus contrincante. En otras palabras, las fuerzas de Hanieh tuvieron que asumir “todas” las posiciones de sus enemigos, con un alto precio en vidas humanas solamente porque ellos (Hamas) no se pueden permitir ningún tipo de vacío en Gaza que pueda ser utilizado por Abbás como cabeza de ariete. Desde esta perspectiva, los analistas militares pueden entender la lógica de la brutalidad de Hamas: en parte era disuasión psicológica, un tipo de terrorismo practicado contra cualquier palestino que se atreva a pensar en la venganza. Gaza tuvo que ser purgada de toda presencia palestina de seguridad que no fuera Hamas (y de sus aliados) en un plazo muy corto. Esto puede explicar las decapitaciones, la tortura, las ejecuciones y otros horrores cometidos por los jihadistas en el enclave. La brutalidad de Hamas trajo imágenes repugnantes nunca vistas por los palestinos antes, ni siquiera en manos de los que creían sus peores enemigos en Israel, Jordania y el Líbano a lo largo de cuatro décadas. La masacre jihadista de miembros de la AP y Fatah, parientes incluidos,creará shock y terror entre la población civil en Gaza y más allá. Hamas desea que este trato a lo Talibán sirva como disuasorio dentro de sus propias fronteras, pero nadie sabe exactamente cómo funcionará la matanza extrema de Hamas en términos de reacción. La sociología política palestina podría producir reacciones diversas y posiblemente opuestas, pero es demasiado pronto para juzgar.

No obstante, el Talibán palestino ahora algo en la zona sólo puede seguir adelante. Con todos los vínculos con Mahmoud Abbás rotos, la junta Ismael Hanieh (Gaza) - Jalid Mishaal (Damascus) tiene que consolidar con rapidez su control de Gaza y hasta iniciar una campaña para desestabilizar Cisjordania. Un "régimen" exclusivo de Hamas en Gaza, libre de los compromisos internacionales de la AP, recurrirá probablemente a transformar el enclave en un super-bastión de la Jihad. Esto va a incluir:

Una movilización masiva, en una tentativa por movilizar a un ejército de más de 60.000 miembros. Las expectativas de Hamas son ver a Irán y eventualmente a Siria y Hezbolá profundamente involucrados proporcionando armamento y entrenamiento. Pero tal proyección podría esfumarse mediante la oposición internacional.

Crear docenas de "Faluyas" en la franja en algún momento, en anticipación a una ofensiva "externa". Una serie de fortalezas inexpugnables para disuadir a cualquier presunta fuerza atacante.

Intentar desplegar una batería de misiles más dispersa y compleja, mientras se utiliza como escudo humano a la población civil.

Vincular a los partidarios de Hamas dentro de los campamentos palestinos del Líbano, Jordania, e incluso Israel.

El "régimen" de Gaza, libre de la supervisión de Abbás, activará sus operaciones a ultramar (Estados Unidos y Occidente incluidos) con el fin de disuadir cualquier represalia potencial internacional en el futuro.

Y por último pero no menos importante, el Talibán palestino podría convertirse en receptor de futuro armamento iraní no convencional, incluyendo despliegues nucleares tácticos.

Respuesta occidental

En vista de los de arriba, la respuesta occidental es estratégicamente insalvable pero no necesariamente automática. La llegada de una entidad militar de respaldo iraní entre las fronteras egipcia e israelí, con acceso al Mediterráneo, es una amenaza frontal para los estados árabes moderados, la presencia norteamericana y occidental, y el proceso de paz entre los palestinos y los israelíes. De ahí que aparte de los regímenes de Irán y Siria, esta nueva realidad no sea muy atractiva para la región. Pero la gran pregunta ahora es insalvable mente la siguiente: ¿qué puede hacerse, y por quien?

Los israelíes tendrán la fuerza militar, pero a causa de muchas razones obvias y al margen de la defensa como último recurso en una guerra regional, no deberían utilizarla en solitario: ello daría - en función de las proyecciones y lecciones del Líbano - a Hamas todo lo que necesita: legitimidad. Las unidades de la AP de Abbás deberían ser las que confrontaran este proyecto, pero ahora no pueden ganar: acaban de perder todas sus bases en Gaza y están demasiado débiles para derrotar a Hamas en la etapa actual. Una fuerza internacional despachada a la zona sería combatida por los jihadistas, tanto local como internacionalmente, con terror bárbaro. Sin un compromiso internacional fuerte bajo las resoluciones especiales del Consejo de Seguridad de la ONU, una fuerza multinacional en este momento estaría fuera de lugar. Los estados árabes moderados, particularmente Egipto, tienen un interés vital y directo en oponerse al ascenso de un régimen Talibán en Gaza. Los atentados de al Qaeda en el Sinaí a lo largo de los dos últimos años son solamente el aperitivo de lo que se avecina si se establece tal "Emirato". Pero Egipto necesita del respaldo árabe, el cual será combatido por Siria, e irónicamente también por Qatar, el nuevo defensor de los islamistas en la región. Finalmente, los Estados Unidos están involucrados en Irak y Afganistán y sus unidades están movilizadas en diversas ubicaciones problemáticas en todo el mundo; los Marines aterrizando en Gaza no es por ahora la mejor idea.

De modo que, ¿cuál es la respuesta a la pregunta si hay alguna? En la práctica, como en los casos de Afganistán, Irak, el Líbano y Somalia, las respuestas son difíciles de encontrar por qué a las víctimas del jihadismo, los palestinos en este caso, les cuesta mucho tiempo darse cuenta de lo profundo que es el problema. Pero sí entiendo que una respuesta estratégica al desafío del “Hamastán” es posible bajo un conjunto de condiciones, la más importante de las cuales es la coordinación entre las diversas partes movilizadas para tratar el desafío. Tiene que tener lugar en la región un gran cambio de actitud y un cambio significativo debe desarrollarse en la dirección de Washington y Bruselas.

El futuro inmediato

Se puede contar con que Hamas y sus aliados regionales dediquen todos sus esfuerzos a consolidar "su adquisición" por ahora. Irán y Siria avanzarán regional e internacionalmente en múltiples direcciones con vistas a confirmar el nuevo estatus quo. Damasco y Teherán emplearán todas sus habilidades en el mundo árabe para desperdiciar cuanto tiempo sea posible y las "iniciativas diplomáticas" irán y vendrán. Hamas va a librar dos juegos. El primero es profundizar el control y expandir las defensas de Gaza, y el segundo es garantizar a todo el mundo que puedan que no existe ninguna amenaza. Jalid Mashaal, el hampón de Hamas radicado en Siria, utilizaba espacio de emisión - ofrecido generosamente por al Jazira - para aplacar recelos y miedos. "sí, somos islamistas, pero no estamos estableciendo (aún) un estado fundamentalista religioso", decía, repitiendo casi textualmente lo que decía el portavoz del Tribunal Islámico somalí tras la toma de Mogadiscio a comienzos de este año. "Tenemos buenas relaciones con Irán y Siria, pero eso no significa nada", continuaba. A continuación ofrecía un abanico de jugadas psicológicas: Hamas aún reconoce como rais a Abbás; trabajó para liberar al rehén británico (antes de capturar más en el futuro); celebra las iniciativas árabes; izará la bandera palestina por encima de la de Hamas; y se asegurará de que las energías jihadistas permanecen elevadas; los líderes del grupo prometían continuar su incesante España contra Israel.

En la práctica, atacar a Israel y con misiles y terroristas suicidas es lo que Hamas tiene en mente en caso de que piense que la amenaza se cierne desde todas las partes contrarias. Piensa que a "la entidad judía" es el mejor seguro en caso de contraataque por parte de la AP y sus aliados. Por tanto, es importante que el gobierno nombrado por Abbás y encabezado por Salam Fayyad tome internacionalmente la iniciativa y presiones en favor del aislamiento de los terroristas. La clave de la siguiente etapa se encuentra en manos de Abbás-Fayyad, pero a la vista del turbulento pasado de Fatah y las reformas significativas que necesita el movimiento para componerse antes de ser considerado socio completo en la guerra contra el terror, hacen del tiempo un factor peligroso. Es el espacio temporal entre Abbás purgando sus enclaves y reformando radicalmente la AP y Hamas pasando a la ofensiva en Cisjordania mientras a Israel a la guerra. El futuro inmediato del Hamastán necesita de habilidades sobresalientes por parte de Washington y Bruselas a la hora de calcular la respuesta a la amenaza sirio-iraní en la región. Y hasta que levante la niebla de las incertidumbres, Palestina se divide en el equivalente Talibán de Afganistán y los mujahidínes.
El libro de rezos
Trascripción de la conferencia de Pilar Rahola en Buenos Aires Martes 15 de agosto de 2006

ACTIVIDAD ORGANIZADA POR LA COMUNIDAD BET HILEL, EL CLUB NÁUTICO HACOAJ Y LA ASOCIACIÓN AMIGOS DE RADIO JAI. REALIZADA EN LA SEDE DE HACOAJ, CON LA PRESENCIA DE 2.500 PERSONAS.

Buenas noches. ¡Qué lindo espacio, cuánta gente! La verdad que es emocionante.

Venía para acá y la verdad es que cuando una tiene que explicar temas sórdidos y no demasiado simpáticos, a una audiencia que está preocupada por lo que acontece y que muy a menudo sufre eso que acontece, una piensa en distintas formas de empezar. Y siempre acaba en una misma forma. Por eso no seré original. Explicaré cosas que he escrito en artículos, que he dicho en televisión, que quizá me han oído decir en otras conferencias, y por eso me siento un poco inquieta.

Probablemente ustedes oirán conceptos y análisis que conocen, que ya me han oído expresar a mí, o a otros, y que forman parte de la batalla de la ideas en la que estamos algunos, en cada uno de los frentes donde nos toca lidiar.

Por tanto, mi primera disculpa es por la poca originalidad. No haré (porque la realidad no lo permite) análisis muy distintos.

Si algo me produce una profunda rabia es no haberme equivocado en algunas prospectivas. Es haber venido hace tres años y decir unas cosas que aún están ahí... o peor. Es haber analizado algunas de las miserias que nos acontecen y ver que no se resuelven. Y, por lo tanto, la realidad me impide la originalidad. Más bien diría que voy a repetir, para que queden cuajados, aquí y donde me pongan un micrófono (a veces entre judíos, a veces entre no judíos, a veces entre oídos amigos, a veces entre oídos enemigos) lo mismo que algunos llevamos diciendo desde hace tiempo.

Por lo tanto, y antes de nada, perdónenme.

La segunda excusa es que yo ahora hablo tranquila, pero luego me acelero, y lo sé... Procuraré controlar mi ritmo, que es un ritmo al que mi madre lo llama cardíaco, voy a intentar controlar mi español que a veces toma verbos curiosos, voy a intentar por tanto -que ya que lo que explicamos es tan triste- como mínimo, que el verbo sea plácido.

Y lo tercero es que me van a perdonar, pero no traigo esa dosis de optimismo que me gustaría traer. Porque soy una mujer optimista, lo soy por naturaleza. Soy vital, soy apasionada, amo las cosas que me interesan, me dedico a ellas y por lo tanto, en ese sentido y a todos los niveles soy una enamorada de la vida.

Y por eso me gusta siempre ver la botella medio llena, ver lo positivo.

Entonces, me gustaría haber llegado hasta aquí y decirles: “miren ustedes, esto va bien”. No, no les voy a decir eso. Porque la primera obligación moral de alguien que cree que defiende una causa que es noble, es justa y es moral, es no mentir. O intentar, como mínimo, no equivocarse. Y la segunda obligación moral que tenemos a los que nos ha sido concedido el enorme lujo de tener un micrófono y el de ser escuchados, es que no seamos muy irresponsables con los riesgos y no juguemos con ellos.

Pues las tres excusas ya están ahí. Voy a hablar rápido, seguro, no voy a ser original ni tan solo en las metáforas. Y si, además, me han oído ustedes en el programa de Grondona o en algún otro lugar... lo poco original ya lo quemé en televisión. Por lo demás, y sin duda alguna, no voy a ser optimista.

Miki Steuerman le puso un título a esta conferencia -es su culpa, no la mía- que decía “Y después de la guerra ¿qué?”. ¿Tu pretendes, Miguel, que yo tenga la respuesta?. Pero vamos a intentar cumplir un poco, de entrada, para tenerlo algo contento con ese titular. Luego ya voy a hacer lo que me dé la gana.

Después de la guerra ¿qué? Estamos ante un problema que tiene que ver con que de golpe se nos ha descontrolado un trocito del problema y hemos entrado en una guerra terrible en la que hemos dejado vidas humanas, hemos dejado dolor, esperanza, anhelos. ¿Cómo estamos, en qué lugar estamos, cómo actúa eso en el mundo judío y cómo actúa eso en el mundo, y todo eso cómo actúa en los problemas globales que de alguna forma nos conciernen?.

Por ello comenzaremos con una reflexión sobre la guerra en concreto.

Hace unos días, en una escuela judía en Chile, un chico brillante, valiente y bastante contaminado, levantó la mano y me dijo: “Yo soy pacifista y como tal repudio lo que hace Israel. No me gusta que maten mujeres, niños. No me gusta la guerra. Y mi identidad judía, que se basa en el valor de la vida, no entiende lo que está ocurriendo”.

Ese chico judío expresaba en voz alta lo que deben sentir mucho de ustedes: no entienden como un pueblo, una identidad que se ha forjado a lo largo de los siglos, en cada liturgia religiosa, en cada relación moral y personal, en cada educación de padre a hijo, de madre a hijo, en un concepto fundamental basado en la vida y el respeto, puede hoy aparecer ante el mundo como el opresor, el asesino de niños, el malvado.

Si eso hace daño a alguien, es al judío. Y sin duda eso, de alguna manera hace irrumpir contradicciones interiores que luego cada uno resuelve como puede. Porque a pesar de todo, la inmensa mayoría no está contaminada informativamente. Sabe lo que ocurre en el Líbano, sabe que no estamos ante asesinatos masivos de nada, sabe que estamos en la lucha por la vida. Pero es cierto, a ese chaval chileno... yo lo entiendo: “¿Qué hace mi pueblo?... Porque la televisión me dice que mi pueblo es malvado”.

Bien. Empecemos por ahí. Los que defendemos a Israel, los que incluso hemos entendido esta guerra aunque nos ha hecho daño, los que tenemos incluso un pensamiento crítico de cómo se ha llevado, ¿somos gente de paz? ¿Somos gente que levantamos la bandera de la paz? Les aseguro que yo no voy a permitir que a mi me arrebaten esa bandera. Llevo toda mi
vida luchando por la paz. Creí en ella cuando era una adolescente y luchaba contra la dictadura de Franco. Creí en ella cuando me educaron en mi casa mis padres y me educaron en los conceptos de vida y de paz.

Creí en ella cuando tiré adelante con mi vida, con mi gente, con mis hijos. Creí en ella cuando me fui a otro lugar del mundo a adoptar a mis hijos y luché contra el mundo para tenerlos. Creí en ella cada vez que estuve en un conflicto armado y vi lo que significaba la muerte. Y creo en ella ahora que lucho contra esta locura que nos está tocando.

Le dije a este chico chileno que los que estamos en este conflicto, mirándolo de cerca, hasta entendiéndolo, somos gente de paz. Y cada uno de esos chavales que están en la guerra o han estado en la guerra, y cada uno de esos padres que han perdido un hijo en una de esas guerras, es gente de paz. Y ese estado que ha hecho esa guerra, es un estado que quiere la paz.

Por tanto, si me permiten -como primera reflexión- tengamos todos problemas morales cada vez que el mundo entra en locura y entra en guerra, pero entendamos hasta qué punto a veces hay guerras que son tortuosos caminos para garantizar la vida.

Lo tuvo claro Ghandi cuando defendió la guerra contra Hitler. Hasta lo tuvo claro Amos Oz cuando escribió lo que escribió. Probablemente, en algún momento, lo tuvo claro el escritor israelí David Grossman, a pesar de que ha muerto un hijo suyo el día antes del alto el fuego.

Lo segundo que les diré es que esta guerra era inevitable. Podía ocurrir hoy, ayer o mañana. Pero era inevitable, Cuando uno está en un país, en un trozo del mundo dejado de la mano (no diré de Dios porque los rabinos me reñirían, pero sí, en todo caso, dejado de la mano del dios político), abandonado a su sola absoluta suerte.

Recuerdo que una vez le pregunté a Ehud Olmert cuando era Viceprimer ministro y tuve la ocasión de conocerlo (hoy he estado con un Vicepresidente, no sé si lo mío es hacer Presidentes, porque en el caso de Ehud Olmert después se convirtió en Primer Ministro, y hoy le dije: “me han dicho que estoy con un hombre con mucho presente pero más futuro”. Bien. ¿Como se llamaba el de hoy? Scioli. Ese hombre con el que hoy he estado tiene futuro, porque no le pesqué ni una idea, es decir, no me dijo nada. (Perdón. Seguro que las tiene, pero no me las dijo).

Bueno. Recuerdo que estuve con Ehud Olmert cuando ocurrió el atentado de Haifa, un día después o dos, y yo le comenté:

- “Algún día los israelíes tenéis que permitir que los muertos respiren. Y después de un atentado integrista, de un atentado enloquecido como este, no hagáis nada con el ejército. Pararos. Quedaros quietos. Quizá así el mundo os va a entender un poco”.

Y Ehud Olmert me miró y me dijo: -“si yo no hago nada, si no envío el ejército, si no me defiendo, ¿Europa me va a querer más?”.

Y le dije: -“No”.

Me dijo: -“y dime, ¿si mi país está en peligro de desaparición, tu país enviará soldados a defenderme?”.

Y le dije: -“No”.

Y él me dijo: -“Entonces deja que yo defienda mi país”.

Están solos, están solos. Pero además están solos haciéndonos el trabajo sucio, al mundo, a la humanidad libre, a la gente que intentamos vivir.

Están luchando por nosotros.

Y cuando alguien vive en un país poblado escasamente por siete millones de personas, rodeados por millones que son educados en el odio, que son educados para matar, con todo el dinero del mundo dedicado no a formar científicos, ni médicos, ni poetas, sino a crear asesinos, bombas humanas. Cuando todos los organismos internacionales en lugar de tutelar los derechos fundamentales, tutelan y blanquean las dictaduras que vulneran todos los derechos humanos. Cuando esto ocurre, y cuando tienes al norte una estructura militar que ocupa un país en un claro acto de guerra... Pues esta guerra estaba cantada.

Las lágrimas del presidente del Líbano me hubiera gustado verlas antes, mucho antes. O acaso estaba encantado por ser socio y constituir el territorio de una estructura militar que quiere atacar a otro país vecino, estructura terrorista que es financiada por otros dos países de la zona, uno de los cuales ha dominado al Líbano durante años y lo ha destruido económica, social y moralmente, y ahora nos llora porque Israel llega. Hay hipocresía. Hay lágrimas que pesan tanto... pero pesan por inmorales.

Se fueron de Gaza y los cohetes kassam cayeron más cerca. Se fueron del Líbano y Jizbala se dedicó a arreglarse el chiriguito con mucha tranquilidad sin que nadie mirara, controlara, evidentemente pasándose por el trasero todas las resoluciones de la ONU, a las que finalmente solo tiene que resolverlas y cumplirlas Israel, nunca los demás países miembros.

Y por lo tanto, de la misma forma que una vez yo me atreví a decir en Miami (y era un diez de marzo de hace dos años): “¿Qué espera Europa, un atentado en Madrid, en Londres?”. Ocho horas después morían doscientas personas en Madrid. De la misma manera me atrevo a decir que, como mínimo, por el conocimiento que intentas tener, por la proximidad que intentas tener con el conflicto, te das cuenta de que esto solo podía llegar adonde ha llegado.

Cuando uno tiene un enemigo que se arma no para la paz, sino para la guerra; cuando ha roto todas las fuentes de diálogo, cuando preparan todas sus estructuras sociales para matar, cuando prepara sus generaciones para guerrear, cuando rompe todas las posibilidades y encima está dentro de un paquete más grande, ideológicamente hablando, que está matando por todas partes en el mundo y está motivado, financiado, está mimado por los medios de comunicación, los medios occidentales, los propios. Entonces, ¿qué hace un país de siete millones de personas que además está solo? ¿Esperar que le secuestren más
soldados, que le tiren más misiles, esperar a que estén más armados? Yo no soy militar, ni siquiera entiendo de estrategia militar ni quiero. No sé si era el momento, no sé si fue oportuno, no sé si se hizo bien, no sé si es justo. Solo sé que una parte del conflicto esperaba en qué momento empezaría esto. Y era inevitable.

Por eso, a la pregunta de Miki “Y ahora qué”, les voy a decir con la lupa pequeña lo que a mi me parece que va a ocurrir en la zona. Pero luego voy a poner la lupa grande porque yo no quiero hablarles de Israel. Hoy no he venido a hablar de Israel. Hoy he venido ha hablar de derechos humanos, de ideologías asesinas, de la locura del mundo, de los medios de comunicación, de nuestra querida izquierda, la suya y la mía y la del otro lado, de antisemitismo y de un montón de cosas más. Israel no es el problema. Es más, aunque el mundo no lo sepa, es la solución.

¿Y ahora qué?... Vayamos a la prensa cotidiana. Hoy he estado comiendo con un señor holandés que tiene un nombre imposible, Van Der Kooy –un hombre interesante y notable-. Yo le hablaba de Clarín, le comentaba que la comunidad judía de la Argentina muy contenta no estaba... Por cierto que nos dijo, y esto les gustará saberlo, estaba muy preocupado por el boicot de la comunidad judía (dijo que perdieron alrededor de veinte mil ejemplares un domingo. Lo digo simplemente porque no creo que me lo haya dicho en secreto). Él, abiertamente, ante Miki y ante mi nos ha dicho: “Fue un boicot de los severos, el diario lo notó”. Entonces yo le hablaba de esto y le decía qué pasa, qué nos pasa, qué le pasa a tu periódico, qué le pasa al mío, hablábamos de la izquierda. Entonces el periodista me dice: -“No. Pero Clarín le ha dedicado cinco páginas diarias a la guerra”.

Eso ya es una distorsión, pero no en Clarín, en cualquier informativo.

¿Por qué cuando Israel mueve un tanque es tanta noticia en el mundo y cuando mueve un tanque cualquier loco en cualquier lugar del mundo, ni tan solo tiene media página en algún lugar? ¿Por qué morir bajo balas israelíes es ser una víctima universal? Pero morir como un pobre sudanés en el sur de Sudán no es nada. ¿Por qué morir bajo Israel es noticia y es víctima, y morir bajo las dictaduras de Siria, de Irán, de Arabia Saudita, no es nunca noticia?

Cinco páginas dedicadas a la guerra. Ni una página dedicada a la esclavitud de la mujer en el Islam. Cinco páginas a la guerra. Ni una a que Israel, ese pequeño país violentado y presionado, aún tiene capacidad para darnos premios Nóbel. Cinco páginas a la guerra, ni una a la locura integrista. ¿Cómo pueden? Yo le decía: -“¿No te das cuenta que el tema es mucho más importante? ¿Cuántos miles más tendrá que matar el integrismo islámico para que te enteres que ese es el tema. Que el tema del mundo no es Israel, es otro. Que Israel está en la trinchera de ese problema que nos ataca y nos mata? ¿Cuándo os vais a enterar?”.

Pero a pesar de todo, como continuarán con sus cinco páginas, ustedes van a leer que después de la guerra Israel no ha tenido la victoria militar. Jizbala, nada, ¡está perfecta! Porque si alguien mueve bien la propaganda, ese es el mundo árabe. Ustedes tienen la fama y ellos, como decimos en España, cardan la lana. Es decir, ustedes (los judíos) dominan el mundo, los medios de comunicación, las finanzas – eso se nota cada día en Clarín–. Pero en cambio, si alguien tiene capacidad para jugar retóricamente con el victimismo, para jugar extraordinariamente bien con la mentira, con la distorsión y con el prejuicio, ese es el mundo que hoy nos está amenazando. Y miren ustedes, ningún general israelí saldrá a decir “los hemos aplastado”. Pero aparecerá Nassrala diciendo “los hemos aplastado”, porque el valor de la vida no es el mismo. No es el mismo.

Militarmente hablando, si el objetivo era acabar con Jizbala, esta guerra ha sido un fracaso, sin duda. Si el objetivo era subir hasta las fronteras del Río Litani, destruir estructuras, poner en evidencia lo que significa Jizbala, poner en un compromiso ocasional a Koffi Anán (siempre viene de gusto), y además, de alguna forma, conseguir que algún tipo de estructura internacional estuviera en la zona, si ese era el objetivo, el objetivo esta absolutamente cumplido.

No nos vayamos pesimistas. Estos tipos ahora no van a poder tirar tan fácilmente misiles porque están más al norte, más controlados, más mirados y la estructura está dañada. Si el objetivo era acabarlos... No.

No se puede. Porque aunque acabes con todos los que hay en el Líbano, irán a enviar a mujaidines. O Siria enviará a quien quiera. Yo estuve en la guerra de los Balcanes y en Bosnia me encontré con mujaidines iraníes. Es decir, oigan ustedes: el tema no es como acabar con esta guerra. Si ustedes creen realmente que la guerra, la global, la problemática, la que nos afecta a todos, israelíes o no, la va a acabar solita Israel, pues no es así. Israel está en la trinchera y hace lo que puede. Pero la guerra tiene otra naturaleza.

En el plano militar, para leer las cinco páginas de Clarín y las notas de La Nación, no sé qué otra cosa iban a ver sino que Nassrala repite cada día “victoria militar”, y como aquí a nadie en los medios se le ocurre que un tipo integrista totalitario pueda mentir, pues se lo van a creer. Para qué, si no. Estamos en un mundo en el que nos creemos estas locuras. Estamos en un mundo donde a un tipo, a un imán, lo sacan en televisión, dice barbaridades y todos consideran que es un interlocutor válido..

Perdónenme esta anécdota, pero como me siento muy en familia me permito referirla, se lo dije a Julián Schvindlerman que es una persona fantástica y un hombre de una cabeza extraordinaria y además un gran amigo. Le dije: “Julián, muy bien que tú vayas a pelearte con el imán, pero la próxima vez quiero que vaya una mujer”. Florencia, la chavala aquella del otro día, fantástica, una mujer, que vaya ella a pelearse con el imán. A que se miren cara a cara y el imán sepa que una mujer le está diciendo cosas. Está hablando de libertad y de derechos, y el tipo pensando “si te tuviera en Arabia Saudita te jodía”. Pero no estás allí, imán.

Por eso no les aconsejo que lean mucha prensa en estos días, porque no van a tener una buena digestión: esto va a ser terrible, Nassrala es el tipo mas importante de la historia del mundo árabe, del mundo islámico y no sé que más. Y hasta van a hacer un juego de playstation con él, que no estaría mal.

Y en el terreno político también van a leer ustedes que Israel ha perdido esta guerra. Como no. ¿Por qué la ha perdido? Porque Israel es una democracia y por tanto en Israel surgirá la oposición, los grupos pacifistas, los medios de comunicación, los opinadores. Y Ehud Olmert (que además encabeza un gobierno débil, que llegó hace poco y llegó como llegó), pues va a tener un problema lógico, porque en las democracias después de una guerra hay crisis políticas.

Y Nassrala no. Quizás aparezca algún disidente que le diga “lo hiciste mal”, pero la cabeza de ese disidente durará un segundo y medio. Es decir, claro que en ese otro mundo no ocurrirán crisis políticas, es claro que ese tipo del turbante finalmente saldrá reforzado políticamente. Si tu ideal de político es un tipo que mata gente, que se arma hasta los dientes, que esclaviza a su mujer y enseña a su hijo a ser un suicida, si ese es tu ideal social, ese tipo es un héroe.

Por suerte, el ideal social de un israelí es un político que sea un buen gestor y que sea honesto. Y por eso, el político será criticado y tendrá problemas, y nuestra prensa, que es tan ilustrada que a veces parece un poco botarate, proclamará con grandes titulares: “crisis política en Israel”. Claro. En Jizbala no. En Siria tampoco. En Irán, bueno, no caben dudas de que todos los días allí hay manifestaciones,...

Por lo tanto, después de la guerra, una tregua falsa. Y a esperar la próxima. Me temo mucho que esto no esté cerca del final. Como mucho conseguiremos tenerlos suficientemente controlados a lado y lado para que durante un tiempo esto esté relativamente tranquilos. Creo que a ese nivel sí que hay éxitos. Lo creo sinceramente. Creo que vamos a poder mantener un tiempito sin que sea el foco directo, exacerbado y apasionado.

Y a lo mejor algún izquierdoso, que los hay, en una de esas se aburre de tanta manifestación. Es posible. Pero en todo caso quiero decirles que después de la guerra continuará siendo desconcertante el horizonte, terrible la amenaza, la de Israel y la de todos, será difícil de gestionar la zona, como nadie la puede gestionar y continuará Israel en una enorme soledad.

Sólo han cambiado unas cosas y las quiero decir, porque también hay que levantar un poco el ánimo. Algunas cosas cambiaron. Algunos países europeos que eran los primeros de la fila en criticar a Israel, han estado más callados. Francia. El silencio francés tiene mucha palabra.

Francia, que era el primero en ponerse la kefia corriendo (ahora sólo lo hace Rodríguez Zapatero cuando se me pone tonto). Francia calló.

Alemania farfulló, mmm, heeee. Inglaterra por supuesto. Italia, tuvo sus cositas, pero... De golpe Europa no ha dicho nada. Esa Europa cuyo deporte nacional es, primero, darle al yanki (porque eso es gratis), y después darle a Israel (que también es gratis), porque contra Israel Europa vive mejor, tiene más mimados a los de los petrodólares, a sus amigos saudíes, tiene más tranquilas a sus emigraciones musulmanas.

Contra Israel se vive muy bien. Lo que se vive complicado es a favor de Israel.

Bien, Europa movió alguna pieza y fue interesante. Mírenla ustedes con una lupa muy precisa. La política a veces es muy lenta. Cuando se trata de intereses, vuela, pero cuando se trata de buenas intenciones es lenta. Pero sin embargo yo he visto que en esta guerra concreta, han habido algunos movimientos a nivel de geopolítica, de gran política, que son interesantes.

Como mínimo es la primera vez que se ha hablado abiertamente del terrorismo de Jizbala, que se ha entendido, al menos al principio, que Israel no podía vivir bajo una presión militar permanente, que el secuestro de soldados no era algo que un país pueda aceptar con tranquilidad. Y eso tiene que ver con lo que está ocurriendo en el mundo. Eso tiene que ver con los atentados en Londres y Madrid.

Y lo otro que me ha parecido interesante y que ha cambiado el panorama es que de golpe Kofi Annan ha dicho algo interesante (mira que lleva años) y dijo algo. Yo no le tengo cariño, no le tengo. Ya sé que es de una minoría racial y eso siempre queda bien, si fuera mujer también quedaría bien, pero no lo es. Yo creo que es el responsable máximo, y su imagen pública es la de una organización que ha blanqueado y por tanto legitimado dictaduras malvadas, tiránicas, que destruyen todo aquello en lo que yo creo. Esa organización no me ha servido a mí como mujer para defender los derechos de la mujer, no me ha servido a mí como demócrata para defender la democracia en el mundo, no me ha servido como ciudadana de la humanidad para luchar contra las tiranías, contra las locuras, contra los totalitarismos. Solo me ha servido para que durante días y días no critique a Israel. También Kofi Annan vive mejor estando contra Israel. Tiene más prestigio, quizá hasta es más rico y en cualquier caso, sin ninguna duda, lo invitan más. Cualquier otra postura sería más complicada. Ese hombre y esa organización que hasta ahora
habían estado sin ninguna duda inequívocamente de un lado de la trinchera, finalmente el otro día cuando plantearon la resolución que ha llevado al “alto el fuego”, hizo el primer discurso que yo recuerde en el que Kofi Annan criticara abiertamente la participación de Siria e Irán con Jizbala, hablara de terrorismo, hablara de dolor israelí –que esa era una palabra que no estaba en el diccionario de Kofi Annan– y portara y moviera pieza en la ONU.

Es decir, en el ruido todo va mal. Pero después del ruido televisivo, el ruido radiofónico y el ruido “clarinesco” se apaciguan, y entre el ruido se pueden oír palabras interesantes. No sean pesimistas en lo concreto, en esta guerra concreta. Hoy Israel tiene una imagen de crisis política, la va a tener, ya lo verán. Va a tener la imagen de que el ejército más poderoso del mundo no ha podido con cuatro locos... No es cierto, no eran cuatro, eran muchísimos, estaban armados hasta los dientes, están motivados, aman la muerte. Peor guerrero que este, es difícil. En cambio los soldados israelíes aman la vida y el Líbano es un pantano. Cuidado.

Pero yo me atrevo a decir, como elemento positivo, que hoy a nivel de cancillerías y de organismos internacionales Israel es un poquito más comprendido y tiene un poquito más de amigos. Eso me atrevo a decir hoy.

¿Eso es éxito de Israel? No. ¿Es un éxito que el mundo de pronto se vuelva bueno y diga “¡Ay! Mira, me había olvidado, voy a ayudar a ...?.

No. No. Me temo que no.

Esta mañana, en el Colegio Tarbut, un chaval me dice: -“pero el mundo ¿por qué no reacciona?”. Qué lindo, verdad. ¿Cómo le dices a un chico de 14 años que el mundo que él mira es un conjunto de intereses perversos, generalmente inmorales, cuya moralidad y cuya buena intención brilla por su ausencia en la inmensa mayoría de los casos? ¿Cómo le explicas eso al
mundo? No es fácil. Ese mundo hoy, en algunos lugares, entiende un poco más a Israel, aunque solo sea por salvarse a si mismo, tan solo por autodefensa. Y por eso, cuando se vayan a su casa después de oírme y digan “buá, cómo está todo esto”, recuerden que en algunos aspectos algo está moviéndose, algo.

No sé si en la Argentina se enteraron, no sé si Kirchner lo sabe, pero Francia ya lo sabe. España no, eh, no sabe nada. A mi me da una gran vergüenza que el Presidente de mi país haga el ridículo público de esa manera...

Yo les digo, por un lado se mueven piezas, por un lado esta gente no va a dejar de armarse, no va a dejar de prepararse para la guerra. Hoy en día desde el Mediterráneo hasta el sudeste asiático, en el mundo islámico, que no quiere a Israel, en el aspecto popular, ninguno llegaría a entenderlo. Han sido preparados para odiar a ese país, no van a firmar la paz mañana. Están hipotecando generaciones enteras. Pero además en el mundo árabe en su totalidad, si toda la épica de resistencia está basada en el odio al israelí, cómo van a firmar la paz con ellos. Pero además están seducidos por una ideología totalitaria, están siendo financiados en esa locura, y en consecuencia, si me permiten, ojalá yo pudiera decirles que esto de la paz la veo cerca.

Tengo que decirles que hace poco hablaba con un amigo mío que está en Israel y lo llamé los primeros días de los ataques (vive en el norte) y le preguntaba como estaba, luego se fue al sur a refugiarse, y él me decía: -“estoy muy desanimado”. Yo estaba en Israel cuando la gran ilusión de Camp David se frustró y nunca vi un pueblo tan derrotado.

Habían depositado tanta ilusión y ese gran mentiroso, Arafat, los engañó a todos. Empezado por Clinton, que era fácil, y continuando por el resto.

Y yo me acuerdo que esa sociedad israelí de golpe había pensado que eso se acababa. Y se frustró. El otro día ese amigo mío me decía “estoy como en Camp David, nos fuimos de Gaza y volvemos a estar en Gaza, nos fuimos del Líbano y volvemos a estar en el Líbano, nos caen los misiles, nuestros soldados mueren, nadie nos entiende, no sé que hacer”. Esto no es fácil, nada fácil.

Vayamos, sin embargo al resto. Si esto que dice esta loca que está aquí, que les habla, es verdad,¿ por qué no lo dice el resto? ¿Tengo yo la razón y los demás no? Yo no me he vuelto clarividente. Yo no estoy sola, esto quiero decirles. No soy la única, hay más gente como yo. Gente de derecha, de izquierda o de nada, porque ya no sabemos donde estamos.

Gente que piensa, reflexiona y toma postura. Los hay muchos calladitos.

Porque esto de dar este paso adelante tiene sus riesgos. Los hay calladitos y con la boca chica te dicen “yo estoy contigo”. Pero hombre ¡pues levanta la voz!

Esto pasó con el nazismo. ¿Cuántos se atrevían a decir ¡no!? ¿Cuántos pensaban que no, pero lo callaban? ¿Y cuántos callaban y pensaban “que bueno, mejor”? Recuerden ustedes lo que dije ayer en el acto contra el terrorismo: “lo peor, el silencio de los buenos”. Lo peor.

Hay más intelectuales y periodistas, especialmente en Europa, que hoy reflexionan en voz alta en una línea que no es la mayoritaria. En Francia hay gente muy interesante hoy por hoy, intelectuales de prestigio. En España hay más gente y en otros lugares y en muchos de estos son mujeres. Y les voy a decir cuatro que a mi me parecen muy significativas: la diputada Elke Ferner en Alemania, que habla clarísimo; la diputada somalí Ayaan Hirsi Ali en Holanda, que está condenada a muerte; la musulmana Wafa Sultan, que llegó a enfrentarse en la cadena de TV al-Jezira con un imán y hoy está condenada a muerte y
está protegida; la libanesa Brigitte Grabiel, que desde hace tiempo está protegida en Estados Unidos, algún que otro paquistaní que ha escrito como anónimo y está escondido en las catacumbas y habla... Y por supuesto, Salman Rushdie y Oriana Fallaci. ¡No estamos solos. Somos pocos, pero no estamos solos! No me miren a mí como algo extraño y único, no lo soy.

Cada vez que el mundo se ha enfrentado en situación complicada con ideologías totalitarias, han sido pocos los que han dicho no, pero esos pocos han sido importantes. Y no me refiero a mí, me refiero a gente que se juega la piel muy directamente y muy en primera línea.

Si entonces tenemos razón o una parte de la razón, si Israel tiene razón, si está cargada de razones, si tiene tanto que explicar al mundo, ¿por qué el mundo decidió no escucharlo?. ¿Por qué gente brillante e inteligente dice tantas imbecilidades cuando habla de Israel?. ¿Por qué hay tanto ilustrado ignorante cuando habla de Israel? ¿Por qué hay tanta gente con prestigio que pierde todo tino cuando habla de Israel?. ¿Qué es lo que ocurre? Mi análisis. Lo primero, vivimos en unos tiempos de relativismo moral profundo, en los que los conceptos vinculados al bien y al mal, al sentido de justicia, al respeto, a la verdad como concepto
abstracto y como mínimo apetecible, a la vida y a la muerte, son relativizados permanentemente, minusvaluados y, como decimos en España, son ninguneados.

¿Qué les voy a decir yo hoy aquí, en Buenos Aires¿. ¿Hace cuánto tiempo que han dejado de conmover las víctimas de la Embajada y de AMIA?

¿Cuánta gente en la Argentina pensó que era un tema judío y no argentino? ¿Cuántos miraban a otro lado, cuántos dijeron “esto no va conmigo”? ¿Cuántos continuaron negociando con Irán? ¿Cuántos dijeron “es por su culpa, por lo que hacen en Israel les matan en Argentina”?

¿Cuántos? Vieron como caían dos torres gemelas y mataban cuatro mil personas que ese día habían ido al trabajo, a hacer sus negocios, a limpiar los vidrios, a limpiar el salón, trabajadores, emigrantes, empresarios, abogados, periodistas, hombres, mujeres, con sus vidas, sus esperanzas, sus luchas, sus emociones, su gente que les amaba. Y cayeron y murieron. ¿Y cuántos en el mundo dijeron “se lo tenían merecido”?

¿Quiénes? Esa guatemalteca que había ido a limpiar el despacho de un abogado, ese joven que estaba empezando a triunfar en los negocios, esa chica que había conseguido un trabajito como secretaria. Esos.

¿Merecían morir? Y sin embargo, el relativismo moral hace que cuatro mil muertos pueden ser justificables. Un día alguien se levanta, besa a su pariente más cercano, se va a un centro social, explota y mata a un montón de gente. Y el mundo dice “habrá que buscar por qué lo hizo”. No habrá que pensar que esto es un asesinato masivo, que es una maldad masiva, que en nombre de los principios fundamentales es absolutamente insostenible como pensamiento. No se puede ni pensar que alguien, algún
día, crea que eso es justificable. Y el relativismo moral en el que estamos instalados hace que ni siquiera los muertos nos llamen a la conciencia.

Eso es terrible. Y miramos la televisión y miramos la prensa y vemos como caen y como mueren, y bueno. Y es gente decente. Gente que lleva corbata en los días importantes, que a lo mejor sus hijos han hecho la comunión, que son gentes de orden, decentes, buenos, honestos, miran y dicen “se lo han buscado, y eso no va conmigo”. No horrorizarse ante el horror indiscriminado, ante la muerte indiscriminada, es una forma de inmoralidad, quizá la peor. Y el relativismo moral hoy nos está
destruyendo los valores.

Lo segundo no es nuevo, lo he repetido, lo habrán leído, me habrán oído, y si alguno no lo ha oído que se ponga de pie y me salude, pero lo otro es el papel de los dirigentes de las izquierdas del mundo. Con eso no les voy a decir que la derecha lo haga mejor, no se equivoquen. Tampoco los veo muy movilizados. No los veo a los intelectuales de derecha, excepto alguno, ahí en primera línea. También van a sus cosas. Pero lo cierto es que, al menos, los que venimos de movimientos progresistas y
de luchas por las libertades, lo cierto es que uno siempre piensa que aquellos que enarbolan la bandera de la solidaridad, que es un concepto bonito que forma parte del buenísimo político, y que cualquiera tiene un trocito de bandera en su casa para quedar bien, esos que enarbolan esa bandera serían los primeros que deberían ser solidarios con las víctimas. Esos que forman parte del mundo intelectual, del mundo periodístico, que están en las cátedras universitarias, que copan los prestigiosos premios que pueden otorgarles porque son todos grandes pensadores: ¿Por qué piensan tan mal?. Yo acuso a la izquierda de traicionar la moral, la libertad, los derechos humanos, la igualdad, la acuso. Acuso a la gente que tendría que estar en la primera línea diciéndole a un loco integrista “tú eres mi enemigo porque yo lucho contra el totalitarismo”, y alguien que enseña a amar la muerte es un totalitario puro. Esos, que tendrían que estar en la primera línea, ayer no estaban en la manifestación contra el terrorismo. Pero otro día estuvieron con banderas de Jizbala, y si no estaban, lo pensaban. ¿Dónde están? Se lo decía al amigo de apellido holandés ¿dónde estáis, dónde estamos? ¿No tenemos un deber moral con la libertad? ¿No tenemos una
exigencia moral con nuestros propios principios? ¿No somos la gente que creímos en las utopías? ¿No le dijimos al mundo, en un momento de la historia, “vamos a cambiar el mundo”?. ¿Y ahora qué? ¿Quién está cambiando el mundo, el islamismo loco? ¿Quién está cambiando el mundo, los Bin Laden y los Chávez? ¿Dónde estamos nosotros?. Perdónenme.

Si hoy Israel tiene tantas dificultades para ser entendido, es porque la gente que tiene la obligación de hablar de la verdad, de lo que ocurre, de lo que pasa, está traicionando a la verdad. Y encima lo hacen enarbolando las banderas que más aman. La solidaridad con las víctimas, pero según cuales, se han fijado ustedes. Solo son terroristas los que matan en Madrid. Los que matan en Israel son resistentes. Los que matan en Irak a un pobre grupo de jóvenes que están en la cola esperando para
conseguir un trabajo, también son resistentes. Fíjense, si matan con la financiación, la logística y el dinero del integrismo islámico (que es un fenómeno universal) en un zona del mundo donde hay israelíes o americanos entonces son milicianos, activistas, resistentes, inmoladores, lo que quieran. ¡Ah!, pero si los matan en Madrid son terroristas. Hasta Zapatero hace esa diferencia.

A mi me habría encantado que Zapatero hubiera vivido un tiempito, no sé, con los de Hamas, pues íbamos a ver lo contento que se hubiese puesto.

Porque claro, cuando a uno se le pone la kefía en una guerra donde un país ha sido agredido, donde quien te está agrediendo habla de integrismo islámico, donde quien te está agrediendo habla de una república islámica que abarque desde el Mediterráneo hasta el sudeste asiático, y te quieren reconquistar y te lo dicen (que lean los textos), y te han matado doscientas personas en Madrid y han atentado contra un restaurante en Casablanca que se llamaba España (y era de casualidad, claro, pues pasaban distraídos por allí, nada más). Estos tipos tienen que ver con esa kefía. Por lo tanto, Zapatero, por favor, a ver si
tienes un poco de fineza italiana, ya que no la tienes castiza. Desde luego, la imagen distorsionada tiene que ver con una mirada progresista, que lejos de ir hacia el progreso, va hacia la anti-modernidad. Y que en la locura de distorsionar lo que está ocurriendo, está dándole la mano inconscientemente a lo que más odia, que es justamente la falta de libertades.

Hay una web hispana que se llama web Islam, que es fantástica. A mí de vez en cuando me dedican alguna florcita. Y esa web está financiada con dinero público, porque en España somos así de buenos. Una web israelí no la pagaríamos, claro, primero porque ya tienen dinero, segundo porque formaríamos parte del imperialismo sionista. Pero una web musulmana, pobrecita, si no tienen dinero, ni el petrodólar, ni las grandes riquezas, no, qué podríamos hacer, y bueno, pues la financiamos. El otro día esa web, que recibe dinero público del ayuntamiento de Barcelona y dinero público del gobierno español, publicó uno de los libelos clásicos que vienen del antisemitismo cristiano y finalmente se concretaron en el antisemitismo del siglo XX,: el libelo que dice que en el Talmud se pide a los judíos que maten a los no judíos, los desprecien, beban su sangre y no sé cuanto más. En esa web, pagada con dinero público (quedarían ustedes horrorizados, estuve a punto de traerlo y luego lo dejé) publicaban partes de un falso Talmud, donde lo que se decía era terrible. Bien. Esa web islámica había tomado ese artículo de una web de extrema izquierda que se llama rebelión.org, que también lo había publicado. Se dieron la manita. En el odio a los judíos se daban la
manita la extrema izquierda y el integrismo islámico, y además todos bendecidos por la izquierda. ¡Estamos a unos niveles!...

Tampoco tengo que decirles que esto es nuevo. Han cambiado algunos factores y algunos son fundamentales, pero no mucho más. Pero en todo caso, si sumamos el relativismo moral, si sumamos el papel de la izquierda que da pena verlo, quizá a lo mejor lo fue siempre, no sé. Yo conozco gente que luchó por la izquierda, que dejó su vida y fueron grandes hombres y grandes mujeres. Pero también he conocido gente que me justificaba a ese carcamán que está en Cuba, o que se han enamorado de
Chávez ahora, que es una payaso con petróleo, pero un payaso peligroso, ¿no? Sumen ustedes una izquierda que hoy ha decidido no ver, ni mirar, ni oír cuando se habla de libertades, que ni un solo día han salido a manifestar contra la esclavitud de la mujer en el mundo islámico. Yo no los veo delante de la Embajada de Irán con banderas, vociferando, “muerte a la tiranía”. Pero quedaría bonito, ¿verdad? Yo me apuntaría. Pero los veo ante la Embajada de Israel, porque eso sale gratis, quién se va a molestar. Estuve en el forum de Porto Alegre, cuyo titular era “Otro mundo es posible”. Me la pasé entre Hamas, Jizbala, lo mejor de cada casa. Suerte que otro mundo era posible y lo hacían éstos y estaban invitados por la izquierda internacional, solidaria, anti-globalización, antiimperialista y no sé que más. Miren, la izquierda practica una solidaridad inmoral. Se preocupa según quien muere y dónde muere. Pero si mueres en el Sudán, le importa un pepino. Si mueres víctima de alguna dictadura islámica, le importa nada. Si mueres victima de la tiranía, le importa nada. Si mueres lapidada, te importa nada. En Afganistán las
lapidan con piedras. En Arabia Saudita, nos explicó el otro día un Embajador, son más modernos, ahora lo hacen con un camión volcador que vuelca las piedras, se han tecnificado...

Esto me preocupa mucho más que Israel. Israel me puede doler, me puede preocupar, a veces no me gusta, y si yo fuera ciudadano israelí, formaría parte del pensamiento crítico israelí, como todos, porque es la lógica. Pero mi problema en el mundo es que la gente que tendría que ser el referente intelectual, universitario, periodístico, no me sirven como referentes, no sé donde leer, no sé donde encontrar, no sé donde mirar. En cada elemento vinculado a los derechos, no sé donde mirar. No están al lado de las víctimas indiscriminadas. Relativizan la destrucción masiva. Ven cuatro mil muertos en Estados Unidos y es culpa de los
yankis. Ven como bombean autobuses en Jerusalén y es culpa de los israelíes. Nos matan como perros en Madrid y es culpa de Aznar y no del asesino. Nos hemos equivocado. Ustedes aquí, sobre AMIA, ¿de qué han hablado? Pues han hablado de política interior y no de los asesinos. En Madrid ahora hablamos de si Aznar o de Zapatero. Pero oigan, ¿y los que mataron? ¿Y quién financió, y quién consiguió? Y después del atentado del 11M, aunque Zapatero se porte muy bien y se ponga kefías, hemos detenido ochenta islamistas que querían atacar en España. Y nos portamos bien, ya somos buenos. Y el atentado del 11M se preparó dos años antes de la guerra de Irak. Y el atentado del 11S, se preparó en plena época de los acuerdos de Oslo, cuando el mundo pensaba que la paz era posible.

El enemigo es mucho más poderoso. Está lejos de las coyunturas concretas, se alimenta de ellas, pero tiene tiempos distintos. Y
nosotros ahí como imbéciles, manifestándonos contra una democracia que lucha por sobrevivir, pero que no lo hace todo bien. Pero entre una democracia perfectible y una tiranía, hay colores diferentes.

Estos días el diario El País envió al Líbano a una amiga mía, que se llama Maruja Torres, y cada día hizo sus crónicas desde el Líbano. A esta mujer, cuando ve un cura católico le viene urticaria “¡Uf!, reaccionario, malo, malo”. Y la tipa luego ve un imán y “¡OH!, tercer mundo, resistencia”. Uno no entiende nada.

Relativismo moral, izquierda inmoral. Marcos Aguinis dice que es una izquierda antimoderna y probablemente es cierto. Hay una izquierda que nunca amó los valores occidentales. En realidad es una izquierda muy antimoderna. ¿Puede haber algo más antiguo y jurásico que Chávez?. Y ahí está haciendo ruido, dice algunas cosas que hacen pensar que este hombre aún cree que Stalin existe y que estamos en la guerra fría. Un tipo al que, además, Kadafi le dio el premio de los Derechos Humanos, y esto si que ya resulta cómico. Además, a todo esto hay que sumarle la información masiva.

Estos días en la Argentina, en el intento de crear y gestionar metáforas nuevas para explicar viejos problemas, lancé una idea que parece ha tenido cierto éxito entre algunos periodistas, porque me la han ido repitiendo: hoy vivimos un periodismo de hamburguesas, de fast food. Un periodismo masivo, unos medios de comunicación masivos que en un segundo comunican al mundo con el mundo, pero en el que nadie verifica sus fuentes. Hoy tenemos más información, más rápida y más a mano, no
estamos más informados; estamos más, mucho más contaminados. Y en todo el mundo tenemos periodistas, en televisión, que deben explicar un conflicto complejo en tres segundo y medio, que están viendo como cae alguna bomba y preguntan: -“¿cuántos murieron? –“Oye, di unos veinte”. Y nadie irá a contar luego. Pero te salen por la CNN diciendo “veinte, por supuesto todos civiles, niños y mujeres, han sido asesinados por un bombardeo de la legión israelí”. ¿Ustedes fueron a contarlos?¿Alguien tiene interés en desmentirlo? Al principio de la guerra en el Líbano hablaron de un millón de desplazados en un día. ¿Se imaginan, en el Líbano, un millón desplazándose? Pues así se colapsa hasta Paris. Pero se quedaron tan tranquilos, pues nadie irá a contarlos. ¿Estamos más informados? No. Estamos conectados con Internet, que es un mundo que te puede venir bien o mal, donde cualquier mentira también funciona y la gente se la cree porque pareciera ser verdad.

Hemos llegado a la locura de que te sale el responsable de la seguridad de Gran Bretaña. Te dice “-hemos parado los aeropuertos”, que eso es un nivel de pérdida económica espectacular, es un bofetón terrible para la economía británica. Y además crea una alarma temible. “Hemos parado el aeropuerto. Hemos detenido veinticuatro tipos que querían hacer una
matanza inimaginable”. Y en Internet están diciendo que se la inventaron los británicos para dar mala imagen a los musulmanes. Y hay gente que se lo cree. Tiene más valor el tipo que está tecleando en Internet una locura, que el tipo que es responsable de la seguridad en un país democrático. Es la cultura de la conspiración. Las democracias son malvadas. Los grandes gobernantes son todos sospechosos. Y sólo funcionan bien los locos que están gritando en la montaña Alá Akbar, mientras te matan con un móvil vía satélite y los que te dicen por Internet que todo son conspiraciones contra el mundo del malvado yanqui internacional o del judío internacional. Estamos conectados, pero no sabemos bien con qué. Estamos informados, pero no tenemos buena
información. Y además, la inmensa mayoría de los periodistas se convirtieron todos de golpe en expertos en política internacional, aunque nunca estuvieron ni en la zona, ni conocieron el tema, ni supieron nada de nada. Son ignorantes (aplausos). Pero un ignorante que firma una columna de opinión en un diario de prestigio, es un ignorante con prestigio, que no es lo mismo. Y eso influye.

Habría más elementos. El antiamericanismo, el papel tan triste de Europa, incapaz de tomar las riendas de su propia perspectiva moral y política, aunque va moviéndose, el papel traicionado de la izquierda.

Los que estuvieron en Durban, que era el primer forum que se creaba contra el racismo, se quedaron horrorizados de la auténtica orgía antisemita que significó ese forum. En el mundo de la izquierda solidaria, hoy por hoy el tema está tan candente que hasta parece que los Protocolos de los sabios de Sión se han reeditado. Y desde luego no es fácil en el terreno del pensamiento. Son tiempos confusos. De verdad.

Tenemos ordenadores, tenemos televisores, estamos súper informados...

Fantástico. Y sin embargo no estamos más protegidos de la mentira.

Probablemente lo estamos menos. Súmenle a todo esto, el antiamericanismo que es deporte nacional, aquí, en mi país y en algunos más, súmenle el anti israelismo, que es el segundo gran deporte nacional, más los vestigios que quedan del antisemitismo clásico que todavía circulan en algunos cerebros, sumen todo eso y obtendrán la mala imagen. Si los que tendrían que alzar la voz para decir lo que tendrían que decir, no lo hacen, ¿quiénes serán los que lo harán?.

Voy a la última parte de mi reflexión ¿Qué es el integrismo islámico, esa locura? ¿Dónde nace, cómo se forja, por qué nos mata? Primero, esa locura no se está forjando desde hace dos años, ni tres, ni diez. Les diré más, cuando empezó a gestarse el yihadismo (en Europa últimamente hablamos de yihadismo o de islamo- fascismo), cuando empezó a forjarse esta ideología totalitaria el mundo estaba en derivadas muy distintas.

Esta es una ideología que nace fundamentalmente en la década de los años veinte, en El Cairo, en una de las universidades coránicas más importantes. Y nace en las mentes y sale por boca de gente espiritual, de imanes. Ya sé que un imán que habla de la muerte no es un religioso, es otra cosa... En los años veinte, en El Cairo, comenzaron a surgir de pronto unos tipos que empezaban a decir “tenemos que recuperar la épica árabe, no somos nada en el mundo”. Y esto pasa no por conectar con la
modernidad, sino que ocurre para conectarse con la épica medieval.

Esto parece muy simple, y yo hoy lo explico simple, pero no lo es tanto. Cuando esto es resumido a partir de versículos coránicos, queda muy bien armada esta ideología, por eso seduce. Tiene épica religiosa, épica social, épica martirológica. Está cargada, y además, tiene un bando de malos, de malísimos, que son los sionistas y los yankis. Esto comenzó a surgir en los años veinte y fue cuajando como una ideología de elites. De elites cultas que procuraban encontrar una salida a sus situaciones y encontraron el yihadismo en esa cultura medieval, una ideología interesante. Y eso fue cuajando lentamente mientras el mundo se dedicaba a la Primera Guerra Mundial, a la Segunda, se creaban los países comunistas, empezaba la guerra fría, la patita soviética entraba en Medio Oriente, se creaban los estados, se creaba el Estado de Israel. ¿Ustedes sabían que Hamas es una organización inspirada en los Hermanos Musulmanes, que nacieron en Egipto antes que el Estado de Israel? ¿Saben que todo el texto de Hamas, que son unas cincuenta páginas, que habla de sus principios y objetivos, no dice nunca “queremos un estado palestino”?

Habla de la destrucción de Israel y de la creación de una República Islámica. No habla de un estado palestino. Con eso lidian los israelíes.

Ese es el gobierno que hay en Palestina. No los voy a entretener en historia. Esto fue cuajando y cuando el mundo estaba dividido en bloques y el objetivo fundamental era si comunismo sí, o si comunismo no, el mundo se polarizó en el tercer mundo, en África y en el Medio Oriente de forma muy sangrante. Los aliados de unos eran los enemigos de otros. Y mientras los rusos metían sus patitas y sus ejércitos en una zona (por supuesto que los primeros grandes criminalizadores de Israel fueron los
soviéticos, esto no se recuerda nunca). Cuando ellos comenzaron, en el otro lado los tipos que luchaban contra los comunistas de las montañas de Afganistán, se empezaron a aliar con unos tipos locos que hablaban de religión pero combatían a los comunistas. Es evidente que nos equivocamos. Es evidente que el mundo no se dio cuenta de que estábamos durmiendo con el enemigo y que esa ideología era más peligrosa de lo que parecía. Finalmente esa ideología estalló. ¿Por qué estalló, por qué no
fue abortada?. Estalló porque esa ideología se conecta con el pensamiento general que hoy tiene el mundo islámico. Es decir, el Islam son mil trescientos millones de personas que viven sin democracia, lo que significa que no tienen un pensamiento crítico en sus periódicos, en su televisiones, que no hay disidencias, que el pensamiento oficial es el obligado. Piensen ustedes que en Arabia Saudita, si un viajero extranjero pretende entrar con una Biblia, se la quitan en la frontera. Ni la Biblia se puede entrar. Por la Torá, ya lo fusilan. Mil trescientos millones de personas viven desde hace muchos años bajo dictaduras tiránicas que teóricamente han creado estados modernos, que tienen tecnología del siglo XX o XXI, que tienen aparente legitimidad
democrática porque están en la ONU y en las instituciones internacionales, pero en las cuales los ciudadanos están sometidos al
fanatismo, a la destrucción del pensamiento democrático y a la preparación de sociedades esclavas, serviles, sin capacidad crítica y sin pensamiento propio.

¿Ustedes saben el dinero que se mueve en Arabia Saudita, en Emiratos los Árabes, en Katar, en Irán?. Y ni un solo dólar de esos enormes capitales es dedicado a la cultura, es dedicado a la ciencia. Lo dije una vez y lo voy a repetir, ¿es normal que un país de siete millones de personas, sometido a una guerra terrible, solo, aislado, colgado, violentado, todavía nos haya dado hace poco un Premio Nóbel?. Y cincuenta años de petróleo no nos han dado ninguno. Millones y más millones de dólares, pero ni un Premio Nóbel, ni uno solo. Conectaron por un lado en las montañas, en el Sudán, en los Balcanes, en Afganistán, en Cachemira, en un montón de lugares del mundo, y unos tipos con pinta de Alí Baba medieval salieron diciendo yihad, yihad, yihad.

¿Por qué el malo es el israelí?. Porque es el más occidental de todos. Es el que encarna más claramente los valores de la libertad. Y, por supuesto, el yanki va detrás. Pero todos estos tipos, si luego tienen una enfermedad toman medicamentos americanos, tontos no son, ¿no?, Y a lo mejor al medicamento hasta lo inventó un judío. En la Edad Media teníamos a los judíos estigmatizados con el Maguen David, escondidos como ratas, perseguidos. Pero cuando teníamos un enfermo íbamos por las
noches a buscar a un médico que era judío. Escondido, que nadie lo viera, pero nos curaba a la niña. Estos tipos hacen lo mismo. Odian a los yankis pero tienen tecnología vía satélite. ¿Quién la inventó? ¿El tío de Katar? Hablan de la yihad medieval, pero me matan en Madrid vía satélite. Se ponen enfermos y ¿cuáles son los medicamentos? ¿Los que inventaron los saudíes? Y todos tienen teléfono móvil, todos tienen Internet, todos tienen ordenador. Cuántas contradicciones, ¿verdad?.

Por un lado vi a unos tipos en la montañas que gritaban Ala Akbar y señalaban un fusil Kalashnikov y decían “mataremos a los cruzados, a los sionistas¨, y hasta a mi madre la pobre la matarían porque es una mujer y es libre, o a mi. Y por otro lado las sociedades que tenían que defenderse contra esa locura, eran sociedades esclavizadas que vivían bajo tiranías, obligadas a unas miradas rigoristas del Islam y cargadas de todo el dinero del mundo, esclavizadas hasta incluso por el lujo. Por eso yo considero tan culpable, tan culpable de los que nos está matando hoy, al tipo que en las montañas me dice que me va a matar y al rey de Arabia Saudita que durante todas estas décadas han inventado el fanatismo más feroz. En su país y en el mío, donde me envía imanes cargados de dinero a decirles a los ciudadanos españoles musulmanes que la democracia no vale. Y me está creando enemigos en mi propia población. Enemigos de la democracia. Tan culpable es uno como el otro.

Y el mundo, ese mundo sobre el que me preguntaba ese chico en la escuela, ese mundo al que le importan un pepino los derechos que destruyen todos esos oligarcas tiranos, porque como tenemos petróleo no hay que tocarlos. En fin. ¿Ustedes creen que un tipo vestido a la usanza de un personaje medieval, que te dice que la ley es el Corán, que tiene a su mujer esclava tapada de la cabeza a los pies, que no puede ni conducir un coche sola, no puede amar a quien quiera, puede ser asesinada, etc. A un tipo de esta naturaleza, ¿lo invitaríamos a los salones, a las fiestas, a la diplomacia?. Lo consideramos porque tiene
petróleo. Es como Chávez. A Chávez no le haríamos ni puñetero caso si no fuera porque tiene petróleo. Esa es la cuestión.

Se hizo la fusión y hoy estamos en un momento muy difícil, porque hoy el mundo islámico está seducido por la locura integrista. En vez de tener ideologías liberadoras tienen ideologías totalitarias. Creen que liberan, pero es una liberación dirigida hacia el mal, hacia la destrucción.

El otro día, en el programa de Grondona, daba unos datos a los que los voy a repetir, y también se los he explicado a vuestro Vicepresidente.

¿Cuántos son esos que empezaron en El Cairo diciendo que hay que recuperar la yihad, que hay que recuperar el concepto de guerra santa, que hay que matar a cruzados, que hay que matar a sionistas en una vía, que hay que… ya no se qué...?. Esos que empezaron en los años veinte, luego estuvieron en las montañas de Afganistán y luego estuvieron en otros lugares del mundo (yo me los encontré en Bosnia, y luego se fueron al Sudán a descansar porque es un paraíso para estos tipos) ¿Esos cuántos son?

Imagínense lo que es nacer o ser una chica joven, como esta que veo aquí, en el Yemen. ¿Sabes lo que significa ser una niña en el Yemen, o un chico, es igual, el chico que te guste? ¿Saben lo que significa la guerra del Yemen? Nunca van a oírme, nunca van a oírte, nunca van a verte, nunca van a entender que existe una palabra que se llama respeto al otro que es distinto. Habrá obligatoriamente un pensamiento único en la escuela, en la televisión, en la policía religiosa, en las leyes.

¿Cómo escapa uno de ese pensamiento único? Yo no culpo al Islam. No culpo a ese ciudadano que vive en cualquier lugar del mundo e intenta sobrevivir. Yo culpo a una ideología totalitaria que lo tiene secuestrado, lo destruye y me destruye.

En un congreso en París me dieron estos datos, no lo saben, pero imaginémonos, para que nos hagamos a la idea y aterricemos en el problema de verdad. Para que vean ustedes que el tema no es Israel, por más que haya cinco páginas en el Clarín. Cuando vieron que mataban doscientas personas en Madrid, en el mundo islámico dijeron “se lo merecían”. ¿Cuántos, que vieron que se mataban quinientas personas en Bombay, en unos trenes, pobres, dijeron “está bien”? ¿Cuántos, que vieron que cuatrocientas personas, mayoritariamente jóvenes explotaban, estallaban en una discoteca en Bali, en su casa dijeron “bien”? Solo eso, nada más. ¿Cuántos de esos mil trescientos millones de ciudadanos musulmanes en sus casas, sentados en el comedor con sus hijos viendo esa locura, a través de Al-Jezira, decían “está bien, que maten más”? Nada más. Ni tan solo han dado dinero, ni militan, tan solo decir “está bien”. Me decían, pongamos que es un 90 %. No, que va, seamos optimistas, 80%, 60%, 50%, solo 30%, yo creo que es un optimismo muy militante. Es decir que solo un 30 % de la población en Arabia Saudita considere que está bien matar gente en Occidente, me parece muy optimista. Solo un 30% en el Yemen, solo un 30 % en Palestina, no sé, en Pakistán, en Malasia. Bueno, 30 %, solo. Supongamos que un 70% de la población islámica no considera bien que en nombre de Dios se mate. Si solo un 30% lo considera correcto, son cuatrocientos millones de personas. Si solo un 10% de esos cuatrocientos millones hace algo, contribuye con un dinerito, publica una revistita, unas páginas en Internet, una ayudita, un pisito para esconder a alguien, nada más que eso, son cuarenta millones. Si solo un 10% milita activamente, son cuatro millones. Aunque sólo una ínfima parte decida dar su vida, son miles. El problema es enorme. Y además, es que no hay salida cuando esos ciudadanos viven en sociedades en las que no tienen ninguna garantía para poder pensar de un modo distinto.

Cuando uno es ciudadano de Pakistán y pasa miserias y vive bajo dictaduras corruptas, y tiene al imán de al lado que es un tipo más bueno que el político de turno porque le da comidita y lo ayuda económicamente. Porque en mi periódico, la tipa esa que les mencioné antes, llegó a decir que los de Jizbalá eran buena gente porque cuidaban las casas destruidas, porque hacen acciones sociales, Hamas también las hacía. Yo vi un campo de colonias de Hamas, recogí a niños de Gaza pobres. ¿Por qué son pobres en Gaza con la ayuda millonaria que reciben? ¿Se lo han preguntado alguna vez? Gaza y los territorios palestinos son el trozo del mundo que más millones de dólares reciben todos los meses, de todo el mundo, comenzando por el malvado americano
y acabando por las dictaduras del petrodólar. Todo Dios da dinero a Gaza, todo Dios da dinero a los organismos palestinos, públicamente, oficialmente o ilegalmente, lo mismo da, porque ese dinero siempre llega. Y en Gaza hay hambre, y son cuatro. Uno no lo entiende.

Les comentaba de un campo de colonias donde niños que pasan hambre en barrios totalmente sin esperanza en Gaza, son llevados por los buenos de Hamas a colonias "de vacaciones". Allí hay comidas, hay vestidos, hay pelotas para jugar al fútbol. Y luego hay algunas fotos de mártires en las paredes. Hay un poco de inculcación para el martirio, etc. Mientras esto ocurra, todo será muy complicado.

Yo no he venido aquí para decirles que esto es fácil. Lo siento. Me encantaría hablarles de la mujer, o de la adopción, que es un tema que me encanta, o de los animales, porque soy antitaurina. Me encantaría hablar de otras cosas. Este es un tema tan pesado, tan triste. Me encantaría decirles que ninguna ideología totalitaria hoy está levantando la cabeza, pero estamos ante la peor de todas ellas.

Goebbels nunca tuvo Internet. Este Goebbels de ahora si la tiene, y los odia a ustedes tanto como me odia a mi. No he venido a decirles que el reto sea fácil. Por eso cuando Miki me pregunta “después de la guerra ¿qué?”, le digo “vendrá otro atentado, van a continuar matando”. No lo hemos parado. No parece que esto se pare. ¿Si no se para Jizbala, se va a parar la locura integrista?. Será difícil. Y a los que estamos en la batalla de las ideas, me veo en la obligación de deciros que es una batalla que hay que ganarla. Como mínimo recuerden que al enemigo hay que vencerlo, pero al amigo hay que convencerlo. Jóvenes que veo aquí, alzad la batalla de la palabra.

He empezado esta conferencia hablando de relativismo moral, ese que sostiene que lo realmente importante nunca cuenta. Quiero darle fin recordando nuestra causa. Traigo un libro de rezos. Este libro de rezos lo llevaba un soldado de 20 años, hijo de un amigo mío, que murió en Gaza protegiendo un autobús escolar. Su padre me lo regaló como presente. Probablemente es el regalo más bonito que me han hecho nunca.

Me acompaña. Hay que recordar a estos chicos, los que murieron, los que mueren. Hay que recordar a las víctimas. Cada vez que cedamos, cada vez que no lo entendamos, cada vez que estemos desconcertados, recordemos esto.

Recordemos a la gente que está muriendo a manos de una locura que no tiene pinta de acabar pronto. Y cada vez que veamos a alguien que te justifica esa locura, veámoslo como lo que es, como un inmoral. Aunque se llame de izquierda, solidario, periodista, aunque tenga un Premio Nóbel, es un inmoral.

Yo me voy a permitir, para finalizar ya, me gustaría que si están en la sala, que Luis Czyczewsky y Sofía Guterman (padres de dos asesinados en el Atentando a la AMIA) me acompañaran aquí ahora. ¿Están? Miren ustedes, yo soy madre, y cuando alguien me pregunta por qué te has metido en este lío, no me acuerdo de la intelectual, de la periodista, no me acuerdo de la luchadora, sólo me acuerdo de mi hija pequeña, sólo me acuerdo de mi dimensión materna. No quiero que este mundo loco se aproveche de mi hija.

Porque soy madre, porque tengo capacidad de lucha, tengo palabra y micrófono. Yo, hoy, aquí y donde me oigan, le digo a Luis que esto lo vamos a ganar. Que ellos no van a ganar. Y que ninguno de los que cayeron, cayeron en vano. Gracias.

miércoles 1 de agosto de 2007

Sin ustedes no estaría completo ...

Las tres culpas. Discurso Distinción Javer Olam.
Pilar Rahola

Esta mañana, paseando por la Plaza de Armas de Santiago, nos hemos entretenido en unas tiendecitas que venden libros. Era un día soleado, bonito, bello. Había sol, luz, habían libros, había gente.

Diría que era uno de aquellos momentos en que uno tiene el alma tranquila. Y de golpe, me ha llamado la atención un libro de Mafalda, pues yo soy de esa generación.

Pero a su lado, he visto el libro secreto de Hitler. Y no me he callado. He mirado al librero y le he dicho: ¡qué hace ese libro aquí!Y los tres hombres que había en la librería me han mirado con cara de sorpresa, preguntándose por qué esta loca española los estaba increpando. Y les he dicho: ¿no saben ustedes que ese loco ha matado a millones de personas, no les da vergüenza vender este libro?

La verdad es que ya no había sol, ni paseo, ni Mafalda. Sólo el horror de pensar que hoy, paseando por la Plaza de Armas, alguien tenía un libro de Hitler delante de mis ojos y no pasaba nada.

¿Por qué estoy aquí esta noche?

Primero porque ustedes han cometido un exceso conmigo, el cual agradezco. Estoy excesivamente emocionada.

Pero estoy también aquí porque un día mi padre, en mi comedor feliz, de mi infancia feliz, comiendo tranquilamente me dijo: ¿Sabes que eres judía? Y yo sabía que no era judía. Sabía que en mi familia nadie era judío e incluso no conocía ningún judío. Así es que le dije no. Y él me dijo sí.

Toda persona buena, toda persona digna, toda persona que tenga memoria, valentía y honor, sin duda si ha nacido en Europa, es judía, porque sólo siendo judío uno puede entender lo que significa el dolor de ser judío. Creo que nunca he olvidado esas palabras y creo que tiene algo que ver con ese comedor de mi casa el que hoy, ante ese librero, me haya indignado y le haya increpado.

Mi padre, mi familia, mi gente, me enseñó a conocer mi alma judía.

Porque nadie en el mundo que haya nacido en Europa, haya luchado por la libertad, haya amado las ideas, puede decir que no es judío. La mejor Europa es judía. Y sólo la peor Europa es la que negó su alma judía. Y no sólo la negó, sino que terminó matándola. Lo que queda hoy de Europa es el naufragio de su propia miseria y de su propio horror.

Yo tengo que empezar esta conferencia pidiendo perdón. Y tengo que pedir perdón tres veces. Vengo de una familia católica y, además, mis padres viven intensamente su espiritualidad. Pero también vengo de una tradición que durante dos mil años señaló al pueblo judío como el pueblo que debía ser odiado, despreciado, ignorado, perseguido. Y aprendí amar a D'os y amando a D'os aprendí a odiar al otro. Y mi D'os era bueno y malo a la vez. Era fuente de inspiración y a la vez fuente de intolerancia. De manera que yo desde pequeña aprendí a amar un D'os que no merecía ser amado. Y hasta que no descubrí que D'os estaba mucho más allá del odio que me habían enseñado, no lo pude recuperar. De manera que perdón, en nombre de la tradición cristiana y católica, que creó esa dosis enorme de intolerancia que después nos llevó a la solución final, a los Auschwitz que hubo. Porque Auschwitz fue la estación final de muchas cosas, pero fundamentalmente de una tradición religiosa que en nombre de D'os creó la base de la intolerancia.

También perdón, porque yo vengo de Sefarad y si hay aquí sefardíes comprenderán perfectamente de lo que hablo. Sefarad, la mítica Sefarad, la tierra que vivió el sueño de la tolerancia, de la democracia y de la convivencia, tuvo en su época más brillante una hecho como fue la firma de un edicto, un 9 de Av, el cual acabó con un sueño.

En España, como en Europa, practicamos una sana y magnífica mala memoria. Y vengo de Europa. Qué puedo explicarles a ustedes, los sobrevivientes. Sólo que ustedes forman parte de lo mejor de Europa, y su muerte de lo peor. Que formaron parte de las vidas que construyeron la modernidad, los derechos humanos, el pensamiento que nos podía hacer libres. Todo lo que somos de buenos y bellos, tiene que ver con el alma judía. Y todo lo que tiene que ver con el horror tiene que ver con la distorsión del alma judía. Sin embargo, tengo que decir que, a diferencia del pueblo germano, Europa no ha hecho los deberes con la memoria de la Shoá. Ha preferido militar en lo que Glucksman llama "esos agujeros negros tan bien puestos en la memoria". En Francia nunca hubo Vichy, en Austria no hubo nada, en Italia ¿alguien recuerda?, España no estaba, Holanda....

Y así fue pasando el tiempo y, a pesar de que sabíamos que había sido muy terrible, fuimos militando en una cómoda y perfectamente construida desmemoria. De la desmemoria de entonces, vienen hoy las criminalizaciones al Estado de Israel, la minimización de la Shoá, la ignominia profunda de lanzar a los descendientes de la Shoá que viven en Israel la acusación de genocidas y nazis. Cuántos humores gráficos he tenido que comerme en mi país viendo a un mandatario de un país democrático convertido en un nazi. No he visto, sin embargo, ningún chiste de algún sanguinario de la humanidad convertido en nazi. ¿Han visto a un Idi Amin en alguna caricatura? Pero a la primera lanzamos la Shoá contra la cabeza de Israel. No me siento nada orgullosa de formar parte de la intelectualidad europea, con personas como José Saramago, que puede que escriba como los ángeles, pero piensa mal. Por eso, les pido perdón como europea.

Tengo que decirles que los tiempos no son especialmente buenos. Me gustaría darles buenas noticias; sin embargo, la verdad es que no puedo hacerlo. Por ejemplo, ayer murió un hombre, su nombre era Kfir, era israelí. Ustedes no lo han visto en los informativos, porque éstos estaban llenos de noticias de un hombre llamado Rantisi, de su muerte, de lo que significaba.

Pero hoy quiero recordar a Kfir, porque a él no lo va a recordar nadie. Y quiero acordarme de una niña de 11 años, de los niños de murieron en un bar mitzvá, de los que murieron celebrando Pésaj, o sea, de los tantos que mató o mandó a matar Rantisi.

A pesar que en la prensa de Europa, en la prensa de mi país, no existe ninguno de estos niños israelíes, que mueren porque son judíos. A pesar de ello y a pesar de que sólo existe la muerte cuando muere un Rantisi, hoy aquí, precisamente por la memoria que hoy recordamos, quiero homenajear a Kfir, que murió ayer, con 30 años, por ser judío y por luchar por vivir en un Estado con paz y seguridad, y por estar en ese Estado porque Europa echó a todos los ciudadanos judíos de su territorio, obligándolos a buscar el amparo de Naciones Unidas.

Como dice la frase:

"Primero nos dijeron, no podéis vivir como judíos entre nosotros.
Después nos dijeron, no podéis vivir entre nosotros.
Y al final dijeron, no podéis vivir".

Pero aún están aquí. Por qué son malos tiempos. En una comida me preguntaron si pensaba que estábamos en momentos previos a la recreación del nazismo.

¡Qué responsabilidad en la respuesta! Pues me atrevo a decir que sí. No porque se repita la historia, pues la historia nunca se repite. Me atrevo a decir que hoy militamos en el síndrome de Chamberlain, sin asumir ninguna responsabilidad. Militamos en la desmemoria. Y desde la desmemoria viene el olvido, el recelo, renace el prejuicio y se consolida la intolerancia.

Hoy no nos enfrentamos al nazismo, a pesar del tipo de la Plaza de Armas que vendía el libro de Hitler. No. Hoy nos enfrentamos a una ideología totalitaria, que sustrae una religión, como en su tiempo se hizo con la mía, que utiliza un dios, - pobre D'os, en qué cosas lo ponen -, y que intenta a partir de ahí imponer un proceso totalitario en el mundo, que ya ha matado mucho, y que seguirá matando más, pues nos ha declarado la guerra. En el camino, y en primera línea, están ustedes. Los judíos son el termómetro de nuestra salud. Cuando el termómetro tiene fiebre, nuestra salud es mala. Hoy el mundo tiene fiebre. Y la fiebre tiene que ver con el fundamentalismo islámico. Esto tiene que ver con una logística económica, política y militar de miles de millones de dólares destinados, no a crear niños y ciudadanos libres, sino seres humanos alimentados en la intolerancia y el odio. Tenemos que conseguir liberar al mundo globalmente, y al mundo musulmán, de cuatro locos fanáticos perfectamente alimentados económicamente, que lo están secuestrando y en el camino fácilmente podrían decidir destruirlo.

Dice Glucksman: "El Islam, o consigue parar las locuras de sus milicias, los combatientes de D'os, o habrá llegado a su propio fin".

Hoy nos enfrentamos a esto. No nos equivoquemos. No es una guerra de religiones ni un choque de civilizaciones.. Nuestro enemigo no es el otro. No es el que reza, come o viste distinto. Ese es nuestro compañero, nuestro javer. Nuestro enemigo es una ideología totalitaria, profundamente enriquecida, que se ha amparado en Estados miembros de la ONU, que ha matado mucho, y que nos ha lanzado un reto a la libertad.

Como decía mi padre, yo soy judía ante esto. Cualquier ciudadano con valores es judío ante un antisemita. Pero en Europa están haciendo la siesta, y en Chile, haciendo la siesta, si me permiten. En estos días no he visto ningún grado de preocupación por lo que está pasando: Que esto es lejos, que es Chile,... pero mataron a 1.200 kilómetros de aquí. La línea del fuego es el mundo.

¿Por qué ocurre lo que ocurre en Europa? Alguien me dijo por qué yo no me preocupo de las víctimas musulmanas que nadie menciona. No es cierto, le dije: me preocupa el millón de muertos que la guerra integrista ya lleva en Sudán. No he visto manifestaciones en Europa por estas víctimas, ni he visto ningún diario preocupado de esto.

Porque sólo se preocupan cuando están involucrados un Maguen David o las barras y la estrella. A nadie le preocupan los 20 mil muertos que mató Hafez el Asad, los 100.000 del integrismo argelino, las masacres de poblados cristianos en El Líbano, el septiembre negro de Hussein en Jordania.

Entonces, Europa está preocupada sólo de lo que hace el Gobierno de Israel. E Israel se levanta cada día pidiendo perdón por existir, pero yo no conozco a ningún país en el mundo que haga eso. Y el único país que cada día tiene que pedir perdón por defenderse es Israel. Y es cierto que a veces no nos gusta cómo se defiende. Yo sólo pido que haya una crítica y en paralelo, sobre las actuaciones terroristas y no sólo de lo que hace Israel. Y aquí hoy, que estamos conectados con la muerte y el dolor, se lo debemos a nuestros muertos y a nuestros sobrevivientes. Lo que nos está sucediendo tiene que ver con lo que a ustedes les mató y por el camino nos mató a todos. La muerte del alma humana. Cada niño educado para el odio en una escuela, es un trozo de la muerte del alma humana. Cada ciudadano que hace creer que D'os ama la muerte, es la muerte misma del alma humana. Y cuando esto se sustenta en los medios de comunicación democráticos, es un trozo de la muerte de la verdad.

Hoy, morir en AMIA, en Bali, en Kenia, en Turquía, en Nueva York, en Atocha, y por supuesto en Jerusalén, tiene que ver con el nihilismo, con el totalitarismo, con la negación de la humanidad, con la destrucción de la belleza y del alma humana.

Me decían antes que las personas que denunciamos estas cosas somos valientes. No es así, sólo somos responsables. Hoy el mundo tiene que asumir esta responsabilidad y tiene que vencer. Porque vamos a ganar.

Hoy quiero hacer una denuncia. Yo conozco muchos palestinos, padres y madres, que tienen pánico a que sus hijos sean fichados por estos locos fanáticos y los conviertan en bombas humanas. El terror socializa. Ellos no son mis enemigos. Hay muchos ciudadanos islámicos que tienen miedo y que dicen que lo que está pasando es una locura, pero callan. Y conozco intelectuales condenados a muerte, como Salman Rushdie, que dicen que eso es una paranoia y el islamismo paranoico nos lleva a la paranoia colectiva. Y como los conozco a todos ellos, puedo señalar directamente a los Estados del petrodólar que, o callan, o toleran, o pagan al terrorismo. En las zonas del mundo en que se enseña a amar la muerte, eso no se consigue en un día. ¿O creen ustedes que un suicida se prepara en pocos días? Hace falta mucha planificación, dinero, logística y socialización.

Como reza la famosa frase de Golda Meir: "Habrá la paz cuando los ciudadanos palestinos amen más a sus hijos de lo que odian a los judíos". Y yo, con cariño, agrego: Habrá paz el día que los que pagan esos campos de entrenamiento, esas escuelas, con parte de dinero europeo, territorios enteros donde se enseña a odiarlos a ustedes, sean detenidos.

Porque no es un choque de civilizaciones, porque no estamos en contra del Islam, porque estamos a favor del Islam, es que estamos en contra de aquellos, del financiamiento del odio. Es cierto que en la Shoá murieron personas no judías; sin embargo, el Holocausto fue una cosa y la Shoá otra. Toda locura humana conlleva la muerte y así murieron ciudadanos por ser gitanos, homosexuales, por pensar distinto, por estar en el lugar equivocado, por haber luchado contra Franco. Pero a ustedes les mataron como pueblo y esa es la diferencia.

La muerte es terrible, pero la Shoá fue la creación de una industria de exterminio. Por eso, lo que hoy recordamos es mucho más que una matanza, es la recuperación de los trocitos rotos del alma humana que dejamos en Auschwitz. Acabo diciéndoles que también pido perdón por formar parte del periodismo y la intelectualidad de izquierda, aquella que ha redescubierto el antisemitismo por la vía del antisionismo.

También les pido perdón por la elaboración de la información. Yo creo en la palabra, en la comunicación, en las ideas. Yo creo en la palabra, pero tengo que decir que la palabra también se usa para mentir. Y si la mentira de la Shoá se construyó a través de dos mil años de deicismo católico, se construyó con los Protocolos de los Sabios de Sión, con el judío internacional de Ford, se construyó con la propaganda de Goebbels. Y así se llegó a Auschwitz.

Hoy acuso que la prensa europea está creando los nuevos protocolos, que tienen que ver con la distorsión, la mentira, el prejuicio y la minimización. Yo les quiero pedir algo especial y se lo pido a los jóvenes. Ustedes tienen la gran responsabilidad de sentirse enormemente orgullosos de ser judíos, de sentirse parte de un pueblo que está en la base de lo mejor que le ha ocurrido a la humanidad, pues todas las ideas de futuro tienen que ver con los judíos.

Ustedes encarnan los mejores valores de la Libertad.

Les pido a los jóvenes que no militen en el autoodio. Que cuando alguien les diga que son israelitas o hebreos, digan con orgullo que son parte de la comunidad judía. Úsenlo con orgullo, por obligación con la memoria, y por necesidad, pues el mundo necesita que la generación de judíos que se está formando en la tolerancia y en la libertad, construya los pilares. El mundo necesita judíos visibles, que estén ahí en su condición de judíos. No militen en el síndrome de ghetto. Salgan y sean chilenos, en su condición de judíos.

Hay una Santiago judía, que es chilena y es judía.

Y vuelvo a mi padre. Entendí lo que me decía. Yo no soy judía, pero sé que sin ustedes no estoy completa.

Shalom.

La Negación del Holocausto en el Mundo Árabe/Musulmán

Por Julián Schvindlerman

“¿Qué es peor: el Sionismo o el Nazismo?”. Tal fue la pregunta presentada en el website de la cadena de televisión satelital árabe Al-Jazeera el Día de la Independencia de Israel en el año 2001. Más de 12.000 partícipes árabes de esta encuesta cibernética compartieron su impresión: el 84.6% opinó que el sionismo era peor que el nazismo, el 11.1% sostuvo que el sionismo era igual al nazismo, y apenas el 2.7% afirmó que el nazismo era peor que el sionismo. Según una encuesta realizada a mediados de 1999, de un total de 1600 palestinos, libaneses, sirios y jordanos, el 82.3% dijo no sentir pena alguna por las víctimas judías del Holocausto. Cuando se les preguntó el motivo, el 53% respondió que la razón era que el Holocausto nunca ocurrió.
Evidentemente, el asesinato sistemático de alrededor de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial perpetrado por el estado nazi-alemán y sus colaboradores (genocidio conocido como “Holocausto”, o “Shoá” en hebreo) ocupa un lugar problemático en la cultura árabe e islámica contemporánea. Las actitudes de árabes y musulmanes respecto de este hecho histórico varían desde la minimización (“no hubo más de 400.000” judíos muertos entre 1939 y 1945, conforme a un conductor televisivo palestino) hasta la negación (el Holocausto ha sido un “mito” según el actual presidente iraní) y desde la relativización (“yo se que al pueblo judío no le gusta la comparación, pero todo el mundo tiene su propio holocausto” en la opinión de un diplomático saudita) hasta la glorificación (“En defensa de Hitler”, tal el título de una nota escrita por un clérigo de la universidad egipcia Al-Azhar) .
La manifestación más pública de las arriba citadas ha sido la instancia negacionista. Dos iniciativas del tipo llevadas a cabo en el año 2006 en Teherán, han ubicado en la actualidad a la República Islámica de Irán como la nación líder en el mundo musulmán en este campo. La primera de ellas ganó notoriedad en febrero del año pasado, cuando el régimen iraní anunció un concurso internacional de caricaturas sobre el Holocausto; el mismo era una suerte de “respuesta” a la previa publicación en el periódico danés Jyllands Posten de doce caricaturas sobre Mahoma, consideradas ofensivas por los musulmanes. Doscientas caricaturas fueron exhibidas - seleccionadas de entre 1.200 recibidas- en el Museo de Arte Contemporáneo de Teherán, de las que finalmente doce fueron elegidas como las ganadoras. En noviembre del 2006 Irán otorgó el primer premio (de u$s 12.000) a un marroquí, el segundo fue compartido por un brasilero y un francés, y el tercero lo obtuvo un iraní. El curador de la exhibición, Masoud Shojai, indicó que el concurso sería llevado a cabo anualmente. “De hecho, continuaremos [organizándolo] hasta la destrucción de Israel”, enfatizó. Ni bien finalizó el certamen de caricaturas, comenzó una conferencia titulada “Revisión del Holocausto: Visión Global” que reunió en Teherán a musulmanes judeófobos, supremacistas blancos cristianos, y a ultraortodoxos judíos antisionistas en un singular festival de odio racial. Durante dicha conferencia, una entidad fue fundada con el propósito de “estudiar” más profundamente el tema, bajo el nombre de “Fundación Mundial para Estudios del Holocausto”. Un indicio de a que tipo de conclusiones la flamante fundación arribará luego de sus “estudios” podemos ya verlo en una aseveración efectuada por su secretario-general, Mohammad Alí Ramin, a la sazón asesor presidencial, cuando afirmó que Hitler había sido judío, que las políticas del Fuhrer habían tenido como objetivo la creación del Estado de Israel y que Gran Bretaña cooperó con el esfuerzo nazi para deshacerse de los judíos de Europa. Por más lunática que suene la idea, lo cierto es que los iraníes no están creando precedente con esta afirmación despampanante. El actual premier palestino Mahmoud Abbas (Abu Mazen) -quién a su vez firmó la Declaración de Principios en Washington en 1993 que inauguró el proceso de paz entre israelíes y palestinos- dedicó un libro entero al desarrollo de la “teoría” de que los judíos cooperaron con los nazis en su supuesto auto-exterminio. Escrita como tesis académica para una universidad soviética en 1982, el trabajo se titula “La otra cara: la conexión secreta entre el sionismo y el nazismo”. Dos años más tarde, la tesis fue publicada en lengua árabe en Jordania y desde entonces se ha convertido en un trabajo ampliamente citado por estudiantes y propagandista árabes en la región. Análogamente, Radio Damasco emitió esto a fines de 1998:
“Varios autores e investigadores alrededor del mundo han concluido que todas las
historias al respecto fueron exageradas e inventadas, dado que varios oficiales
judíos sirvieron en el comando nazi, entre los cuáles varios eran cercanos a
Hitler.”

El negacionismo no es un fenómeno nuevo en la región. “Nadie, ni siquiera el más simple de los hombres, toma seriamente la mentira respecto a los seis millones de judíos que fueron asesinados. ¿Cómo pueden ustedes?” preguntó en 1964 el presidente egipcio Nasser al editor del Deutsche Soldaten und Nazional Zeitung. Una generación después, el legado de Nasser puede apreciarse en Egipto: el articulista Muhammad Abd Al-Mun´im, escribiendo en el diario cairense Al-Akhbar, tildó al entonces Secretario de Estado norteamericano Colin Powell de poseer el “cerebro de un pájaro” por haber visitado en Israel el museo del “falso Holocausto de los judíos en la Segunda Guerra Mundial“ en ocasión de su viaje por Medio Oriente en Marzo de 2001. La moda está ampliamente esparcida. Los “judíos han inventado la leyenda del Holocausto” sostiene el líder del Hizbollah Hassan Nasrallah. El genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial es “un cuento inventado sin base alguna” dice el website oficial del Hamas. “Ni idea de cómo ni cuantos fueron asesinados” dijo el presidente sirio Bashar al-Assad a un entrevistador.
Pero aún para los estándares regionales, el debate acontecido en la sociedad palestina sobre el Holocausto a principios del actual milenio merece un señalamiento especial. En Abril de 2000 -cuando el proceso de paz entre israelíes y palestinos estaba aún en curso- un simposio fue organizado en Nicosia, Chipre, bajo el lema “como afianzar la paz a través de la educación” con la participación del ministro de educación israelí y el sub-secretario palestino de planeamiento y cooperación internacional. En dicha ocasión, Anis Al-Qaq, el representante palestino, expresó su disposición a incluir la temática del Holocausto en la currícula educativa. La prensa palestina no publicó nada respecto al evento, con la excepción de un único diario que omitió las declaraciones de Al-Qaq. Pero sus declaraciones sí fueron tomadas por la prensa del mundo árabe y rápidamente se esparció la noticia de que la AP estaba discutiendo con Israel la posibilidad de adoptar el Holocausto como tema de estudio. La reacción por parte de legisladores, profesores, historiadores, intelectuales y figuras religiosas palestinas fue reveladora. El Dr. Musa Al-Zu´but, presidente del Comité de Educación del Consejo Legislativo Palestino (CLP) dijo que “no habrá tal intento de incluir la historia del Holocausto en el currículum palestino...el consejo en general, y el comité educativo en particular, siguen [de cerca] lo que es enseñado en el currículum, y evalúan si algo contradice o daña la historia palestina”, y agregó: “nosotros no tenemos ningún interés en enseñar el Holocausto”. Otro miembro del CLP y líder del Fatah, Hatem Abd Al-Qader, afirmó que enseñar sobre el Holocausto en escuelas palestinas “es un gran peligro al desarrollo de la mentalidad palestina” y enfatizó que “nos opondremos a cualquier experimento que pueda perjudicar la mente, identidad o raíces históricas de los palestinos”. El historiador Issam Sisalem, quién en el pasado había negado la existencia de las cámaras de gas, dijo que el Holocausto era un evento ampliamente exagerado y que no merecía atención. El intelectual palestino Abdallah Horani desechó la sugerencia de Al-Qaq sobre la base de que Israel no necesita “los esfuerzos de los palestinos en esparcir la falsa historia sobre el Holocausto”. Por su parte, el jeque Nafez Azzam, líder del movimiento Jihad Islámica Palestina en Gaza, atribuyó proporciones cósmicas al asunto, señalando que “la intención de enseñar el Holocausto en escuelas palestinas contradice el orden natural del universo”. Obviamente, bajo este tipo de atmósfera nada que se aproxime a un tratamiento objetivo del tema podría ser incluido en los programas educativos palestinos. El Holocausto no es enseñado.
De hecho, el Holocausto no es enseñado en absolutamente ningún país árabe. Muy por el contrario, el oficialismo de varias naciones árabes y musulmanas promueve la negación o relativización del Holocausto. En cualquier caso, la incomodidad que suscita este tema en círculos árabes puede apreciarse en las reacciones egipcias y jordanas a la adopción (sin votación), por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. Durante el debate que acompañó la adopción de esta resolución en el recinto de la ONU en noviembre del año 2005, el delegado egipcio Maged Abdelfattah Abdelazziz no expresó objeción alguna a la designación del día de recordación, pero dijo tener reservas sobre los párrafos operativos Nos. 2 y 6 de la resolución; justamente los párrafos en los que se insta a los estados-miembro “a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto...” (párrafo No.2) y en los que se pide al secretario-general “que establezca un programa de educación titulado ´El Holocausto y las Naciones Unidas´ y que adopte medidas para movilizar a la sociedad civil en pro del recuerdo del Holocausto y la educación sobre esa tragedia...” (párrafo No.6). El delegado jordano Zeid Ra´ad Zeid Al-Hussein definió al Holocausto como un crimen de proporciones colosales y luego agregó una infeliz referencia al conflicto palestino-israelí al afirmar que, desafortunadamente, “´Nunca Más´ fue también a veces usado como una forma de justificación moral para la implementación de algunas políticas, cuyo efecto fue la continua dominación de un pueblo por otro”. Estas fueron las acotaciones de los únicos dos países árabes que han entablado una paz formal con el estado judío en toda la región.
Efectivamente, el genocidio judío de hace sesenta años provoca sensaciones extrañas en el mundo árabe y musulmán. Los registros del Holocaust Memorial Museum de Washington, D.C. muestran que tan solo un líder árabe ha visitado oficialmente el museo en sus trece años de vida. En algunos países de la región la película “La Lista de Schindler” fue prohibida, en tanto que la negación del Holocausto está ampliamente difundida y aceptada en la literatura, la prensa, la cultura popular e intelectual y el discurso político árabe y musulmán.
¿Por qué? Básicamente, porque les es psicológicamente necesario y políticamente útil. Desde el punto de vista árabe/musulmán, la creación del Estado de Israel se debió a los acontecimientos del Holocausto judío. Al negar la veracidad de este hecho creen poner en tela de juicio la legitimidad de la secuela indeseada. En palabras del ministro de relaciones exteriores iraní, Manoujehr Mottaki: “Si la versión oficial del Holocausto es puesta en duda, entonces la identidad y naturaleza de Israel será puesta en duda”. Más allá del apego milenario del pueblo judío con la Tierra de Israel y de que históricamente el sionismo precede al estallido de la Segunda Guerra Mundial en al menos medio siglo, en la cultura árabe e islámica abunda esta noción vinculante entre Holocausto y fundación del Estado de Israel. Además, pareciera estar presente una resistencia colectiva a pintar a los judíos (léase israelíes) como víctimas sufrientes. Daría la impresión de existir una suerte de “competencia” unilateral árabe por el monopolio del sufrimiento para conformar la imagen del israelí como ocupador (y así justificar la “resistencia”). En ese esquema, la idea del judío como víctima que el Holocausto conlleva ha de ser suprimida. Tal como escribiera Elias Khalil en el semanario del partido político árabe-israelí “Balad”:
“Nuestro interés nacional como un pueblo es separar, lo más posible, los
problemas acuciantes de nuestro pueblo del sufrimiento de los judíos en
otras partes en el mundo, cuyo ápice fue el Holocausto europeo. Es nuestra
obligación desprender el conflicto palestino-israelí del peso del Holocausto
nazi en Europa, de manera que nuestros problemas no serán empequeñecidos detrás de su Holocausto”.

A su vez, debemos advertir la presencia de un sentimiento antijudío, dado que la negación del Holocausto es una forma contemporánea de antisemitismo. Y finalmente, podría también estar en juego una intención deliberada de borrar un capítulo infame de la propia historia árabe; una historia de admiración filo-nazi y de activa colaboración, en ciertos casos, con el Eje nazi-fascista. Puesto que si bien el Holocausto ha sido un fenómeno eminentemente europeo, éste ha impactado también en las tierras árabes y musulmanas del Medio Oriente, y el papel que éstos han jugado durante este período negro de la historia moderna dista mucho de poder ser calificado de digno.

El “Nacional-socialismo” del Gran Mufti de Jerusalén
La simpatía con la que las naciones árabes vieron a la Alemania nazi estuvo ciertamente basada en aspectos nacionales e intereses políticos, tales como resentimiento hacia Francia e Inglaterra así como oposición a la inmigración judía a Palestina. Después de todo, el exterminio colectivo de los judíos pondría término, radical y definitivamente, a las aspiraciones sionistas de crear un Hogar Nacional Judío en Palestina. Sin embargo, el fuerte nexo entre el nazismo y el mundo árabe trascendió los dictados de la realpolitik; basándose en valores y actitudes comunes hacia los judíos. En palabras de Haj Amín al-Husseini -por aquél entonces Gran Mufti de Jerusalém, Presidente del Consejo Supremo Musulmán, y Presidente del Alto Comité Arabe- en otras palabras, la más prominente figura religiosa y política de la época en el Medio Oriente: “Hay una similitud definitiva entre los principios del Islam y los principios del Nazismo”. Dicha “similitud” quedó claramente plasmada en la práctica. El Tercer Reich invirtió considerable capital en las actividades del mufti y otros dignatarios árabes pro-nazis. Una porción del presupuesto de la cancillería alemana y las SS de Himmler estaban asignadas a financiar actividades árabes pro-nazis, entre otras, las revueltas árabes que el mufti orquestó en 1936 en Palestina. En 1941, al-Husseini fue recibido en Roma y en Berlín, respectivamente por Mussolini y Hitler. En general mantuvo regulares contactos con los nazis en Alemania, los fascistas en Italia y los japoneses, convirtiéndose de facto en el 4to integrante del Eje. A principios de la década del 40 estableció una escuela para líderes religiosos musulmanes en Alemania, así como un “instituto para la investigación en torno a la cuestión judía en el mundo musulmán”, basado en un modelo alemán. En Berlín se albergó en una gran casa en la calle Klopstock, la que hasta 1939 había sido una escuela hebrea. Desde su base en Alemania, el mufti supervisó las políticas de propaganda, operaciones de espionaje, actos de sabotaje, y el reclutamiento de musulmanes a milicias pro-nazis en países ocupados por el Eje en el Norte de Africa y Rusia. Tenía a su disposición estaciones de radio en Berlín, Zeissen, Bari, Roma, Tokio y Atenas, desde las cuales conducía la propaganda pro-nazi hacia el Medio Oriente. El mufti regularmente difundía mensajes por radio “y sus emisiones estaban entre los pronunciamientos pro-Eje más violentos alguna vez generados”.
Ya en 1939 era publicado en Berlín un periódico en lengua árabe, Barid al-Sharq, para ser distribuido en el Medio Oriente. Los cuarteles del mufti en Ginebra y Estambul le permitían propagar sus actividades de espionaje a lo largo de todo el Medio Oriente, dónde tenía agentes en Palestina, Siria e Irak además de mantener contactos con agentes de inteligencia alemanes en Turquía. En 1940 solicitó a Alemania que “resuelva la cuestión de elementos judíos en Palestina y otros países árabes en concordancia con los intereses nacionales y raciales de los árabes y en líneas similares a aquellas empleadas para resolver la cuestión judía en Alemania e Italia”(enfasis agregado). A un oficial nazi le dijo que los judíos debían irse de Palestina; “están libres de irse al infierno” acotó. En varias oportunidades al-Husseini instó al Tercer Reich que bombardee Tel-Aviv y Jerusalém en un “ataque [que] debe ser efectuado con una gran fuerza para que tenga un efecto duradero” tal como sostiene un reporte (por aquél entonces secreto) del Comando de la Fuerza Aérea Alemana del 29 de Octubre de 1943. Cuando las tropas de Rommel ingresaron a Nord Africa, amenzando el Medio Oriente, el mufti no ocultó su agrado. En una carta fechada 4 de Julio de 1942, al-Husseini escribió:
“Permítame, Fuhrer, expresarle la sincera alegría del pueblo árabe y mis mejores deseos en la ocasión de la victoria del Eje en Nord Africa...El pueblo árabe continuará luchando a su lado contra el enemigo común hasta la victoria final”.

Alemania correspondió la cortesía del mufti. En una carta con fecha Noviembre 2 de 1943, Heinrich Himmler elogiaba la “alianza natural que existe entre el Nacional-Socialismo de la Gran Alemania y los musulmanes amantes de la libertad de todo el mundo”. Haj Amín al-Husseini no limitó su apoyo al Fuhrer a la esfera declarativa solamente. Unos pocos meses luego de su arribo a Berlín, el mufti comenzó a reclutar a estudiantes árabes en Alemania, prisioneros de guerra árabes e inmigrantes, a una Legión Árabe pro-nazi. Un destacamento germano-árabe ya había sido formado con voluntarios árabes en Alemania, los que vestían el uniforme alemán portando un emblema con la frase “Frei Arabien”. El mufti aspiraba a reclutar 500.000 soldados marroquíes, tunecinos y argelinos. No se limitó tampoco a árabes étnicos sino que apeló a los musulmanes, especialmente en Bosnia y la Unión Soviética; solamente en los Balcanes reclutó decenas de miles a la Wehrmacht. En momentos en que el único refugio posible de los judíos europeos era Palestina, el mufti no escatimó esfuerzos en bloquear este único escape posible. Desde Berlín, entre 1942 y 1944, al-Husseini trabajó sin cansancio para impedir el rescate de judíos de Hungría, Rumania, Bulgaria y Croacia. Wilhelm Melchers durante los Juicios de Nurenberg dijo que “El mufti era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó [el hecho de que] le gustaría verlos a todos liquidados”. La comunidad judía mundial intentó (en vano) en 1947 someter al mufti ante el Tribunal de Nurenberg bajo cargos de criminal de guerra a partir de su involucramiento en los planes genocidas hitlerianos. Haj Amín al-Husseini murió como hombre libre, por muerte natural, en Beirut en el año 1974.

La admiración árabe-islámica hacia el Nazismo
No fue al-Husseini, sin embargo, el único simpatizante árabe del Tercer Reich. La admiración árabe hacia Hitler estalló con entusiasmo en el Medio Oriente en cuanto el Fuhrer subió al poder en 1933, tal como atestiguan los varios telegramas de felicitación enviados desde varias capitales árabes. La escena se repitió al año siguiente cuando el partido nazi promulgó las Leyes de Nurenberg. Ya en 1937 Goebbels aduló la “concientización nacional y racial” de los árabes notando que “en Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con swastikas y retratos de Hitler”. A su vez, partidos creados a semejanza del Nacional-Socialismo y organizaciones juveniles pro-germanas, así como unidades de batalla, aparecieron en el mundo árabe, notablemente en Siria, Irak, Marruecos, Túnez y Egipto. Por ejemplo, alrededor de un tercio de la Phalange Africaine (también conocida como la Légion des Volontaires Francaise de Tunisie), organizada por oficiales del régimen de Vichy en Túnez, eran árabes. La brigada Nord Africaine, íntegramente formada por voluntarios árabes argelinos, era liderada por un ex oficial francés llamado Mohamed el-Maadi que tenía el apodo de “SS Mohamed”. En 1942, los nazis crearon el Batallón de Entrenamiento Árabe-Germano al que se sumaron voluntarios desde Egipto, Arabia Saudita y la región del Levante. La Deutsche-Arabische Legión (también denominada Sonder Verbande 287), otro batallón, fue quizás la más famosa formación árabe en el ejército alemán. Además, una unidad de unos cien árabes expertos en demolición fue creada en Túnez. Compuesta por tunecinos, marroquíes, argelinos, sirios, egipcios e iraquíes, recibió entrenamiento en Berlín y fue posteriormente regresada a Túnez para luchar contra las tropas aliadas. Un observador militar estimó en 13.000 el número de árabes que se ofrecieron a servir en el ejército alemán o en la Francia colaboracionista. Aún cuando su contribución militar pueda haber sido menor en el marco mayor de una guerra mundial, no deja de ser indicativo de las proclividades pro-fascistas y pro-nazis de los nativos de la región y de su disposición a asistir al esfuerzo bélico alemán.
El sentimiento pro-nazi se materializó con violencia en Baghdad en Junio de 1941 cuando un pogrom pro-nazi estalló luego del fallido golpe de estado liderado por Rashid Ali al-Khilami (con asistencia del mufti) en el que casi 180 judíos fueron asesinados y cerca de mil heridos, 242 niños quedaron huérfanos, libros de rezos judíos fueron profanados, 576 negocios pertenecientes a judíos fueron saqueados, y 991 casas judías y sinagogas fueron destruidas. Muchas de las leyes antijudías del régimen nazi fueron aplicadas en África del Norte. Así, en Marruecos, el pashá de Marrakesh impuso un alto impuesto a los judíos del ghetto (denominado “mellah”). El pashá de Salé emitió un edito que prohibía a los judíos contratar a musulmanes. En Beni-Mellal, el gobernador musulmán local y el controlador civil francés conjuntamente decretaron que cualquier europeo tenía el derecho de alojarse en las casas de propietarios judíos. El-Belag, un periódico árabe argelino, propuso en diciembre de 1940 a las fuerzas ocupantes de Vichy que adoptaran medidas raciales nazis tales como la de obligar a los judíos a usar ropajes distintivos. En las zonas rurales de Túnez, los judíos debían públicamente usar una Estrella de David en sus ropas. Más de cien campamentos de trabajo forzado fueron establecidos en tierras árabes por los nazis alemanes, los franceses colaboracionistas y los italianos fascistas en los que árabes sirvieron como guardias, empleados, policías, y torturadores.
Las modalidades militares nazis fueron imitadas a tal nivel que incluso slogans nazis fueron traducidos al árabe. Una canción popular en voga en el mundo árabe a finales de la década del 30 decía así:
“No más Monsieur, no más Mister
En el cielo Allah, en la tierra Hitler”.

Otra tarareaba: “Vamos, vamos, desearía estar contigo, Hitler”. Adolf Hitler, por su parte, fue “islamizado” adquiriendo la nueva apelación de Abu Alí. Adulación al nazismo se esparció por el Medio Oriente como un encanto hechizante. Entre los varios simpatizantes del nazimo en la región se encontraban Ahmad Shukairi (primer titular de la OLP), Gamal Abdel Nasser, Anwar Sadat (ambos posteriorment presidentes egipcios), líderes fundamentalistas islámicos, y los fundadores del panárabismo socialista Ba´th, actualmente en el poder en Siria y hasta el año 2003 en Irak. Uno de los líderes bat´histas, por ejemplo, describió así este hecho:
“Eramos racistas, admirando el nazismo, leyendo sus libros y las fuentes de su pensamiento...Fuimos los primeros en pensar en traducir Mein Kampf. Quien haya vivido en este período en Damasco apreciaría la inclinación del pueblo árabe hacia el nazismo, dado que el nazismo era el poder que podía actuar como su campeón...”.

Ahmad Shukairi relató de esta forma en sus memorias cuál era el ánimo en la calle árabe por aquellos años:
“Las noticias sobre victorias alemanas en Europa llenó nuestros corazones con gran esperanza...Yo solía sentarme frente al mapa, lapicera en mano, oyendo los comunicados militares de la radio Berlín, regocijándome sobre los triunfos alemanes...He celebrado el nuevo año, 1942, con las noticias de grandes victorias del Eje en Europa y Nord Africa. No hemos hablado de otra cosa sino de Rommel, y [estabamos] esperando el arribo de su ejército victorioso a Egipto y Palestina”.

Antun Saada, el fundador de un partido fascista en Siria, se enorgullecía en llamarse “Fuhrer de la nación siria”. La plataforma de su partido aducía que los sirios eran “una raza distinta y naturalmente superior”. El Dr. Maruf al-Dawalibi, descrito por un oficial de las SS como “nuestro hombre de confianza” fue Primer Ministro en Siria en 1950. El futuro Rey Khaled de Arabia Saudita cenó con Hitler la noche de la capitulación de Checoslovaquia, oportunidad en la que brindó en honor del evento. A principios de la década del 40, el Príncipe de Egipto, Mansour Daoud, se unió a las SS. El general Aziz Alí al-Masri, del partido nazi egipcio, formó y lideró una red de espionaje que operaba para la inteligencia alemana. Cuando el ejército alemán tomó posiciones próximas a Alejandría en 1942, slogans pro-nazis fueron pintados en las paredes mientras que estudiantes egipcios cantaban en las calles “¡Adelante Rommel!”. El mismo año, el escritor popular egipcio Abbas Mahmud al-Aqqad armaba coplas con los nombres de Hitler, Napoleón y Mahoma, aludiendo a ellos como genios militares. Algunos árabe se habían unido tan fielmente a los nazis que terminaron escapando con ellos ante el avance aliado en África del Norte. Entre otros, Rashid Driss, líder de la Jeunesse Musulmane, una agrupación juvenil musulmana pro-nazi; Hamadi Boujemaa, un comerciante fuertemente ligado a las autoridades de ocupación alemanas que halló refugio en Suiza; y el gobernador provincial de Gabes así como el magistrado local.

El sentimiento de la posguerra
Líderes y personalidades árabes han expresado públicamente admiración por Hitler, aún luego de su muerte. Por ejemplo, en Septiembre de 1953 circuló el rumor por el mundo árabe de que el líder nazi estaba vivo, escondido en Brasil. El semanario del Cairo Al-Musawwar preguntó a varias figuras públicas egipcias qué le escribirían a Hitler, si las noticias resultaran verdaderas. Entre quienes respondieron figuraba Anwar Sadat, quién en una carta abierta publicada el 18 de Septiembre de 1953, se dirigió en estos términos hacia el Fuhrer (para entonces los horrores del infierno nazi eran bien conocidos):
“Estimado Hitler: Lo bendigo con todo mi corazón...El mismo hecho de haberse convertido en inmortal en Alemania es suficiente motivo de orgullo. Y nosotros no nos sorprenderemos en verlo nuevamente en Alemania, o a un nuevo Hitler en su lugar”.

Al visitar Jerusalém en 1977, Sadat vistió una corbata cuyo motivo de diseño consistía en pequeñas cruces esvásticas. Esta adulación por Hitler no menguó con el correr del tiempo. En la revista francesa Les Temps Modernes escribió en 1965 un comentarista marroquí al respecto: “Un mito hitleriano es cultivado a nivel popular. La masacre de los judíos por Hitler es alabada. Incluso se cree que Hitler no está muerto. Su arribo es esperado...”. En 1973 un destacado escritor egipcio, Anis Mansour, defendió la política de exterminación de Hitler sobre la base de que los judíos “están interesados en destruir todo el mundo” y lamentó la inconclusa tarea del Fuhrer: “¡ojalá hubiera terminado!”. Este sentimiento popular aún no ha desaparecido. A mediados de 2001, un columnista del diario Al-Akhbar (esponsoreado por el gobierno egipcio) escribió estas líneas:
“Gracias a Hitler, de bendita memoria, quién en nombre de los palestinos, vengó por adelantado, contra los criminales más viles en la tierra. Aunque tenemos una queja contra él dado que su venganza contra ellos no fue suficiente”.

Dos meses más tarde, el sindicato de prensa egipcio premió a este columnista con su más alta distinción. Y cuando el premio Nobel de literatura Gunter Grass confesó en agosto del año pasado haber sido miembro de la Waffen SS en su juventud, “un número de intelectuales árabes se apresuraron a exteriorizar su apoyo” al laureado escritor, según el historiador Fawwaz Traboulsi.
Por su parte, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) ha tenido fuertes vínculos con agrupaciones neo-nazis, tales como el grupo “Cuerpos Libres de Adolf Hitler” liderado por el neonazi Udo Albrecht, la “Acción Germana” de Manfred Roeder, “Deportes de Guerra” de Karl Heinz Hoffman, “Acción Socialista Nacional” de Michael Kuhnen, y el V.S.B.D., todos los que recibieron entrenamiento en campamentos terroristas de la OLP en el Medio Oriente. Además, la organización palestina gozaba de los servicios de otras varias figuras estelares del mundo neo-nazi, tales como Johann Schuller (un ex oficial nazi que le vendió armas y reclutó instructores militares para la OLP en Roma); Jean Tireault (secretario de la agrupación “La Nation Europpeenne” y coordinador de actividades terroristas en Bruselas, se convirtió en asesor de la OLP); Francois Arnoud (uno de los fundadores del partido neo-nazi suizo y presidente del Banco Comercial Arabe en Ginebra, pasó a ser el banquero de la OLP en Europa); y Karl van der Put (un neo-nazi belga activo en reclutar voluntarios para la OLP). Las simpatías filo-nazis del movimiento nacional palestino de antaño se manifestaron una vez más con la conformación de la Autoridad Palestina (AP) en los años noventa. Durante la graduación de policías de la Autoridad Palestina en Jericó, en Agosto de 1995, los graduados tomaron juramento de lealtad con los brazos extendidos en saludo nazi. Tan aceptada es la figura de Hitler que –además de ser Mein Kampf best-seller en los territorios autónomos palestinos -Fawzi Salim al-Mahdi, un oficial de “Fuerza 17” (la guardia presidencial del ahora difunto Yasser Arafat), conocido como “Abu Hitler”, nombró a sus hijos Eichmann y Hitler. No es esto excepcional, en casi todas las facciones de la OLP activistas palestinos han adoptado “Hitler” y “Rommel” como nommes de guerre. Por su parte, Arafat –se recordará, pariente de Haj Amín al-Husseini -ha hecho referencias públicas a la estima y orgullo que sentía por éste. “La OLP”, declaró Arafat en 1985, “continúa el sendero marcado por el Mufti”. Por último, mientras que prácticamente todo el mundo occidental estalló indignado y protestó, a principios del año 2000, ante el gobierno austriaco por la inclusión del nacionalista Joerg Haider en la coalición (a partir de su pasado de simpatías nazis), Arafat le envió una carta de felicitación.
Luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, oficiales nazis cómodamente encontraron refugio en el mundo árabe. Egipto recibió a Alois Moser y Oskar Dirwanger, responsables por el asesinato de cientos de miles de judíos ukranianos (Dirwanger se convirtió en guardaespaldas del presidente Nasser); a Leopold Gleim, jefe de la Gestapo en Polonia; a Hans Eichler, sirvió en Buchenwald; y a Heinrich Willerman, un médico que experimentó con humanos en Dachau. Entre los criminales de guerra que hallaron refugio en Siria se encontraron Alois Brunner, quién envió a la muerte a 150.000 judíos y supervisó el transporte de 340 huérfanos judíos a Aushwitz en 1944; Franz Rademacher, jefe del departamento de la cancillería alemana que lidiaba con los judíos; y Otto Ernst Remer, gobernador militar de Berlín. Estos y otros cientos de nazis fueron empleados por los egipcios y los sirios para el desarrollo de su industria misilística y aérea, así como para asistir a la policía secreta en propaganda anti-judía. En otras palabras, estos nazis desde países árabes pudieron continuar su inconclusa guerra contra el pueblo judío. Asimismo, la captura en la Argentina y el juicio en Israel de Adolf Eichmann a comienzos de los años sesenta despertó olas de apasionamiento en todo el mundo árabe. Las expresiones públicas en la prensa condenaron a Israel por el acto y elogiaron a Eichmann por su gesta.
En tanto que varios criminales de guerra nazis han sido bien recibidos en el Medio Oriente árabe/musulmán, también lo han sido los negadores del Holocausto. El francés converso al Islam Roger Geraudy fue tratado como un héroe durante su gira por el mundo árabe en 1996. En El Líbano fue recibido por el primer ministro, en Siria por el vice-presidente y otros varios ministros. Dictó conferencias, fue entrevistado por la prensa local y participó en encuentros con figuras del mundo literario. En Egipto y Jordania no fue recibido oficialmente pero despertó cálidos elogios en círculos intelectuales. La Unión de Artistas Árabes (auspiciada por el gobierno egipcio) lo nombró “miembro honorario”; el primero desde que la misma fue fundada más de veinte años atrás. El principal editor del periódico oficial Al-Ahram le confirió un premio periodístico por el “aire fresco” que contribuyó al “debate” sobre el Holocausto. Geraudy incluso fue invitado a escribir una serie de diez artículos para un semanario árabe publicado en Londres por el servicio en árabe de la BBC. El juicio de Geraudy en 1998 en Francia (donde tal como en muchos países occidentales, la negación del Holocausto es considerada una ofensa criminal) generó intensas reacciones en el mundo árabe. En Gaza, se organizó una manifestación en muestra de solidaridad con Geraudy en la que participaron el Ministro de Comunicaciones de la AP, Imad Falouji, y el Secretario General del gabinete palestino, Ahmed Aadel-Rahman. Además, el libro del negador francés fue publicado en el website oficial de la Autoridad Palestina. Mientras que los defensores del revisionista francés en occidente basaron sus argumentos sobre la base del derecho a la libertad de expresión, sus simpatizantes árabes, tal como observó un comentarista en Al-Hayat, evidenciaron poco interés en la libertad de expresión; más bien, fueron sus ideas lo que defendieron. En el año 2002, el gobierno libio otorgó a Geraudy el oximorónico “Premio Muammar Qaddafi a los Derechos Humanos”. El caso de Roger Geraudy lejos está de ser excepcional. Otro negador, Wolfgang Frolich, encontró refugio en la embajada iraní en Viena luego de haber sido juzgado por las cortes austríacas en Mayo de 2000. El suizo Jurgen Graf huyó a Teherán en Noviembre de 2000 luego de que sus apelaciones a una sentencia de 1998 por incitación al odio racial fueron rechazadas. Además, notables figuras del movimiento revisionista, tales como Mark Weber y Ernst Zundel, habitualmente han encontrado una plataforma para la difusión de sus doctrinas en la radio iraní. En mayo de 2001 en Ammán, en agosto de 2002 en Abu Dhabi, y en diciembre de 2006 en Teherán y El Cairo, conferencias internacionales negacionistas han sido celebradas; la primera bajo auspicios de la asociación de escritores jordanos, la segunda organizada por un centro de investigación de la Liga Árabe, la tercera por iniciativa del gobierno iraní, y la cuarta convocada por el Partido Socialista Árabe de Egipto. Incluso la “Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras formas de Intolerancia” llevada a cabo por las Naciones Unidas en Durban, Sudáfrica, en septiembre de 2001, fue prácticamente copada y completamente politizada por estados árabes y musulmanes, los cuales en el marco de sus tradicionales actividades antisionistas y antijudías incorporaron variantes minimizadoras y relativizadoras del Holocausto en la agenda del evento.

En busca del “Schindler árabe”
Musulmanes han salvado a judíos perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial en Turquía, Bosnia y Albania, y por sus esfuerzos desinteresados han sido reconocidos como “justos entre las naciones” por Yad Vashem, el museo del Holocausto de Israel. Bajo la iniciativa del experto estadounidense en asuntos mesoorientales Robert Satloff, el primer árabe ha sido recientemente nominado a la distinguida categoría: se trata de Khaled Abdelwahhab, quien escondió a varias familias judías en su casa durante el período de ocupación alemana de Túnez. Según Satloff, han existido encomiables excepciones a la marea filo-nazi y filo-fascista en el Medio Oriente, también. Su esfuerzo de cuatro años de investigación ha resultado en el hallazgo de unos pocos casos de oposición al nazismo y hasta quizás de marginal heroísmo, aunque como el mismo autor insinúa en su relato, no todos los casos serían 100% comprobables y en muchos de ellos los propios descendientes de los supuestos héroes se muestran reacios al reconocimiento. En otros casos, la ayuda brindada a los judíos habría sido parcial, aunque aún así merecería elogio dada la dureza de las circunstancias. Moncef Bay de Túnez, el sultán Muhammad V de Marruecos, el jeque Taieb el-Okbi de Argelia, por nombrar algunos, habrían, según este investigador, ayudado de alguna manera, con mayor o menor impacto, a la minoría judía residente en sus países. Incluso en el corazón de Europa, la Gran Mezquita de París habría dado certificados y refugio a judíos fugitivos. En Argelia, enterado de los planes de un grupo fascista francés de lanzar un pogrom contra los judíos, el-Okbi emitió una prohibición formal a los musulmanes de participar en agresiones contra los judíos a la vez que imanes en mezquitas argelinas instruyeron a sus feligreses a no tomar ventaja financiera del sufrimiento judío en manos de colonialistas franceses. En Marruecos, el sultán Muhammad V se distanció del sentimiento pro-nazi de las elites árabes de entonces y, si bien consintió la aplicación de las leyes anti-judías que las autoridades francesas habían impuesto en sus dominios de ultramar, logró contener parcialmente el impacto de las mismas en su nación. En Túnez, Moncef Bey, a pesar de haber sido depuesto y exiliado por los “Franceses Libres” en 1948 por su supuesta colaboración con los alemanes, ha gozado de la simpatía de la comunidad judía durante las décadas posteriores en función al apoyo moral que habría dado a los judíos tunecinos durante la guerra.
Más cerca de nuestros tiempos, dos proyectos invitan mención por su audacia. El primero de ellos ha sido la visita en mayo del 2003 de una delegación de 250 israelíes –la mitad de ellos árabes, la otra mitad judíos- a Auschwitz, organizada por Emil Shofani, un cura griego-ortodoxo árabe-israelí, cuyo objetivo era sensibilizar a los árabes ante el trauma judío del Holocausto. El segundo ha consistido en la apertura, en abril del 2005, del Instituto Árabe para la Investigación y Educación sobre el Holocausto –el primer “museo árabe del Holocausto” según su fundador, el abogado palestino Khalid Mahameed- en la ciudad de Nazareth, con el propósito de que los palestinos entiendan la necesidad histórica de un hogar seguro para los judíos. Ninguna de las iniciativas escapó a la controversia. Mahameed ha sido criticado por los visitantes, insultado en público y marginado por su propia familia. Sofani fue ridiculizado por el ex vocero de la iglesia ortodoxa de Jerusalén que prometió organizar una peregrinación de palestinos musulmanes y cristianos a Sabra y Shatila en El Líbano (locación en la que a comienzos de los años ochenta milicianos cristianos masacraron a refugiados palestinos durante la incursión israelí a aquél país), “como un mensaje al mundo de que la verdadera tragedia es la del pueblo palestino”. Dada la atmósfera política reinante en el Medio Oriente, y dada la propia manera árabe y musulmana de retratar el Holocausto en los últimos años, es dable esperar actitudes renuentes a iniciativas del tipo recién descritas. Pero la única forma de comenzar a educar a árabes y musulmanes a propósito de este asunto es justamente intentando quebrar los varios mitos construidos alrededor de este evento singular de la historia moderna. En este sentido, ha de ser celebrada la afirmación del ex presidente iraní Mohammed Khatami, hecha a un diario israelí, dicha pocas semanas después de la finalización de la conferencia revisionista iraní: “La Shoá contra el pueblo judío fue el ataque más grave contra la humanidad en nuestra época”. Otro caso de resistencia a la negación del Holocausto aconteció a principios del 2001 cuando la protesta pública de treces prominentes intelectuales árabes precipitó la cancelación de una conferencia negacionista a ser celebrada en Beirut (la que finalmente tuvo lugar unos meses después en la capital jordana). También cabe mencionar la condena efectuada por jeques del Movimiento Islámico en Israel contra la conferencia negadora del Holocausto organizada por Irán, así como la intención de Mahameed de confrontar a los negadores en dicho evento (las autoridades iraníes le negaron la visa de entrada). Demás está señalar que estas protestas han ido insuficientes. Tal como preguntó la feminista secular musulmana Ayaan Hirsi Alí: “¿Por qué no hay una contra-conferencia en Riyadh, Cairo, Lahore, Kartúm o Jakarta? ¿Por qué permanecen en silencio los 57 [estados] miembros de la Organización de la Conferencia Islámica?”. Solo con una renovada y firme determinación oficial de los gobiernos de la región de abandonar los prejuicios y temores que suscita el Holocausto, sustentada en el apoyo de periodistas, artistas, académicos e intelectuales, podrá surgir una más saludable postura árabe/islámica acerca de un hecho histórico tan horrendo y contemporáneamente relevante.

El sinuoso sendero de las contradicciones
La actitud pública árabe hacia los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial luego de 1945 atravesó un proceso de cambio gradual. Tal como observó el académico Joseph Nevo, en los años inmediatos a la finalización de la guerra, la asociación árabe con los nazis fue explicada, por voceros árabes, mediante argumentos que subrayaban la naturaleza pragmática de la relación, apelando al conocido cliché “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” (los nazis, tal como los árabes, eran enemigos de Gran Bretaña y Francia así como de los judíos), de esta forma negando que haya existido reconocimiento alguno a la ideología nazi y fascista. Análogamente fue explicada la cooperación del mufti con el Eje; sus actividades fueron justificadas sobre la base de que eran válidas acciones en el contexto de la lucha contra el sionismo. Los árabes incluso argumentaron en su favor que la política anti-judía alemana indirectamente favoreció, a partir de 1945, la causa sionista al brindarle simpatía mundial y facilitar de esta forma el establecimiento del Estado de Israel en 1948. ¿Cómo podrían las naciones árabes haber apoyado semejante cosa? Con esta lógica pretendían líderes árabes rechazar el alegato de que el exterminio judío fue visto con buenos ojos en no pocos rincones del Medio Oriente. El paso de los años distendió los sentimientos de culpa que hubiere en la región y ello dio lugar a una masiva exaltación del nazismo y de su líder. Fue solamente a partir de la penetración rusa en la región –y la nueva orientación pro-soviética de la política exterior árabe -que el epíteto “nazi” cobró una connotación negativa en la retórica mesooriental. El término pasó a representar una categorización generalizada de abuso, desprovista de su significancia anti-judía. De esta forma, un cambio perverso tuvo lugar en el discurso árabe. Puesto que si ahora el nazimo era algo malo, entonces el mismo podía ser usado para describir la conducta de los judíos. Esto dio lugar al “extraño espectáculo en el que los entusiastas aliados de Hitler atacan a las víctimas supremas de Hitler llamándolas nazis y racistas”, en la apta observación del orientalista Bernard Lewis. Paralelamente, el Holocausto judío es banalizado al nivel de ser transformado en el motor de una catástrofe árabe-palestina, y como tal conmemorada el día de la fecha de la independencia israelí como un día de luto nacional. Así, desde 1945 el Medio Oriente se ha convertido en la única región del planeta donde negar, minimizar y trivializar el Holocausto es algo culturalmente aceptable; y cabe señalar que esto no es llevado a cabo por lunáticos o fanáticos marginales, sino por los propios regímenes oficiales en el poder y con el apoyo entusiasta de gran parte de la intelligentsia. El objetivo, como hemos visto, es doble: cuestionar la legitimidad del establecimiento del estado israelí y negar cualquier vestigio de sufrimiento al pueblo judío. Y quizás, inconsciente o deliberadamente, árabes y musulmanes estén también intentando negar su propio pasado vergonzante. En cualquier caso, ellos han realizado un logro sorprendente: el de haber transformado al Holocausto -es decir, al paradigma del sufrimiento judío en la modernidad- en un arma al servicio de su incesante batalla política contra Israel