domingo, 22 de abril de 2007

Proclamación de Independencia de Israel.


En el tranquilo bulevar Rotschild del centro de Tel-Aviv, entre casas vetustas de principios de siglo, se alza un edificio de aspecto banal, revocado al cemento, que muy pocos israelíes conocen, y en el que probablemente nunca han reparado. Poco antes de las cuatro de la tarde del viernes 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión ingresó en ese edificio, a la sazón Museo de Tel Aviv, y abriendo la sesión con el martillazo tradicional, leyó ante el pequeño número de asistentes la Declaración de Independencia del Estado de Israel. Más por necesidad que como resultado de una opción bien madurada, la primera nación judía independiente en 19 siglos nació con prisas y sin pompa. No hubo fuegos artificiales ni música, no se izaron banderas ni hubo desfiles. Con enemigos en sus puertas, con su existencia misma en peligro, el Estado naciente vivió un acontecimiento que fue sin duda el más descollante de la historia moderna judía pero quizás también el menos impresionante.Para la mayoría de los judíos, la existencia del Estado ya era un hecho consumado. Éste había sido el anhelo de Theodor Herzl, el visionario de fines del siglo XIX, creador del nacionalismo judío moderno, al organizar en 1897 el primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, y en 1917 la Declaración Balfour del gobierno británico confirmó el derecho del pueblo judío a establecer un "hogar nacional" en la Tierra de Israel Palestina. Para los judíos residentes en Palestina, el Estado de Israel nació de hecho el 29 de noviembre de 1947, el día en que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por una mayoría de dos tercios el plan de partición de Palestina. Muchedumbres entusiastas salieron a cantar y a bailar en las calles de Tel-Aviv, Jerusalén y Haifa y demás poblaciones del país. Los judíos tendrían un Estado propio, aunque pequeño, y las autoridades mandatarias británicas abandonarían el país el 1 de agosto de 1948.Por supuesto, en noviembre no ocurrió nada tangible. Rechazada por el bloque árabe, y no apoyada por el gobierno británico, la decisión tomada por las Naciones Unidas en Lake Success tardó unos cinco meses y medio meses de creciente violencia y forcejeo diplomático en reflejarse en la fundación del Estado de Israel, en condiciones muy distintas de las planteadas inicialmente. Los dirigentes de la población judía, inmersos durante meses en su polémica con los británicos, no habían previsto que quedarían solos antes de tiempo (los británicos anticiparon su salida de Palestina al 15 de mayo), ni se habían percatado de la gravedad de la amenaza militar árabe. Desesperados por la falta de armas, los judíos de Palestina, además, fueron sacudidos por la recomendación de Estados Unidos de suspender el plan de partición e implantar un fideicomiso temporario de las Naciones Unidas en Palestina (la iniciativa, que salió del Departamento de Estado, causó congoja personal al Presidente Harry Truman).El Ejecutivo de la Agencia Judía, encabezado por Ben-Gurión, reaccionó de inmediato, informando a Washington que los sionistas se opondrían a todo intento de postergar la independencia judía. El plan americano, sometido al Consejo de Seguridad en su sesión del 19 de marzo, obtuvo un apoyo internacional exiguo y algunos países lo consideraron como serio menoscabo de la autoridad de las Naciones Unidas. El 1 de abril, el Consejo de Seguridad aprobó una resolución mucho más inocua, en busca de una tregua entre judíos y árabes. Fue aquel día cuando Ben-Gurión, siguiendo la recomendación de Yigael Yadín, jefe de operaciones de la Haganá, convirtió a ese cuerpo, hasta entonces simple milicia defensiva, en un ejército que pasó a la ofensiva. Mientras Jerusalén y gran parte de la Galilea permanecían aisladas, la Haganá se fijó como meta ganar el control de la red de carreteras y de los puntos altos. Hacia fines de abril, la Haganá logró hacer pasar un gran convoy de abastecimiento a Jerusalén y apoderarse de Haifa; en mayo, se apoderó también de Safed, restableciendo la comunicación con las poblaciones judías del este de la Galilea. Ante la creciente apatía de las Naciones Unidas, la comunidad judía de Palestina empezó a crear una nueva realidad militar.

Al propio tiempo, los dirigentes sionistas comenzaron a crear también una nueva realidad política. A fines de abril, los británicos aceleraron su evacuación, y el caos resultante fue causa del cese casi completo de los servicios públicos: correos, teléfonos, ferrocarriles, etc. Para llenar este vacío, y colocar los cimientos del futuro Estado judío, el Comité de Acción Sionista constituyó un organismo de 37 miembros: Moetzet Haam (Consejo Nacional), con la participación de todas las agrupaciones políticas. Encabezado por Ben-Gurión, venía a cumplir las funciones de cuerpo legislativo interino. Se creó también un Directorio Nacional (Minhelet Haam) de 13 miembros un gobierno en cierne al que se invistió de plenos poderes en asuntos de defensa. Pese a la presión creciente de Estados Unidos, que exigía postergar la independencia, la creación del Directorio Nacional fue el primer paso hacia el establecimiento de facto del Estado.Después de una sesión maratónica de 11 horas del Directorio Nacional, el 12 de mayo de 1948, se decidió finalmente proclamar la independencia dos días más tarde. La decisión de no aplazarla no fue fácil, ni tampoco unánime. Yigael Yadín y el comandante en jefe de la Haganá, Israel Galili, informaron de los puntos fuertes y débiles de las fuerzas armadas de la población judía. Se negaron a pronosticar el resultado de una invasión árabe en gran escala, estimando que la probabilidad de hacerle frente con éxito era de sólo un 50%, y expresaron preocupación por la moral de los 30.000 mal pertrechados combatientes. Ben-Gurión advirtió que la población judía debía prepararse para graves pérdidas de territorio y vidas. "No obstante agregó en vista de nuestros valores morales, y a condición de aprovechar plenamente nuestras fuerzas y conseguir más armas, tenemos todas las probabilidades de vencer". Varios de los asistentes concordaron con Ben-Gurión, diciendo que la independencia reforzaría el sentimiento de solidaridad de la población, en tanto que el aplazamiento desmoralizaría a la población y a los soldados. En aquella reunión, Golda Meyerson (más tarde Meir), directora del Departamento Político de la Agencia Judía, describió sus fracasadas negociaciones con el rey Abdullah de Transjordania, en un último intento por evitar la invasión de los ejércitos árabes. Moshé Shertok (más tarde Sharett), que acababa de regresar de Washington, donde había representado al Directorio Nacional como Ministro de Relaciones Exteriores, informó de las propuestas de tregua de Estados Unidos y de su intento de aplazar la declaración de independencia. El Secretario de Estado, George Marshall, había puesto en guardia a Shertok contra una excesiva confianza en la Haganá o contra una eventual solicitud de ayuda a los Estados Unidos en caso de una invasión árabe. Shertok le había contestado: "Hemos luchado solos en esta guerra... Ahora no pedimos ayuda. Sólo pedimos que se abstengan de interferir".Después de discutir toda la noche, el Directorio Nacional decidió por seis votos contra cuatro rechazar la propuesta de tregua de los Estados Unidos y seguir adelante con la declaración de independencia. El presidente de la Organización Sionista Mundial, Jaim Weizmann, al que se contactó por teléfono en Nueva York, apoyó la decisión ("A qué esperan esos idiotas?" díjose que gritó, enfurecido, en yídish) y acto seguido pidió al presidente Truman que reconociera al estado judío, carente aún de nombre. "La opción para nuestro pueblo, señor presidente, es independencia o exterminio", declaró Weizmann. "Confío en que Ud. decida según el espíritu de la ley moral".

Todo estaba dispuesto y la suerte estaba echada. Quedaban apenas 48 horas para redactar la Declaración de Independencia y planear algún tipo de ceremonia, en tanto que se recibían noticias aciagas de la situación en Jerusalén y en el grupo de asentamientos judíos de Gush Etzión. Se convino en proclamar la independencia el viernes a las cuatro de la tarde, ocho horas antes de la finalización oficial del Mandato británico, para poder concluir el acto antes de iniciarse el descanso sabático. Se iniciaba una verdadera carrera surrealista contra el reloj.En la sesión del 12 de mayo se había presentado un borrador de la Declaración. No era el primero, ni tampoco sería el último, pese al escaso tiempo disponible. Tres semanas antes, Félix Rosenbluth (más tarde Pinjas Rosen), encargado de asuntos jurídicos y posteriormente primer Ministro de Justicia de Israel, había planteado varias preguntas a las que debía darse respuesta antes de la independencia: Cuál sería el nombre del nuevo Estado? Cómo sería su bandera y cuál sería su idioma oficial? (Propuso que fuera el hebreo, a condición de que los ciudadanos árabes pudieran usar su propia lengua en la legislatura, los tribunales y la administración). La proclamación de independencia se fundamentaría en la resolución de las Naciones Unidas? Los límites territoriales del nuevo Estado se definirían ya en la Declaración de Independencia? Y en tal caso, serían los preconizados por las Naciones Unidas u otros?Rosenbluth le había pedido unos días antes a Zvi Berenson, el asesor jurídico de la Histadrut, la Confederación de Trabajadores, y con el tiempo juez de la Corte Suprema, elaborar un borrador preliminar de la Declaración. No habiendo recibido directivas, Berenson optó por referirse a cuatro temas: el vínculo histórico del pueblo judío con la Tierra de Israel; los antecedentes de la creación del Estado, así como la opinión internacional y la Declaración Balfour; el significado de un régimen soberano y democrático; y, por último, la proclamación de derechos personales, sociales y jurídicos. La versión de Berenson lleva la fecha del 9 de mayo.Un segundo borrador una versión revisada del primero fue la obra de tres abogados: A. Beham, A. Hintzheimer y Z.E. Béker. Completada el 10 de mayo, no menciona el nombre del nuevo estado. Este fue el borrador sometido a la sesión del 12 de mayo, junto con un memorándum del Dr. Jacob Robinson, asesor legal de la Agencia Judía en Nueva York, (más tarde asesor jurídico de la delegación de Israel ante las Naciones Unidas), que exponía las eventuales implicaciones en caso de apartarse de las decisiones de la ONU. Según Robinson, la ONU no había creado el derecho del pueblo judío a tener un estado; sólo lo había refrendado. En opinión de Robinson, habiéndose retirado las tropas de la potencia mandataria, y no habiendo creado las Naciones Unidas el organismo ejecutor según lo preveía el Plan de Partición, no existía impedimento jurídico alguno. Igual conclusión alcanzó Sir Hersch Lauterpacht, un jurista internacional afamado, que más tarde fue miembro de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.En la sesión del 12 de mayo se otorgó muy poca atención a los problemas jurídicos. Lo que sí suscitó enconadas discusiones fue el problema de los límites. Rosenbluth opinó que en la Declaración de Independencia debían fijarse los límites del Estado. Ben-Gurión y Aharón Zisling, un dirigente obrero de izquierda, se opusieron vehementemente. Ben-Gurión señaló que la Declaración de Independencia de los Estados Unidos "no contiene referencia alguna a límites territoriales". Con el país al borde de la guerra, Ben-Gurión no quería comprometerse de antemano: "Hemos aceptado la resolución de la ONU, pero los árabes no. Se preparan a hacernos la guerra. Si los vencemos y nos apoderamos de la Galilea Occidental o de territorios a ambos lados de la carretera a Jerusalén, esas áreas se convertirán en parte del Estado. Por qué comprometernos a aceptar unos límites que los propios árabes no aceptan?".La posición de Ben-Gurión se aprobó por cinco votos contra cuatro. Este fue el único punto sometido a votación el 12 de mayo. Se planteó el tema del nombre del Estado. Una subcomisión sobre el nombre en árabe nada tuvo que objetar a "Israel" en fonética árabe. Otras alternativas consideradas fueron "Sión", "Tierra de Israel", "Yehudá" (Judea) y "Heber" (de hebreo), pero no se tomó una decisión al respecto. La formulación final de la Declaración se encomendó a un comité de cinco integrantes: David Rémez, Félix Rosenbluth, Moshé Shapiro, Moshé Shertok y Aharón Zisling.Se decidió también que la ceremonia se llevaría a cabo en el salón principal del Museo de Tel Aviv, aunque se consideraron otras alternativas, como el teatro Habima o la Gran Sinagoga de Tel Aviv. Por temor a un ataque aéreo, que habría podido terminar de un sólo golpe con todos los dirigentes del naciente Estado, se decidió mantener en secreto el lugar y la hora del acto. Se renunció a toda pompa y ceremonial, favoreciendo un acto modesto en un lugar discreto. El salón principal del Museo un territorio neutral, sin afiliación religiosa o política tenía la ventaja adicional de hallarse en parte bajo el nivel del suelo, con ventanas altas.Aunque quizás no se considerase importante en aquel entonces, el hecho de que la proclamación de la independencia tuviera lugar en la que fuera una de las primeras casas de la primera ciudad judía del mundo, subraya en retrospectiva lo oportuno de la elección. El Estado de Israel nació en lo que fue originalmente el "lote 43", el primero que se extrajo en el sorteo de parcelas de un predio perteneciente a Ajuzat Báit, (asociación para la construcción de viviendas), ubicado en la duna conocida como "Viña de Jibalia". El sorteo tuvo lugar el 11 de abril de 1909, fecha que muchos consideran como la de fundación del núcleo original de Tel Aviv. El lote correspondió a Meir Dizengoff, con el tiempo alcalde de Tel Aviv, y a su esposa Zina, una excelente pianista. La casa, acabada en 1910, se convirtió en el centro cultural e intelectual de la naciente ciudad. Personalidades de las letras y las artes, como el poeta Jaim Najman Biálik, el escritor Sh.Y. Agnón y el pintor Najum Gutman, visitaban con frecuencia a los Dizengoff. Muchos visitantes extranjeros llegaron también a su casa, entre ellos Churchill y Einstein. Para poder acogerlos dignamente, Dizengoff agregó un segundo piso a su casa en 1926. Al fallecer su esposa en 1932, convirtió su residencia en museo de arte, por considerar que ninguna ciudad digna de este nombre podía carecer de él. El 23 de febrero de 1936, poco antes de fallecer Dizengoff, se inauguró el museo en aquel edificio, que se remodeló al efecto, agregándole un tercer piso.Si bien Ben-Gurión casi no intervino en la preparación del acto ésta se confió a Zeev Sherf, secretario del Directorio Nacional y posteriormente secretario del Gabinete, pidió que en el salón del acto sólo estuvieran expuestos cuadros de pintores judíos o referentes a temas judíos. Los que allí se exponían se sustituyeron por otros como "Judío con un rollo de la Torá", de Chagall, "Pogromos", de Moldowsky, y "Exilio", de Hirshenberg. Sherf encargó al artista gráfico Otto Wallish, de Tel Aviv, de la preparación de la sala para el acto y del pergamino de la Declaración.A medida que pasaban las horas, los preparativos cobraban el cariz febril de un ensayo general. Dos carpinteros trabajaron 24 horas sin descanso para construir el estrado; las sillas (desiguales) las prestaron cafés de las cercanías, y los micrófonos los proporcionó una tienda de música; una alfombra se trajo de otro comercio del barrio. Wallish compró lámparas adicionales. La pared detrás del estrado se cubrió con tela azul (comprada por Wallish en la tienda cooperativa Hamashbir), y en el medio se colgó una gran fotografía de Herzl, traída de la sala del Keren Kayemet (Fondo Nacional Judío) donde el Consejo Nacional se reunía para deliberar. Las banderas que encuadraban la fotografía se lavaron y plancharon en honor del acto. Arié Rifkind, del Comité Nacional del Keren Hayesod, fue el encargado de distribuir las invitaciones. El texto, firmado simplemente por "La Secretaría", era lacónico pero subrayaba que el lugar y la hora debían guardarse en secreto. (A la prensa, que estaba informada de los preparativos, se le exigió guardar el secreto. Los cables a agencias de noticias extranjeras fueron censurados). Se pidió a los invitados vestir traje oscuro. Habiéndose limitado su número a 350, le tocó a Rifkind la nada envidiable tarea de elegirlos entre los miembros del Consejo y el Directorio Nacional, los sionistas veteranos y líderes de partidos, los alcaldes, las personalidades religiosas y los jefes de la Haganá, con lo que ofendió de paso a muchos.Entre los invitados estaba el Dr. J. Shalit, que había sido secretario de Herzl. En el primer Congreso Sionista de Basilea, había ondeado la bandera que luego pasó a ser la del Movimiento Sionista. Medio siglo más tarde, Shalit pidió que se le encomendara ondear la bandera que en los sucesivo sería la del Estado. Por falta de tiempo y espacio, la solicitud de Sahlit tuvo que ser rechazada. Un año más tarde, la víspera del primer Día de la Independencia, enviaron la bandera a Shalit, quien la colgó en el balcón de su casa. "Fueron disculpas tácitas explicó Sherf por no haber podido satisfacer la solicitud de Shalit".Las invitaciones se distribuyeron el 13 de mayo. A las seis de la tarde de aquel día, el Directorio Nacional se reunió para considerar por última vez el texto de la Declaración. El rabino Y.L. Fishman (más tarde Maimón) llegó especialmente de Jerusalén en una avioneta. En el vuelo de regreso, la misma avioneta debía trasladar a Golda Meyerson a Jerusalén para una última entrevista con el Alto Comisario británico, Sir Alan Cunningham, y luego traer a Itzjak Grünbaum a Tel Aviv. Sin embargo, por problemas de motor camino a Jerusalén, tuvo que regresar a Tel Aviv. Así fue como Golda Meyerson asistió a la ceremonia en Tel Aviv y Grünbaum se quedó en la Jerusalén sitiada.Ben-Gurión informó a los presentes de la caída de Gush Etzion y de la rendición de Jaffa a las fuerzas de la Haganá. Luego, Shertok presentó, en nombre del subcomité de redacción de la Declaración, un borrador de 22 cláusulas, del que era el principal autor, y que su hija Yael había copiado laboriosamente a mano. Éste era un documento largo y de estilo legalista, al que Ben-Gurión se opuso. Le parecía que iniciar todas las cláusulas con "considerando" era contrario al estilo hebreo y también rechazó algunos giros excesivamente retóricos de Shertok. Aunque se formularon otras objeciones de forma y de fondo, el tema central del debate fue el uso del vocablo "Dios" en la última cláusula. Zisling se opuso con vehemencia a la expresión: "y poniendo nuestra fe en el Todopoderoso...". No se le podía exigir, ni a él ni a otros dijo manifestar fe en contra de su voluntad. Los dos representantes de los grupos ortodoxos, Fishman y Shapiro, adujeron que en un documento emitido en nombre de todos los judíos del mundo, era inconcebible que no se mencionara a Dios. Shapiro expresó preferencia por la expresión "el Dios de Israel", o bien "el Todopoderoso, Redentor de Israel".Uno de los nombres alusivos a Dios en hebreo es Tzur Israel, literalmente, la Roca de Israel. Ben-Gurión accedió a formar un subcomité (integrado por él mismo, Fishman, Shertok y Zisling) para dar los últimos toques al documento, a condición de que se aceptara usar Tzur Israel en el texto, dejando a cada uno la interpretación de ese término conforme a sus propias convicciones. La propuesta se adoptó sin votación.Aquella noche, en su casa del bulevar Keren Kayemet, Ben-Gurión reescribió la Declaración. Hizo muchos cortes, eliminó algo de su prosa altisonante ("defendiéndose esforzada y valerosamente" no cuadraba con el estilo de Ben-Gurión), suprimió los "considerandos" (Shertok seguía creyendo que con ello se quitaba fuerza jurídica al documento) y omitió toda referencia al plan de partición de las Naciones Unidas. Siguiendo otra sugerencia, según la cual la Declaración debía iniciarse recordando la larga presencia judía en Israel más bien que el exilio, Ben-Gurión escribió un nuevo comienzo: "La Tierra de Israel fue la cuna del pueblo judío". Ben-Gurión sometió su borrador al subcomité en su casa el viernes por la mañana.A primeras horas de la tarde, el texto se sometió al Consejo Nacional. De nuevo se pidió (infructuosamente) mencionar el nombre de Dios, y definir las fronteras, cuestión suscitada esta vez por los delegados revisionistas. Éstos, abogados de la tesis de un Estado judío en ambas márgenes del Jordán, exigían agregar las palabras "en sus límites históricos". Ben-Gurión, deseoso de llevar a cabo la proclamación de independencia con el apoyo de todo el Consejo, propuso dejar todas las objeciones y reservas para la primera reunión del gobierno, prevista para el domingo siguiente. El único cambio propuesto y aceptado fue añadir a la lista de libertades garantizadas, religión, conciencia, educación y cultura, una más: la de idioma. Fue el propio Ben-Gurión quien decidió llamar Israel al nuevo Estado. El texto de la Declaración quedó aprobado por unanimidad en la segunda votación, una hora antes de la proclamación de la Independencia. Los miembros del Consejo Nacional corrieron a sus casas a cambiarse de ropa. Sherf permaneció en las oficinas del Keren Kayemet, esperando a que las secretarias terminaran de mecanografiar el texto. No hubo tiempo para que un calígrafo lo copiara en un pergamino. Pese a los esfuerzos por asegurar el secreto, la voz corrió y un gentío se congregó en las calles contiguas al museo. Se cerró toda la zona al tránsito; en la escalera de acceso al museo tomó posición una guardia de honor. Poco antes de las cuatro cuando Sir Alan Cunningham ya había embarcado en el "Euralyus", que debía zarpar de la bahía de Haifa a medianoche Ben-Gurión llegó en su automóvil. Saludado por un policía, entró en el museo de Tel Aviv acompañado por los vítores de la muchedumbre.Faltando minutos para comenzar, un pequeño olvido estuvo a punto de dar al traste con el acto. En las oficinas del Keren Kayemet, Sherf, con el texto de la Declaración en sus manos, descubrió azorado que no tenía cómo trasladarse al lugar de la ceremonia. El organizador consumado, que había conseguido vehículos para todos los participantes, se había pasado por alto a sí mismo. En la calle, sin un taxi a la vista, detuvo al primer vehículo que pasó. El conductor al principio se negó, alegando que corría a su casa a oír la Declaración por radio. "Si no me lleva en el acto al Museo, no oirá la tal Declaración, porque aquí la tengo en mis propias manos", aclaró Sherf al joven, que al parecer estaba conduciendo sin licencia un automóvil prestado. Según Najum Nir (más tarde Presidente de la Knéset) que estaba con Sherf en aquel momento, un policía les detuvo en camino por exceso de velocidad. Nir le explicó que la multa no tenía respaldo de autoridad alguna, ya que el Mandato británico había expirado, y además, si les seguía demorando, no se proclamaría el Estado. "No nos multó contó Nir y nos dejó pasar".Un minuto antes de las cuatro, Sherf llegó corriendo y entregó los papeles a Ben-Gurión. El salón estaba abarrotado de invitados, periodistas nacionales y extranjeros, fotógrafos y camarógrafos. La Orquesta Filarmónica, que debía tocar Hatikvá el himno nacional en la ceremonia, quedó relegada al segundo piso. (Un muchacho debía avisarles cuándo tocar, pero el aviso no llegó porque, según contó un testigo ocular, el muchacho quedó atrancado en el excusado). El locutor de Kol Israel la radio clandestina de la Haganá convertida ahora en emisora oficial quedó arrinconado en el fondo de la sala, sin poder ver lo que sucedía en el estrado. Parte del primer reportaje de la flamante emisora oficial se basó en notas garabateadas que alguien le iba entregando al locutor.Once miembros del Directorio Nacional ocuparon sus lugares en la presidencia, sobre el recién acabado estrado, con Ben-Gurión en el centro. Al pie del estrado se sentaron, uno frente a otro, catorce miembros del Consejo del Pueblo. Dos de los miembros del Directorio Nacional y diez del Consejo Nacional estaban ausentes.A las cuatro en punto de la tarde, Ben-Gurión se levantó e impuso silencio. La asistencia se puso en pie y entonó Hatikvá. Acto seguido, Ben-Gurión anunció: "Voy a leer la Declaración de Independencia, que ha sido aprobada en primera lectura por el Consejo Nacional". En un tono controlado, describió los antecedentes y motivos de la Declaración y alzando apenas la voz añadió: "Por la presente proclamamos la fundación de un estado judío en Palestina, que se conocerá como Estado de Israel". De nuevo la asistencia se puso en pie y prorrumpió en aplausos.Ben-Gurión siguió leyendo el texto: la constitución de órganos de gobierno cabalmente elegidos; los derechos sociales y políticos de todos los ciudadanos, incluida la protección de todos los lugares santos; un llamamiento a las Naciones Unidas a admitir a Israel en la familia de las naciones y otro a la población árabe a participar en todos los órganos e instituciones del Estado. También instó a los judíos de todo el mundo a cerrar filas en torno al Estado naciente.Ben-Gurión pasó a leer el párrafo final: "Confiados en la Roca de Israel, suscribimos esta Declaración, en esta sesión del Consejo Provisional del Estado, celebrada en la tierra patria, en la ciudad de Tel Aviv, la víspera del sábado, cinco del mes de iyar de 5708, catorce de mayo de 1948".Apenas 17 minutos duró la lectura de la Declaración de Independencia.El rabino Fishman, con voz ahogada por la emoción, pronunció la tradicional oración de inauguración: "...shehejeyanu vekiyimanu vehiguianu lazmán hazé" (Bendito sea el Eterno, nuestro Dios, Rey del Universo, que nos dio vida y nos preservó y nos hizo llegar a este momento). Los asistentes respondieron con un amén fervoroso.Ben-Gurión pasó entonces a dar lectura al "Decreto de Establecimiento del Estado", aprobado horas antes, que investía al Consejo Provisional del poder legislativo supremo y revocaba toda la legislación británica basada en el Libro blanco de 1939. De nuevo la asistencia aplaudió con fervor la abolición de los aborrecidos decretos, que durante años habían restringido la inmigración judía.Faltaba aún suscribir la Declaración de Independencia. Zeev Sherf fue llamando a los miembros del Consejo Nacional a firmar, uno por uno, empezando por Ben-Gurión y siguiendo por orden alfabético. Moshé Shertok, sentado al lado de Ben-Gurión, le ayudaba a sostener el pergamino, aún virgen, al que iba unido con un simple sujetapapeles el texto mecanografiado. En las siguientes semanas, al ir llegando a Tel Aviv para firmar los miembros del Consejo Nacional que se habían ausentado del acto, por estar sitiados en Jerusalén o estar en el extranjero, el pergamino se tuvo que sacar cada vez de la caja fuerte del Anglo-Palestine Bank (hoy Bank Leumí). Entre tanto un calígrafo había copiado el texto en el pergamino, pero sea porque usara tinta de mala calidad (algunos dicen que dejó borrones), sea porque su trabajo no satisfizo, se pidió al Estudio Wallish que lo rehiciera. El nuevo pergamino se cosió con hilo grueso a la parte del antiguo que llevaba las firmas.Ben-Gurión pidió a todos los firmantes usar sus nombres hebreos, pero algunos no lo hicieron, entre ellos Golda Meyerson y Moshé Shertok. Herzl Rosenblum, redactor en jefe del diario Iediot Ajaronot y miembro del Partido Revisionista, que firmó con el nombre de "Herzl Vardi", se arrepintió de ello y en lo sucesivo siguió usando el patronímico Rosenblum. Mordejay Ben-Tov firmó con letra diminuta en signo de humildad, y el rabino Fishman antepuso a su firma el acrónimo B-H (con la ayuda divina), quizás como reacción a la omisión del Nombre de Dios en el texto de la Declaración. Algunos afirman que se dejó espacio para la firma de Jaim Weizmann. Aunque este prócer de la Independencia, y más tarde primer presidente del Estado, no era miembro del Consejo Nacional, es sorprendente (y él lo consideró como una ofensa personal) que su firma no figure en la Declaración.El último en firmar fue Moshé Shertok. La asistencia aplaudió mientras la Orquesta Filarmónica tocaba Hatikvá. Terminado el himno, Ben-Gurión nuevamente silenció a los presentes y anunció: "El Estado de Israel está constituido. Se levanta la sesión". En una ceremonia de 32 minutos, un pueblo apátrida durante 2.000 años recobró su independencia. En su diario, Ben-Gurión anotó: "A las cuatro, proclamación de la Independencia. En todo el país, profunda alegría y júbilo, y de nuevo, como el 29 de noviembre, me siento como quien anda enlutado en un festejo".Junto al museo muchos bailaban, algunos sollozaban; otros arrebataban los ejemplares de Iom Lamediná ("El Estado tiene un día"), un número especial conjunto de los diarios principales del país, que por un día olvidaron sus disensiones ideológicas. La gente leía los bandos que ordenaban continuar el reclutamiento durante el sábado. La Haganá pegó carteles instando a la población a construir refugios antiaéreos y evitar congregarse. Horas más tarde, Estados Unidos otorgó su reconocimiento de facto al nuevo Estado y poco antes del amanecer, Ben-Gurión habló por radio al pueblo norteamericano. Mientras estaba hablando, aviones egipcios bombardearon Tel Aviv. Concluido su discurso, acudió al aeródromo Sde-Dov de Tel Aviv, en el que habían caído varias bombas. Desde el jeep en el que hizo el recorrido, Ben-Gurión contempló la ciudad. "Había gente en pijama en todas las ventanas. No parecían muy asustados. Tuve la sensación de que superarían las pruebas".Cincuenta años más tarde, la voz de Ben-Gurión aún resuena en el N 16 del bulevar Rothschild. Después de la Guerra de Independencia, el museo siguió instalado allí hasta que, en 1971, se trasladó al nuevo Pabellón Helena Rubinstein. Su antiguo local, ubicado en el que fuera "lote N 43", se cedió a la Casa de la Biblia, el instituto de investigación predilecto de Ben-Gurión. A fines de los años setenta, la municipalidad de Tel Aviv se hizo cargo del piso bajo y lo restauró, devolviéndole el aspecto que tenía el 14 de mayo de 1948. El Salón de la Independencia abrió sus puertas al público en 1978. En salas contiguas al salón principal se exponen fotografías, mapas, recortes de prensa y documentos diversos, entre ellos las distintas versiones de la Declaración.Aunque hasta hace poco el Salón de la Independencia era casi desconocido (se estima que el 80% de los israelíes no tienen idea de dónde se proclamó la independencia), está reconquistando ahora el lugar que merece en el mapa histórico y cultural del país. Con la celebración del cincuentenario, miles de escolares y de turistas han empezado a visitarlo.Al recorrer las salas, el visitante encuentra una presentación de la historia del sionismo y de los acontecimientos que precedieron al 14 de mayo de 1948; un cortometraje revive el espíritu pionero de Tel Aviv en aquellos días.Lo más emocionante, sin embargo, es sentarse en el salón donde se proclamó la Independencia. Aunque las sillas ahora son todas iguales y los cuadros originales están en el museo de Tel Aviv o en la Knéset en Jerusalén (en su lugar se han colgado otros de menor valor), el ambiente conserva un aura de plena autenticidad. Están la fotografía de Herzl y las banderas de Israel; están también la larga mesa y los micrófonos originales; el espíritu del pasado toca el presente. En el pequeño salón resuena la voz grabada de Ben-Gurión, anunciando la creación del Estado de Israel. Cuando los visitantes se detienen a cantar Hatikvá, el himno de la esperanza, en coro con los estadistas de antaño, es como si estuvieran reafirmando en cierto modo la independencia y como si, de modo simbólico y sensible, casi místico, se creara de nuevo el Estado de Israel.

5 comentarios:

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